Ricardo Cavolo, “Guapo se nace”

Texto: Félix Domínguez // Fotos: Lola Zehínos

Si alguna vez encuentras un perro perdido, lo primero (como en todo) es mantener la calma. Si no está herido y no se muestra agresivo, es mejor acercarse e intentar acariciarlo. De paso puedes comprobar si tiene collar y/o microchip de identificación. Debes intentar que permanezca quieto para que no se asuste más y no […]

Ricardo Cavolo

Si alguna vez encuentras un perro perdido, lo primero (como en todo) es mantener la calma. Si no está herido y no se muestra agresivo, es mejor acercarse e intentar acariciarlo. De paso puedes comprobar si tiene collar y/o microchip de identificación. Debes intentar que permanezca quieto para que no se asuste más y no provoque ningún accidente. Mientras tanto puedes llamar a la Policía o a una protectora de animales de la zona, y esperar hasta que lleguen. Si de repente aparece el dueño y viene de muy mala leche, lo mejor es entrar en The House Of Burger y empezar a entrevistar a Ricardo Cavolo. Los dueños de mascotas no están obligados a llevar chip y uno nunca sabe si tienen todas las vacunas al día.

Ricardo (Salamanca, 1982) pertenece a ese selecto grupo de famosos con un tono de piel tan perfecto que parece de cera, formado entre otros por Nacho Canut o Juan Aguirre, a.k.a. el del gorrito de Amaral. Es un piropo, y lo sabe porque se lo dije. Además, es uno de los ilustradores españoles jóvenes con más proyección fuera del país, y más difícil todavía, dentro. Vende, expone y dibuja obras, murales y campañas publicitarias por todo el mundo, y ganó el concurso para diseñar la portada de Yorokobu en febrero de 2012. Viene de Canadá y México; entre un destino y otro hay unos 50ºC de diferencia, pero no se ha resfriado. Si encima le sumas tatuajes con sus dibujos por (casi) todo el cuerpo y su propia visión del estilo denim, el aura de ultrarrealidad se acentúa.

Con dos iPhones sobre la mesa listos para grabar, uno de nosotros le pide que firme Cocina Indie. Ya va por la 3ª edición. Ha publicado tres o cuatro libros más, entre ellos uno sobre cien músicos sin los que no podría vivir y otro sobre la vida y obra de Daniel Johnston. Para Santi Balmes (Love of Lesbian), ilustró “Por qué me comprasteis un walkie-talkie si era hijo único”.

“Le dije [Ricardo a Santi Balmes] que no sabía quién era y que no me gustaba mucho su música y dijo: guay, porque eso significa que has cogido el proyecto porque te gusta y no por ser quien soy”. Ahora me cae mejor todavía.

La primera es fácil: ¿Se dice “Cavolo” o “Cávolo”?

Cávolo; es una palabra italiana.

Ah, ¿es italiano? Mucha gente lo dice mal…

Lo tengo asumido. Si dicen Cavolo, miro también, ¿eh?

Ricardo, las entrevistas de Maasåi tienen un título que lo condensa todo. Voy a proponer que esta se titule “guapo se nace”, porque la técnica se puede pulir, pero la personalidad del artista viene de serie. En resumen: a tocar la guitarra se aprende, pero guapo se nace. Cuando me pidieron que te entrevistara, inmediatamente dije que sí porque me interesas más allá de aspectos técnicos o artesanales. ¿Qué buscas tú en los artistas que te interesan: personalidad o técnica?

A mí los artistas me interesan muy poquito. De hecho, no sé si por eso mismo,  ni siquiera me relaciono con demasiados, aunque no es que huya… Como todos hablamos de lo mismo, cuando llevo doce horas trabajando me interesa escuchar otro tipo de cosas, no hablar de la misma mierda.  Claramente, lo que me importa es el trabajo. En un caso como el de Frida Kahlo, que me gustaba como artista y luego mucho más cuando descubrí a la persona, pues lo aplaudo. Pero no suelo investigar qué tipo de persona es un artista. Las personalidades las busco por otro lado, sean artistas, cirujanos o barrenderos.

Ricardo Cavolo

Más de una vez has dicho que te gustaría trabajar con artistas outsiders. ¿Lo has conseguido?

No, porque es un mundo muy inaccesible. Ellos ni siquiera saben qué es una colaboración. No ven el panorama del arte o del trabajo creativo como yo.  Yo lo veo no solo como una forma de disfrutar, sino de ganarme la vida; ellos dicen: ¿por qué voy a dibujar contigo si soy feliz aquí, una tarde, dibujando círculos? Algún día me gustaría dirigir un taller como el que estoy haciendo aquí (se refiere al “pedaso” de workshop que ha impartido en La Galería Roja), tal vez con gente de un centro psiquiátrico. Ya lo he hecho con niños. Aunque no es lo mismo, hay un punto de conexión.

Los que te conocemos (y queremos) comenzamos a seguirte por tus retratos, pero ¿has pensado en pasarte a los objetos?

De momento, no. A lo mejor termino haciéndolo, pero ahora mismo no me lo planteo ni de coña. De hecho, si quiero hacer un bodegón de objetos, los pongo en la espalda de una persona, como en la portada de la Yorokobu. Me gusta el cuerpo humano como lienzo, como contenedor de lo que sea. Visualmente, me atrae. Segundo, estructurarlo todo a través de unas manos, una espalda, un pecho… da mucho juego. Es un punto de partida que me encanta. Eso sí, me pondría muy nervioso dibujar a una persona del natural. A mí dame una foto.

Tus retratos cuentan historias. A diferencia de lo que ocurre en la realidad, todos los recuerdos y vivencias de esas personas no están ocultos; los tienen en “toa” la cara. ¿Cómo dibujarías el rostro de una persona que sufre amnesia?

Si sufres amnesia estás a cero, ¿no?, como en el inicio. Pues el inicio es un amanecer, por ejemplo.  Podría plasmar esa idea como un huevo con una rotura por la que va a empezar a nacer el pollito, o como muchas explosiones. ¿Cuándo empieza un río? Cuando se deshielan las nieves. Aunque sea algo negativo, me gusta plantearlo desde el lado positivo. ¿Has perdido la memoria? Bueno, empieza a llenarla con cosas nuevas.

Ricardo Cavolo

En esos retratos apenas hay espacio en blanco. ¿Le temes al espacio en blanco?

Es ya una deformación. Desde pequeño lo he llenado mucho, porque me gustaban las pinturas o ilustraciones en las que había mucho que mirar y que me podían entretener mucho más rato. De los cómics de mi padre, me flipaba la portada o la primera página, porque había muchísimas cosas. De ahí sacaba más información y estaba entretenido más tiempo que con las viñetitas. No es horror vacui, aunque alguna vez haya hecho ese ejercicio. Pero me gusta que si estás delante de algo mío te entretengas, y ¿cómo te entretengo? Con muchas cosas.

A pesar de esto, un elemento llama inmediatamente la atención: el fuego. En tu obra es un fuego creador, energético; no amenazante ni destructor. ¿Por qué?

El fuego es luz, es energía, es calor. Empecé a entenderlo una vez que comencé a usar el fuego. Las primeras veces que lo usaba -por ejemplo, en el retrato de Johnny Cash-, lo ponía saliendo de las manos y de la boca. Era como si muchos átomos se juntasen y petasen en fuego. Al mismo tiempo me sirve para llamar la atención del espectador: mira allí donde hay fuego porque está pasando algo.

Más que el fuego, a mí me llaman la atención los ojos de tus personajes. ¿A qué se debe que tengan dos, tres, y hasta cuatro pares de ojos?

Empecé a dibujar personajes con cuatro ojos porque durante mucho tiempo he vivido con gitanos. Mi madre se casó con uno cuando se divorció de mi padre, y vi una parte de la sociedad que desconocía hasta entonces. Tenía tres años, pero según me fui haciendo mayor pude comprobar las diferencias que había entre su modo de vida y el de mis compañeros de colegio. Por eso también me gustan los outsiders. Cogí cariño a todo eso y decidí dedicarme a hablar de gente que, aunque sea mentalmente, no pertenece al mismo sitio que los demás. No solo gitanos. Mi manera de dar a entender que una persona no es estándar es ponerle más de dos ojos. Algo pasa con esa persona, malo o bueno; en mi caso, siempre es bueno. Otra de las razones es que muchos de los que conocí en esas circunstancias eran muy sabios, aunque la mayoría fuesen analfabetos, porque tenían que buscarse la vida cada día, recibiendo el desprecio de los demás. Muchas veces, también, generándolo. Yo trabajo mucho con el simbolismo, así que cuantos más ojos tienes, más ves y más sabio eres. Si dibujo cosas -por ejemplo, una montaña-, me gusta ponerles ojos para personificarlas. Como cuando eres pequeño y pintas ojos a una caja de cartón para que esté viva.

Ricardo Cavolo

© Ricardo Cavolo

Hay vidrieras Cavolo, Nike Air Max Cavolo, camisetas Cavolo (de la que, por cierto, tengo una), decorados para eventos Cavolo, espejos, un tarot… ¿Existe algún soporte que no hayas usado aún y quieras usar?

Una montaña. Me encantaría. Hay un tipo que se acaba de morir… No recuerdo su nombre. Era artista outsider y le permitieron pintar una montaña en California que se llama La Montaña de la Salvación… Es de piedra rojiza, no tierra. Estuvo pintando cada rincón durante muchos años. Eso me flipa. Si lo consigo, ya me retiro…

La Salvation Mountain de Leonard Knight, en el 92.257 de East Real Road, Slab City, California, está llena de pintura de colorines y mensajes religiosos como “Jesús, soy un pecador, por favor, entra en mi cuerpo y en mi corazón”. Pero no da miedo, te lo juro. Aparece en la peli Hacia Rutas Salvajes, (2007), de Sean Penn #dato

Hablando de retirarse…

(Risas) ¿Perdona?

¿Has podido sobrevivir gracias solo a la ilustración?

Sí, sí. Todavía no me lo termino de creer, pero llevo ya unos cinco o seis años en los que mi única actividad es pintar. Sigo diciendo que mi aspiración en la vida es mantenerme como estoy ahora. Vivir y ganar dinero única y exclusivamente con esto.

Y para mantenerse donde uno está, no hay que quedarse quieto…

Amén.

Ricardo Cavolo

Ahora mismo vives en Brighton, pero has viajado mucho y muy bien: Francia, Canadá, Hong Kong, México… Y un país que parece tener mayor peso en tu creatividad: Rusia. Desde su iconografía ortodoxa a sus tatuajes carcelarios, ¿cuál es exactamente este papel?

Pues para mí Rusia, y todo el Este de Europa en realidad, son la otra cara del continente. En nuestras ciudades tenemos barriadas, donde existen vidas e historias un poco diferentes. Si pienso en Europa, esa parte es Rusia. Son bastante distintos a nosotros. Cuando vas, te das cuenta de que tienen otro tipo de vida y de pensamiento, pero estamos en el mismo continente. Para mí ellos son, de alguna manera, la cara B de Occidente.

Esta es personal: una vez participaste en un coloquio formado por tatuadores (que, por cierto, daban un poco de miedo). En él dijiste que no te habías tatuado el cuello ni las manos para que no lo viese tu abuela. También, que estabas reservando ciertas partes, como las manos, para cuando ocurriese algo especial, algo importante en tu vida. Ahora te las vemos tatuadas y con fuego -y ojos-. ¿Quieres compartir esa experiencia?

Sí. Aunque todavía me siento algo inseguro con mi trabajo, creo que eso es bueno. Te permite estar alerta y despierto y no dormirte en los laureles. Por primera vez noto que voy cogiendo el ritmo que yo deseaba desde hace mucho tiempo. Mi trabajo es mi primera pasión, con lo que siempre he disfrutado desde que soy muy, muy pequeño. Ahora que estoy en el primer escalón de los que quería subir, necesitaba fuego en las manos para no dormirme, para seguir en el camino, para no perder lo que he logrado. Tengo el fuego, que es luz, y el ojo, que pone el punto racional… y todavía mi abuela no las ha visto.

Esa era la siguiente pregunta, ¿qué piensa tu abuela?

Es que la pobrecita es muy mayor. Está en una residencia, y como yo vivo en Inglaterra me cuesta mucho verla… Después de Navidad iré a Salamanca, y voy a ir con guantes. Hará mucho frío, entonces tendré la excusa de “Abuela, hace mucho frío, me voy a quedar con los guantes, ¿no te importa?”. Y ya está.

Ricardo Cavolo

Gracias a tu Instagram sabemos que no eres el único que se tatúa tus dibujos. Lo hacen desde Bimba Bosé a gente anónima que te manda las fotos. ¿Cuál es el sitio más raro en el que se han hecho un tatuaje tuyo?

No he visto sitios raros, la verdad…

¿O no te los han enseñado?

O no me los han enseñado, efectivamente (Risas). Me encantaría ver un corazón con el ojo en todo el ano. Los que se atreven a enseñar en Instagram, siempre han sido normales. Me fascina el simple hecho de que gente que no me conozca escoja un dibujo mío. Pidan o no permiso, me hace la misma ilusión. Me hace una ilusión que te mueres.

¿Hasta qué punto tu cuerpo es una obra de arte?

Entiendo que la gente lo pueda ver así porque es mi trabajo, son mis dibujos y los llevo en mi cuerpo… 1+1, 2. Pero antes que llevar mi trabajo y que los demás lo vean, para mí son una especie de recordatorio. Como cuando los primitivos se tatuaban una armadura para sentirse protegidos por los dioses. Necesito que sea con mis dibujos porque es mi propio vocabulario, el que mejor entiendo.

Entonces, ¿tus tatuajes son magia simpática?

Sí, sí, sí, completamente. Yo no considero que lleve arte en mi cuerpo, lo que llevo son amuletos.

Ricardo Cavolo

© Ricardo Cavolo

¿Y todos son diseños tuyos?

Todos menos tres que llevo en las piernas, que me los hizo un señor mayor. Él es de Nueva York, tiene 85 años y empezó a tatuar en los 50, cuando comenzó el Old School. Me lo descubrieron cuando fui a Canadá, y cada vez que voy quiero que me tatúe alguna cosa.

Aunque suena irreprochablemente guay, después nos contará que ese señor mayor llamado Old Tony tose, tiembla y padece achaques, y solo deja elegir uno de los tatuajes del póster que cuelga del cuarto al que le han recluido en su estudio de tatuajes… pero Ricardo fue a por él.  Eligió un murciélago negro que lleva en su pierna, y al terminar le pidió que se hicieran una foto juntos. Los chicos del estudio le dijeron que era la tercera vez que habían visto sonreír a Tony en toda su vida.

Yo siento envidia al verte los brazos.

(Risas)

Todo lo que tu dibujas significa algo, desde lo más pequeñito…

Es verdad que la gente puede percibir el detalle, porque funciona visualmente, pero antes que el aspecto visual y el disfrute, está el significado. Todas las cosas que hay en mis ilustraciones tienen sentido, no están ahí para rellenar un hueco. A veces me  da vergüenza explicar toda esa simbología porque me gusta que los demás la desgranen y saquen sus propias conclusiones. Todo lo que hay en la composición está aportando una frase más al párrafo que es la ilustración. Está bien que me lo hayas recordado.

Tus dibujos me recuerdan mucho a murales mexicanos, ¿son una de tus influencias?

Según iba haciendo mi trabajo me daba cuenta de que tenía conexiones con lo mexicano. En realidad, mi rollo con los colores es porque al principio intentaba hacer ilustración infantil, o pretendía dedicarme en un futuro a ella. Me autoimponía trabajar en ese estilo, y de ahí vengo, en realidad. Por eso es sencillo, con colores fuertes y muy potente: porque era para niños.

Ricardo Cavolo

© Ricardo Cavolo. Urban Outfitters (Cologne)

Ahora toca hablar de Daniel Johnston. ¿Qué tal le va?

Está jodido… Yo guardo muy buen recuerdo de él porque hice un cómic sobre su vida y tuve la oportunidad de dárselo, aunque no en mano, y al día siguiente me llamaron: no soltaba el cómic, quería ver quién lo había hecho. No fui en plan fanático; después de un concierto le di el cómic a su bajista y al día siguiente me estaba esperando en la puerta del hotel. Ya sabemos que su situación no es la mejor… No tuvo ningún brote raro porque ya han dado con la medicación correcta. Le deja tranquilo y feliz, viendo smileys.

Hay un tema que nunca falla en España, y del que la mayoría de la prensa independiente intenta huir. Pero los miedos hay que afrontarlos, así que vamos a por ello: FÚTBOL. Tú eres culé, y llegaste a personalizar los ordenadores de la plantilla. Aparte de esto, ¿has recibido algún encargo privado de los jugadores del Barça?

Sí, soy muy futbolero. Pero el arte y el fútbol son dos mundos destinados a no encontrarse. En España, normalmente no se entiende que puedan estar unidos. Desde el punto de vista de los artistas, ¿cómo te va a gustar el fútbol, si eso es para animales? Y muchos futbolistas dirán: a mí me la suda el arte, prefiero que me hagan una foto. Curiosamente, la última exposición que hice en Montreal (¡Gol, carajo!, en la galería Station 16) era un encargo: retratos de ex futbolistas profesionales de la liga de EE.UU. Les gustó mucho, pero ninguno de ellos vislumbraba la posibilidad de que alguien que se dedicase a lo que yo me dedico hiciera algo así, con futbolistas.

Las estrellas del fútbol brillan. Creemos que lo tienen todo, hasta que un día anuncian públicamente que se sienten tristes. Cristiano Ronaldo estaba triste, pero nunca quedó claro el porqué. ¿Qué crees que le pasa a Messi?

Para empezar, que vive una situación extra-profesional –el tema de Hacienda, etc.- que… Hay que pensar una cosa: antes que futbolistas son personas. Antes que artistas somos personas; antes que periodista eres persona. A él, como persona,  seguramente le joda más que puedan meterle en la cárcel que si gana o no un título. También se dice que puede ser porque era muy bajo y de pequeñito le hormonaron para que pudiese jugar al fútbol, pero no creo que vaya por ahí, porque podría derivarse a otro tipo de juego más defensivo. Bajo mi punto de vista, es el asunto legal.

Ricardo Cavolo

La siguiente es que me firmes la camiseta.

Mientras me dedica la camiseta -dibujada por él- de Sam, el co-prota de Moonrise Kingdom (2013), la conversación deriva hacia lo caro que sale un Faber-Castell, si alguna vez ha conocido a Alexi Lalas, la app para jugar a las cartas Magic en el iPad, o qué fue del Unión Deportiva Salamanca.

Muchas gracias.

Muchas veces.

Mucha gente desconoce esto: ¿tienes novia?

Tengo novia, prácticamente mujer.

“Asín” de claro.

Podéis encontrar su trabajo en:

www.ricardocavolo.com

Por Félix Domínguez // Fotos: Lola Zehínos

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