Manuel León - Maasai Magazine

Manuel León (Villanueva del Ariscal, 1977). Una enciclopedia humana, un hombre grande que derrocha simpatía y cercanía. Empezó con los “circulitos y los chorreones” como decía su padre y ahora es uno de los pintores andaluces más cotizados. No hace mucho expuso su obra en el CAC de Málaga y ahora podemos verle en la prestigiosa galería madrileña Javier López & Fer Francés. Disfruta como nadie hablando de Flamenco, del Barroco, Velázquez o Caravaggio y es capaz de llevarse a Robert Crumb o al grupo Pony Bravo a la Romería del Rocío. Eso sí, la Virgen es Beyoncé. Pasen y lean.

¿Quién es Manuel León?

Hostia, toma que toma. Manuel León es un pintor de pueblo. Realmente no lo sé, si te digo la verdad no tengo ni puta idea pero, básicamente, sí que sé que soy muy de mis raíces. Pero ayer viendo una película, La Tabla de Flandes, que ya había visto hace mucho tiempo, recordé muy claramente que yo quería vivir esas vidas. Aunque después de haber viajado y conocido muchas cosas, siempre vuelvo al Manuel del pueblo.

¿Y el Manuel del pueblo siempre quiso pintar?

Yo siempre he pintado. También quería cantar, de hecho llegué a cantar en un grupo flamenco en ferias, bodas y en el que ganábamos pasta. Pero, aunque no lo parezca, soy súper tímido y me daba palo subir a cantar. Además me jodí la garganta.

Pero la pintura es lo único que me ha centrado. Siempre he probado de todo como hace todo el mundo, en plan me gusta el bádminton, me gusta el tenis, me gusta el acid house… pero al final a lo que he vuelto siempre es a la pintura, a dibujar y a pintar. De hecho cuando no pinto, la Celia (su pareja) me dice que me pongo insoportable. Y es verdad, al principio yo no lo admitía pero es verdad [risas].

Manuel León - Maasai Magazine

Así que tenías muy claro que ibas a hacer Bellas Artes.

En el instituto las pelas para salir me las ganaba pintando cristos de Semana Santa. Estuve así como unos tres años y un profesor, que era imaginero, me vio y me dijo que sabía pintar. En sus clases me dejaba a mi rollo y me iba corrigiendo. Me enseñó dos o tres trucos básicos (la pintura tiene muchos trucos). Él me decía “tú tienes que hacer Bellas Artes”. Aquello fue en 2º de B.U.P, la tercera vez que lo hice [risas].

A partir de ahí es cuando tengo claro que quiero hacer Bellas Artes, además pasaba por la puerta y decía “yo tengo que estar aquí”. Lo mitificas un poco pero una vez que entras lo que dices es “yo quiero salir de aquí como sea” [risas].

Eso es algo que ya nos han contado en varias ocasiones, que una vez que entras en Bellas Artes no acabas muy contento.

Al final no la acabé, aunque aprendí mucho. La escuela de Bellas Artes tiene una tradición muy del 1700, muy Neoclásico. Para lo que estoy haciendo ahora es perfecto, pero para lo que yo hacía en aquel momento no me valía. Ellos no le daban valor a la vanguardia, algún profesor sí llegó a Gordillo y nos metió Tàpies y todo el rollo este. Pero básicamente te lo tienes que hacer tú, que por otro lado, está guay porque eres tú el que te haces tu propia Historia del Arte, haces tu propia selección, investigas y no te marcan tanto una línea a seguir.

¿En tu casa alguien pintaba? ¿Es algo que has vivido de manera natural o sale de ti?

Mi padre pintaba. Cuando se agobiaba pintaba. Unos diez, doce cuadros de mi padre sí he visto. Además había una lucha ahí entre mi padre y yo, un rollo un poco Saturno. Hay una anécdota que me gusta: en mi casa hay un Agnus Dei de Zurbarán, un cordero que es como una rareza barroca. Cuando yo pintaba el rollo de los circulitos y todo eso abstracto, mi padre me decía “tú no sabes pintar, porque los chorreones…”. Y un día, con un mosqueo muy gordo le hice el Agnus Dei ese en una mañana y se lo regalé. Cuando lo vio me dijo “¿ves como eres gilipollas? Si tú sabes pintar estas cosas, con lo otro estás haciendo el gilipollas” [risas].

Manuel León - Maasai Magazine

¿Desde cuándo vives de la pintura?

Eso sí que es difícil porque dar clases para mí era pintar. Yo daba clases en la Casa de la Cultura para gente mayor o para parados. Pero, viviendo tranquilamente de la pintura, unos tres años. Que yo sepa que no me voy a quedar sin dinero el mes que viene y tal, tres años.

A partir de 3º de carrera he estado con galerías y vendía, pero claro tu vendes en una galería a 300 € el cuadro o ganas un premio y te da para tres o cuatro meses o lo que sea, porque los materiales son muy caros. Una vez me preguntaron qué supuso para mí y qué hice al ganar el premio de la UNIA. La gente se descojonaba cuando contesté, pero es que es la verdad, básicamente supuso que me lo gasté en pinturas y droga. ¿Qué vas a hacer con 6000 €? Tampoco te va a resolver la vida [risas]. Pero a raíz de fichar con Javier Marín en Málaga puedo decir que vivo tranquilo, y ahora con la galería Javier López & Fer Francés imagínate tú, mucho mejor. Pero vamos, mucho mejor pero ganando lo que gana un trabajador medio, porque le gente piensa que porque mis cuadros se están vendiendo ahora a un precio caro, yo me estoy forrando. La gente no ajusta ese precio, no piensa en el porcentaje de la galería, no lo divide en los meses del año en los que no expones, etc.

Dices que eres un pintor de pueblo y que siempre has vivido aquí, en Villanueva del Ariscal, ¿te apetece salir, probar la experiencia de vivir una temporada en algún otro sitio?

Hace relativamente poco, un belga que trabaja en China me compró unas piezas y me propuso irnos unos meses allí. Pero con mi hijo tiene que ser una cosa muy segura, no puede ser irte a buscar la vida. Pero sí, me pone la idea de irme una temporada fuera.

Una vez te etiquetaron como el pintor de la luz y en otra ocasión te pusieron una etiqueta un poco rara.

Sí, la del pintor de la luz no es muy descabellada, la otra a la que te refieres es la de Vitalista orgánico [risas]. Esto fue por un colega finlandés. Había que hacer un texto rápido para el alcalde de un pueblo en Francia y me empezó a preguntar “—¿Tú eres amante de la vida? —Sí. —¿Y tus formas son orgánicas? — Sí. — Ea! pues vitalista orgánico” [risas]. Y lo que pasa con estas cosas, el corta-pega de unos y otros y la etiqueta esa acaba apareciendo por todos lados. Me llevé como ocho años escuchando eso de pintor vitalista orgánico. Y ya te hace gracia, a veces estoy solo en el estudio y me digo “venga me voy a poner vitalista orgánico”.

Manuel Leon

No se puede dar a Dios por sentado (Cortesía Galería Javier López & Fer Francés)

¿Y qué etiqueta te pondrías?

Neurótico… [risas]. No lo sé tío. Lo que se supone que yo hago es iconoclastia. Se supone. Pero me pasa también que estoy todo el día mirando archivos de Grecia, revisionando la Historia para acomodar una respuesta nueva o actualizada de los mismo problemas de siempre, a dónde vamos, por qué estamos aquí… todo ese rollo.

Revisionismo de los clásicos porque aportar algo nuevo es muy difícil.

Aportar algo nuevo es muy difícil y una gilipollez. También es porque me dio una época —me flipa el barroco y toda la pintura holandesa— en la que cogía cuadros barrocos y metía capirotes, cambiaba un poco la escena para que tuviera actualidad. Por ejemplo, un cuadro que se llama Amo del mundo, que es el cuadro de Vermeer El Astrónomo, donde está el nota con la bola del mundo y una ventana. Yo le puse un capirote y detrás los picos de la bolsa y una mano con un puñal que venía a matarlo.

A mí me gusta mucho el cine y eso se ha hecho siempre. El cine ha bebido mucho de la pintura y ha copiado la pintura. Excepto Tarantino que copia al propio cine. Es la movida de revisar, de tirar de lo que hay y de actualizarlo un poco. Al final los problemas de cuernos, el erotismo… siguen siendo lo mismo, los dioses siguen acostándose con mortales. En definitiva, hemos avanzado muy poco. Acabaremos pintando bisontes en las cuevas otra vez [risas]. Al final tu coges a todos los surrealistas y están tratando temas griegos. Como somos europeos y blanquitos…

Según tú, el Barroco fue el pop de ahora. Nos resulta como algo muy elevado pero también se estaba pintado la cotidianeidad y lo popular.

Sí, también nos pasa eso porque cuando entramos en un museo o una iglesia, el edificio genera una sinergia (como dicen los arquitectos) y de repente te metes en un marco teórico. Pero el gran triunfo de Caravaggio es poner a gente de la calle, borrachos de las tabernas de Roma, en una escena de Jesucristo. Para la Contrarreforma esto es fundamental porque como la gente no sabía leer, lo que quería era que entendieran el mensaje. ¿Y cómo lo iban a entender? Pues con un tío borracho de la época. Velázquez también tiene ese rollo. Lo que es difícil es conseguir que esa imagen sea icónica, que transmita.

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Has dicho alguna vez que la cultura no está en los museos sino en los bares, en charlar con los amigos…

El otro día estuve discutiendo con un colega y le decía que recordaba una discusión que tuve hace algunos años con gente preparada, de otra generación, más mayores, de unos cincuenta años, gente cool. Hablaban desde un punto de vista muy burgués comentando cómo flipaban en la Tate de Londres, en el museo tal italiano… A mí me jode ir a un museo que me interesa de verdad y no poder ver bien un cuadro porque está petado de japoneses o de una excursión de chiquillos. Y que los planes educativos estos de los museos parece que son el paradigma del bien. Llevar a un niño de la edad de mi hijo a ver Las Meninas es el paradigma del bien, de “qué bien lo estamos haciendo, lo estamos bordando”. ¿Pues por qué no haces eso con todo? ¿Por qué no te lo llevas al campo y le explicas que los árboles hay que cuidarlos por tal y cual, o lo llevas a una serrería? La cultura no es lo que hay en el museo, la cultura también es un bosque, qué tipo de árboles hay, porque unas hojas se caen y otras no. Me parece muy snob ese rollo de los turistas de ir a Milán y ver el museo no se qué, las paraitas como yo las llamo, como el pasaporte de la Expo´92 con los sellos de los pabellones. Está de moda ir al Prado, no está de moda ir al Museo de Bellas Artes de Sevilla. El sistema te dice que tienes que ir y a dónde tienes que ir.

Me refiero a que la gente va al museo y al final es como si yo te doy un comic, miras la portada y me dices “ya me lo he leído”. Eso es lo que hace la gente en los museos, la gente no se lo curra antes, no lee, no investiga. A un museo se va a ver tres cuadros, no se pueden ver más en una mañana porque la cabeza se cansa. Y porque no se trata de decir lo bien que pinta Velázquez sino de intentar meterse en la época en la que vivía Velázquez y lo voy a vivir desde el 2015, y para eso necesitas que tú en tu casa o en la habitación del hotel te lo curres un poco, que sepas algo del teatro barroco, de Calderón de la Barca…

¿Y qué propuesta deberían hacer los museos o las instituciones para evitar esto y fomentar un espíritu más crítico, no solo la visita deprisa y corriendo sin casi enterarse de nada?

Eso es muy difícil. Requiere una inversión muy grande de dinero y la Cultura no está de moda y entiendo que no quieran que la Cultura esté de moda. Se nos llena la boca y se les llena la boca con el “hay que leer, hay que leer, hay que leer”. Sí, hay que leer pero cosas buenas. ¿Para qué coño te vas a leer a Ken Follet toda tu puta vida? No te vas a enterar de nada. Hay que leer pero con un poco de miras, con un poco de cabeza. Sobre todo porque una sociedad preparada discute más, tardan más en metérsela doblada. Esta crisis que estamos viviendo tardó más en entrar porque la gente está algo más preparada, creo yo. En los 90 hubo una crisis y entró del tirón, nos la comimos con papas.

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Eres un una persona súper formada, y un pintor muy teórico. Un amigo en común me dijo que eras un friki de esto.

Soy un friki porque siento mucho amor por todo esto. Pero luego yo intento que mi madre entienda el cuadro cuando lo vea. Mi madre no ha fumado porros en su vida pero vio el cuadro ese (señala el boceto de un cuadro que hay en su estudio) el otro día y me dijo “ese se está haciendo un porro ¿no?” Si tú te detienes ante el cuadro, hay significados que te vienen, si tú controlas más vocabulario te llegan más cosas. Es como cuando sabes un idioma.

Dentro de tus influencias no todo es Velázquez, Barroco, Escuela Flamenca sino que bebes mucho del cómic, por ejemplo.

Mogollón. Por ejemplo Will Eisner, me marcó un montón. Allan Moore, Raimond Petibon que mezcla pintura y cómic, Robert Crumb con el que pude exponer en Madrid. Para mí son como un Caravaggio. Bebo mucho del cómic.

El sentido del humor es piedra angular en tu obra.

Es fundamental, la pintura puede parecer sería pero cuando ves mis títulos puedes ver un poco la intención mía al pintarlos, como en el caso del cuadro No se puede dar a Dios por sentado. El sentido del humor es básico. Es básico reírte de ti mismo y de tus cosas, si no ¿cómo llevas las miserias para adelante?

También es una vía de escape.

Es que después de la bomba atómica como no te rías del ser humano… Pintar después de Auschwitz parece hasta ridículo. El ser humano es muy ridículo, es un clown de sí mismo.

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Ahora son reconocibles tus obras llenas de nazarenos y penitentes pero tus comienzos son con una pintura no figurativa.

Lo que pasa es que yo estaba aprendiendo a pintar y cuando aprendes a pintar, al igual que creo que ha pasado durante el siglo XX y ahora en el XXI, debes manejar las abstracciones. Es como cuando aprendes a escribir, imagina que te dicen que tienes que escribir un texto con solo unas pocas palabras. Eso es muy abstracto pero, si consigues dar una narración a esas pocas palabras, acabas convirtiéndolo en figurativo.

Si tú aprendes a manejar la abstracción, sabes el peso que tiene la figuración. En la pintura, a lo largo de la Historia hasta las Vanguardias, siempre ha habido una diferenciación entre fondo y figura, de hecho el cambio más importante de la imagen (antes de que existieran los mass media) es que los impresionistas se ponen a pintar paisajes y se lo venden a la gente. La crítica al principio es que no están pintado nada en concreto, ninguna escena, vamos que no está pasando nada en lo que pintan, es solo un atardecer. Los de la época les escupían, les tiraban piedras cuando salían de las exposiciones y todo el rollo ese. Y mira ahora lo que es el Impresionismo, que cualquiera compra un cuadro de esos.

Poco a poco, y cuando Newton coge los prismas y descubre que los colores son luz, el tratamiento de estos cambia. Sorolla no hubiese pintado así si no hubiese leído a Newton y hubiese seguido, en cambio, con la teoría del color de Goethe. La representación de la luz cambia. Poco a poco fondo y figura comienzan a acercarse, se va aplastando fondo-figura hasta Kandinsky, Klimt y toda esta gente. ¿Qué pasa? Que al final fondo y figura son lo mismo y no hay una diferenciación tan grande entre abstracción y figuración. Entiendo que no es una cosa fácil, es una reflexión gorda. Es lo que veía Picasso en las Señoritas de Avignon, vio las máscaras africanas y flipó: ¿hostia esto qué es? ¿Qué forma de figuración es esta? No es copiar la realidad, es otro rollo. Vuelta a Platón. Me estoy yendo por las ramas ¿no? [risas].

Aunque ahora ya sabemos que abstracción y figuración no son tan diferentes, ¿en qué momento das el giro?

Cambio porque me canso. Ese tipo de pintura es una pintura muy hedonista, muy narcisista y por eso a la gente le gustaba mucho. Transmitía mucho, muchas sensaciones, no transmitía narración. Es muy parecida a la música en ese sentido, no sabes bien lo que te transmite pero te llega. Yo alcancé un punto de flow muy guapo donde había gente, de aquí del pueblo por ejemplo, que no tenía ni puta idea de pintura pero te decía “quillo es que yo de cuadros abstractos no entiendo pero veo los tuyos y me gustan”. Quizá porque yo atinaba en sostener el diálogo con el público, porque ya sabemos que sin público no hay obra de arte.

La cosa es que me cansaba de eso e iba haciendo los nazarenos, en pequeño formato pero por gusto, para mí y mis colegas. Los hacía con el rollo ese de crítica social, política, para desfogar un poco, por divertimento. Hasta que me di cuenta de que me gustaba hacer nazarenos tanto como lo otro. También porque este galerista, Fer Francés, vio los nazarenos y me dijo “tío esto es flipante, tienes que hacerlo en grande”.

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A Benicassim yo quiero ir porque la Virgen me llama

Hablando de nazarenos y penitentes, ocurre que hay una gran parte de la sociedad que rechaza todo el tema de la Semana Santa, el Rocío, etc. Pero según tú, los que rechazan esto viven también procesos similares, por ejemplo en un festival de música. No somos tan diferentes unos de otros.

Hice una analogía de la Virgen del Rocío en uno de mis cuadros abstractos. El cuadro se llama A Benicassim yo quiero ir porque la Virgen me llama, es una letra de unas sevillanas, Al Rocío yo quiero ir porque la Virgen me llama. Al final es eso, ir a Benicassim no es que te llame la Virgen pero sí te llama la rave, los grupos que te gustan, ver si te follisqueas a alguien… igual que cuando va un tío al Rocío, igual. Es la misma puta cosa. Querer tocar a Beyoncé es querer tocar a la Virgen del Rocío, es querer tocar algo sagrado, algo inalcanzable para ti.

Buscas salirte de la normalidad, trascender y la única manera de trascender para un tío del Aljarafe es hacer el camino del Rocío. Vestirte de andaluz del siglo tal, es como una especie de carnaval porque vas vestido de otra manera. Te conviertes en otra persona, haces una peregrinación, con lo cual ya estás viajando y no lo haces ni en coche ni en avión, lo haces andando o a caballo. Imagínate ir a París en caballo, cuando has llegado has visto a la Virgen siete veces. El traslado es necesario, caminante no hay camino, se hace camino al andar. Si hasta para morirse antes había que hacer un viaje en la barca.

Pasa igual con las Hermandades que tienen tanto arraigo en Sevilla. Ten en cuenta que asociarse es una forma de anarquismo. Es una manera de pasar el sistema. Eso es la Hermandad y eso viene de 1400 o de 1200, yo que sé. Estamos diciendo que cómo vamos a tirar por tierra una cosa que maneja unos arquetipos del copón. La cultura de mercado proteccionista es la Hermandad del Gran Poder o la Hermandad del Cristo de la O. ¿Por qué? Los pintores se meten bajo la Hermandad de San Lucas y esa Hermandad dice quién pinta y quién no pinta en Sevilla. Velázquez tiene que esperar a que le digan “ya puede usted pintar”. Y salir de eso es muy difícil porque eso está instaurado en la sociedad sevillana y en muchas sitios más como el Opus Dei, por ejemplo. Tu formas parte de ello y dices que eres del Cristo de no se qué pero en definitiva es por ganarte las papas. Al final todo son relaciones, contactos. La gente quiere tener relaciones, el miedo gordo del ser humano es estar solo, ser asocial. Mitificamos mucho a los asociales porque nos dan miedo. El Spiderman del Barroco era San Jerónimo, era el tío que decía “me quito de en medio y me voy a meditar, me quito de follar y de todo”.

¿Y qué es lo que te da miedo a ti?

Me da miedo de mí mismo, mogollón. Me da miedo mi sombra y vivir a gusto con ella. Y de la incultura de la peña. Me da miedo que se siga teniendo miedo al pobre. Que se crea que se tiene miedo al negro cuando a lo que realmente le tienen miedo es al pobre. Eso me da mucho miedo, que los paradigmas sigan siendo los mismos que en la Edad Media.

La música es muy importante en tu vida. Antes nos contabas que hiciste tus pinitos con el flamenco.

La primera persona con la que tengo conciencia de ponerme a pintar es mi tío Rafael. Mi tío era músico y compositor de Los Payos. Una persona inserta en la Triana de los 70. Siempre me ponía música. Sin darme cuenta siempre estoy cerca de la música. Me pasa estando al lado de los Pony Bravo o de El Niño de Elche, al final controlas de música casi sin querer rodeado de toda esta gente.

¿De dónde viene tu relación con Pony Bravo?

Viene de la facultad, yo era amigo de Samuel Arquellada, un bicho que se fue a Latinoamérica y que ayudaba a María Cañas con los vídeos. También le hizo un vídeo precioso a Sr. Chinarro. Conozco a Daniel Alonso y a Samu a la vez. Dani aún no había montado Pony Bravo, cantaba él solo, no sé si se llamaba Mofeta o Tejón, no me acuerdo. Por aquel entonces también conocía a Pablo Peña de la facultad pero me parecía un gilipollas [risas]. Si eres una tía te enamoras de Pablo pero si eres un tío y lo ves con esas pintas… [risas]. Pero yo veía que era amigo de Dani así que lo acabé conociendo bien y ahora lo adoro y lo admiro. Al final montan Pony Bravo, Dani, Pablo junto con Darío y Javi.

El primer disco de ellos se titula como un cuadro mío, Si bajo de espaldas no me da miedo, que es un nazareno bajando de espaldas. Y en el último disco la portada es mía. También en alguna letra me piden opinión porque tratamos los mismos temas. Además ellos hacen un trabajo muy colaborativo. Mi relación con ellos es muy de pandilla.

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Cartel Nocturama 2015 © Manuel León – Foto: Claudio del Campo

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Pony Bravo. De palmas y cacería. © Manuel León

Y siguiendo con tu relación con la música, este año has realizado el cartel de Nocturama.

Me lo pide María Gil y me encantó hacerlo. Lo dije en la rueda de prensa de la presentación de Nocturama. Quería hacerlo porque los últimos carteles que se están haciendo son una puta mierda. ¿Dónde está la cultura del cartelismo sevillano? Me apetecía hacer algo así, era una respuesta a la mierda que se está haciendo en los últimos años y además desde la figuración más absoluta. Aunque no es un cartel al uso de un festival de música, intuía que la gente lo iba a pillar bien con lo de los nazarenos y los tíos enchaquetados.

Pero la gente no ha entrado mucho al trapo con eso. Y sí con el hecho de que salga una mujer desnuda.

Supongo que porque la gente me conoce y sabe ya por dónde va mi rollo. En cuanto a lo otro, a lo de la tía en pelotas, yo sabía que no iba a tener problemas con el feminismo. Yo quería hacer una versión clásica con el desnudo femenino como símbolo de libertad. Sí que hubo algún comentario quejándose de que sacar a una tía en pelotas era muy fácil. El argumento es muy tonto porque qué fácil es que te fijes nada más que en las tetas. Al final esas tetas de esa mujer desnuda son la representación de que no necesitas ningún disfraz para sentirte libre y volar por encima de los demás. ¿Cuál es el traje que te representa con mayor libertad? El desnudo y por eso a la gente le da miedo. Yo que sé, no le puedes gustar a todo el mundo, aunque ha sido algo muy minoritario y el cartel creo que ha gustado bastante.

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¿Con qué sueñas?

Me apetece vivir tranquilo y que la gente de alrededor mía se dedicara a la que quisiera. Que la gente tuviera la libertad de trabajar en lo que quisiera. Que el trabajo es digno al máximo pero alquilar tu cuerpo para trabajar en un bar es una putada. Ese es mi sueño tío.

 

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