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Una vez leí en un periódico que en 2043 se imprimiría el último periódico. Parece que ya lo tienen decidido. Hace 15 años que la prensa en papel está EN EXTINCIÓN. Va en mayúsculas porque todos los titulares lo dicen así, con mala leche. Se olvidan de toda la gente que hace cosas muy buenas y bonitas, y en papel: Yorokobu, Candy, Matador, Apartamento, Kink, Mongolia o Jot Down. Y esto solo en España. ¿Pronostican el fin de toda la prensa, o solo de los grandes grupos de comunicación, incapaces de crear contenidos que interesen a públicos cada vez menos homogéneos?

Hasta hace poco, yo escribía para una revista digital. Algún día, también tendrá una versión en papel. No habrá enlaces ni vídeos, pero sí olor a papel, y las páginas harán flap al pasarlas. Se arrugará, se deteriorará y se manchará con facilidad. Ocupará un espacio dentro del (supongo que escaso) espacio de tu salón. Van a morir muchos árboles para fabricarla. Todo lo cual lleva a una pregunta: y tú, ¿ere de analógico o de digitá?

Aunque lo analógico se perfile como una de las principales estrategias para ligar durante este año según el barómetro del CIS, yo creo que todo debería ser digital, empezando por el dinero. Lo bueno de lo digital es que no está muy claro cuánto va a durar. Como en aquel capítulo de Los Simpson -es la primera vez que tiro de Simpsons- en el que Ned Flanders se arrepiente de haberse operado la vista con láser porque no se sabían los efectos a largo plazo. Es verdad, llevamos poco tiempo corrigiendo miopías con láser. Puede que José Javier Esparza llegue a ser un influencer.

Con las tarjetas SD, los DVDs o todo lo que subes a “La Nube” (leer con eco) pasa lo mismo. Desconocemos si aguantarán el correteo de las cucarachas que sobrevivan al invierno nuclear post-III Guerra Mundial, o si a partir de 2015 tendremos que enterrarlos en el desierto de Tabernas por inservibles. Cuando ya no estés, los archivos que hayas descargado de iTunes no pasarán a la siguiente generación. Su propiedad vuelve a Apple. Yo acepté las Condiciones del Servicio, tú aceptaste las Condiciones del Servicio y no las leímos, y lo sabes.

© Alfonso Barragán

© Alfonso Barragán

Imagino un mundo 100% digital en el que no haga falta cuenta premium para esquivar los malos anuncios, aunque quizá comentaría en plan cascarrabias que en mis tiempos nos divertíamos comentándolos. En un mundo digital, los herederos –por fin- dejarán de existir. Justo al morir, los bitcoins regresarán al banco a velocidad 8G y sus hijos tendrán que aprender a buscarse la vida. Igualdad de oportunidades. No más Orteguitas, ni Chabelitas. Además, hacer testamento es un coñazo. Para empezar, no puedes desheredar a quien tú quieras, a no ser que vivas en Navarra o en la Región Foral de Ayala (País Vasco) o en cualquier otro sitio que apoyase a Carlos V. Si nos hubieran explicado bien las ventajas… En países más avanzados, en cambio, se está intentado acabar con el típico “se lo dejo todo al gato”. Como si los animales de compañía fueran al bingo.

A pesar de todo, seguimos aspirando al papel. El papel es como: “uf, esto va en serio”. Las facturas, las demandas y las ofertas de comida a domicilio se siguen imprimiendo en papel, a pesar de los esfuerzos por salvar el Amazonas. Amazon sigue haciendo ka-ching; Amazon se come al Amazonas. Porque el soporte físico permanece. O no. Ni te imaginas lo que la fuerza de la gravedad hace a los vinilos (#dato). Por no hablar de la cantidad de microorganismos con dientecitos que viven en el papel.

Pero también tenemos el reverso tenebroso. El abismo digital. Todo el mundo sabe que Internet va por capas; en la superficie están las fotos de gatitos y debajo del todo la deep web, donde te enseñan a robar wifi, la verdad sobre Los Rugrats, o cómo fabricar explosivos con detergente en polvo, dos plátanos maduros y seis metros de cable. Cada época de la Historia dejó su testimonio en forma de un montón de papel. Me preocupa el futuro de la enorme cantidad de gifs, memes, estados, cookies y contraseñas que pueden perderse de repente. ¿Qué pasará cuando evolucionen los formatos digitales? ¿Se conservará el archivo que nos ayude a descifrar el resto?

¿Será .rar?

¿O .zip?

Por Félix Domñinguez // Ilustración: Alfonso Barragán

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