Jaime Pandelet, “El humor no es algo cordial”

Entrevista: Alfonso Barragán // Fotos: Miguel Jiménez

 

Jaime Pandelet - Maasai Magazine

Uno ve a Jaime Pandelet por la calle y ya sabe que es buena persona. Luego se acerca y ves esa perilla, el pelo que un día estuvo allí, esas gafas redondas y su risa y ya sabes que además de un tío bonachón, Jaime es un cachondo mental. A lo mejor pienso eso porque sé a lo que se dedica, que no es otra cosa que al humor gráfico, concretamente a la caricatura, aunque creo que es al contrario. Seguro que después de leer esto, me dirá riéndose que no, que él es un bonachón pero con su puntito de cabroncete. De lo que sí estoy seguro es que es uno de las caricaturistas referentes de este país, si no que se lo pregunten a Interviú, Marca, El Correo de Andalucía, ABC, Rolling Stone y un largo etcétera. La lista es interminable. Pasen y lean.

¿Por qué nos has citado aquí en este bar Jaime? ¿Por qué en el Europa?

Porque es un lugar muy nuestro de un grupillo de gente que cuando quedamos para charlar de nada, quedamos aquí. A mi me gusta mucho este rinconcito. Es muy agradable, es como medio patio familiar. Una vez estuvimos, unos compañeros de trabajo y yo de intentar venir aquí y retomar aquello de las tertulias, pero quedó en un intento.

Naciste en Madrid aunque tus apellidos suenan catalanes o levantinos, Pandelet Cerdá.

Sí nací en Madrid, pero desde los 13, 14 años vivo en Sevilla. Mi padre era andaluz y para nosotros Andalucía significaba vacaciones, verano. Así que cuando nos mudamos nos pareció a todos fantástico darle carpetazo a Madrid y venirnos para acá.

Mi madre es valenciana, de ahí el Cerdá y Pandelet no sé muy bien de donde viene, parece que de Francia. De cuando se fastidió lo de las vides por culpa de la filoxera y se repoblaron zonas con familias francesas que trabajaban en el campo. Primero a Logroño, de ahí a Valladolid y luego a Andalucía para dedicarse al aceite que es a lo que se ha dedicado mi familia de mi padre toda la vida.

Jaime Pandelet - Maasai Magazine

¿Aquí en Sevilla qué estudias?

Estudié dibujo publicitario en Artes Aplicadas y no lo acabé. No lo terminé porque me fui a pintar a una academia con Ben Yessef , cosa que me apetecía mucho más. Desde pequeño yo quería ser pintador de cuadros (risas). La primera andanada de cuadros la hice con unos seis años. Un hermano de mi padre, mi padrino concretamente, era profesor de modelado y dibujo y vivía con nosotros. Siempre que dibujaba de pequeño era con él al lado.

¿Cómo pasas de pintador de cuadros a caricaturista?

Llevo conqueteando con la caricatura desde Madrid, ya con 11 o 12 años ya las hacía en el colegio. Dependiendo de la nota que me pusiera el profesor de turno pues ahí le caía una cosa u otra. Ya sabes, unos cuernos, el pito pequeño… (risas). La cosa es que pasar del cachondeo al profesionalismo es una cosa totalmente casual. Para mí y para todos. Vas haciendo, vas haciendo hasta que de repente alguien que tiene pelas te dice: “¿oye cuánto me cobras por esto?”.

Mi madre era locutora de Radio Nacional y mi padre ingeniero de Radio Nacional. Mi madre ha escrito mucha novela rosa, mucha poesía. Para quitarse el mono del trabajo escribía mucho, una revista femenina, etc. Cuando llegamos a Sevilla le presentaron a Manuel Lorente crítico de arte, director del periódico Suroeste y muy vinculado al Sevilla F.C ya que hacía una revista mensual llamada Nuevo Sevillismo. Total que mi madre, ejerciendo de madre comentó aquello de “pues tengo un hijo que dibuja muy bien, a ver si algún día…”. Yo tenía 16 años y me animaron a caricaturizar a dos jugadores del Sevilla. Esa fue mi primera incursión profesional. 1000 pesetas de la época, del año 75, proporcionalmente mucho más de lo que me ofrecen ahora (risas).

Luego hice muchos trabajos para la Estación Biológica de Doñana. Allí el pago era en especie, me dejaban pasar una semanita en el palacio. Se acababa de retirar Antonio Valverde y asume la dirección Javier Castroviejo y yo tenía un amigo trabajando en el área de taxidermia de Doñana aquí en Sevilla. Como yo estudiaba Artes Aplicadas y el 90% eran practicas, pues me iba para allá y una vez dibujaba un mono, luego un no se qué. Hasta que un día Javier Castroviejo lo vio, le gustó y me dijo “mira no te puedo pagar un duro pero como ilustrador animalista te puedes ganar un buen dinero teniendo la plataforma de Doñana ya que muchas editoriales nos piden ilustradores”. Eso no llegó nunca pero sí que me empecé a decantar por la publicidad, pasé de ser pintador de cuadros y a tirar por la publicidad.

Jaime Pandelet - Maasai Magazine

Empiezas en la publicidad profesionalmente pero acabas dando el salto a la prensa escrita.

Quitando aquella vez en Nuevo Sevillismo, tendría yo unos 26 años, era director de arte de Alas Bates aquí en Sevilla. Estaba trabajando ya en publicidad. Un día me presentaron al subdirector de ABC que era entonces Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, vio mis cosas y me dijo: “chaval pues tú podrías hacer cosas para nosotros, pásate una mañana y charlamos” y así empecé a trabajar en ABC. Además casi todo eran portadas y eso era complicado porque las portadas de humor estaban reservadas para Mingote y yo pude hacer unas cuantas. Con ellos estuve unos 2 años.

Luego pasé a Diario 16. Cuando se confirma Sevilla como futura sede de la Expo, nace una sección semanal en la contra del periódico que la llevaba Ignacio Camacho, que luego fue director de ABC nacional, y se llamaba Sevilla Futura. Tenía que hacer con ilustraciones muy sueltas, muy rápidas tipo apuntes en la calle, lo que iba a ser Sevilla con el puente del Quinto Centenario, con el puente de la Barqueta, etc. Fue curioso todo aquello porque estuve viendo planos de cómo iba a transformarse toda la ciudad.

Y de la prensa escrita das el salto a la televisión en Canal Sur.

Estuve en un programa que se llamaba Te tomo la palabra que era un programa de saber el origen de las palabras. También en uno que se llamaba Café de redacción que era como los desayunos de la radio pero pasado a la tele, donde hacia una caricatura del personaje al que se entrevistaba. Pero no se hacia en directo, yo la hacia el día anterior. Además que por aquella época había veces que me pillaba en Madrid. Se montaba una historia buena con aquello para enviar la ilustración. Venía un motorista, se llevaba el dibujo en una carpeta, iba a Canal Sur a las oficinas de Madrid donde tenían una cámara que se llamaba Caption que, por satélite, mandaba la foto a Sevilla. Fíjate la que había que montar.

Nuestra generación creo que es la que ha disfrutado y sigue disfrutando de todos los avances tecnológicos en torno a lo gráfico porque hemos vivido cosas como cuando trabajaba en Interviú, que había que tener listo el trabajo antes de las seis porque si no, el mensajero no llegaba para que ellos lo tuvieran antes de las 10 de la mañana y me pudieran hacer correcciones.

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Has trabajado para ABC, Diario 16, Interviú, Marca, Huffington Post, Rolling Stone… ¿Cómo vives todo este proceso de la crisis del papel?

Yo creo que es mentira. Se está transformando y lo que pasa es que está tardando en completar la metamorfosis. Lo que tú y yo entendemos como papel. Pero no va a desaparecer en absoluto, para nada. Hay un huevo de gente que quiere que el papel desaparezca para que el flujo publicitario vaya a las webs informativas. Pero creo que va a tardar. El modelo va a ser una especie de revista de prensa semanal, con más análisis. La inercia es que la web sea lo inmediato, el titular, el sumario, pero el análisis va a seguir siendo en papel, además creo que es lo correcto y lo razonable. El lector de domingo, que quiere estar informado, quiere tener ese análisis. Es como un dominical pero más informativo, no tanto un magazine de tendencias que es lo que conocemos hasta ahora. Que te pille un Iñaki Gabilondo y te haga una doble página sobre el NO de Grecia, por ejemplo.

Y también has trabajado para medios extranjeros.

Para la Razón de México, para El correo del Golfo en Dubái donde hice viñetas, no caricaturas, y luego muchas intentonas y muchas llamadas.

Te voy a preguntar algo que sé que te encanta Jaime, ¿la caricatura es un arte menor?

(Risas) Eso es una gilipollez, como digo siempre. El ejemplo que puse en una entrevista, que creo que es la que has bicheado por ahí, es que un jarrón feo es arte menor, un retrato mal hecho es arte menor. Pero una caricatura bien hecha es arte mayor. El dominio de una técnica que es tan complicada, en la que tienes que huir de las líneas que tú estás viendo con los ojos, reinterpretarlas para que digan más de dentro y de fuera y que siga siendo el Manolo que tienes delante, bajo ningún concepto podrá considerarse arte menor. Es así. Y a mí me lo han llegado a decir a la cara y eso jode mucho: “¿una exposición con tus cosas Jaime? Bah, tú tienes que hacer cosas serias.”

Pero parece que esa es una losa que pesa sobre el humor en general.

Sí pero en torno al mundo de la prensa no te creas. El humor ha sido anzuelo de oro para los medios de comunicación. Te puedo decir, y eso me lo ha constatado gente de El País por ejemplo, que hay mucha gente, durante un tiempo, que compraba el periódico entero por tener la viñeta de Forges. O al otro de Martín Morales, o Mingote en el ABC. Yo creo que la viñeta humorística o la caricatura ponen en clave de humor realidades que no tienen ni puta gracia. El humor no es algo cordial, la gente cree que el humor es esa cosa irresponsable que tiene un chiste de leperos. El humor periodístico vinculado a las páginas editoriales de un medio de comunicación, enfrenta y es su cometido final. Enfrentan con gracia en la medida que el humorista gráfico la tenga. Tiene que crispar, si no qué coño.

Jaime Pandelet - Maasai Magazine

Y esto nos lleva a los famosos límites del humor.

Si lo dices por el tema de Zapata a mí me parece descomunal la caza de brujas que se ha hecho con ese hombre. Una jodida burrada. Eso lo único que demuestra es el miedo que tiene la derecha, pánico. Me parece una imprudencia. Y luego está el tema de los radicales árabes con lo de Charlie Hebdó en Francia, ¿dónde vas hombre, dónde vas?

El que tiene que tener límites es el autor, límites morales o los que sea, pero bajo ningún concepto nada ni nadie de fuera le puede marcar esos límites. El humor no tiene límites.

¿Y a lo largo de tu carrera has tenido algún toque de atención, algún “por aquí mejor no”?

Sí. En una reciente portada por ejemplo. En El Correo de Andalucía me cortaron algunas veces las alas, algunas por demasiado críptico, otras porque me acusaban de que iban dirigidas a los míos (risas). Pero por suerte el porcentaje ha sido pequeño. No creo que nadie haya tenido un flujo de trabajo en el que el editor de turno no le haya dicho nada.

¿Y esos descartes dónde van?

A mi carpeta. Mira, con Rajoy y con Camps (risas) hice una que era, ¿os acordais de aquello que dijo Rajoy que ponía la mano en el fuego por Camps? Pues al final tanta mano acabó metida en el culo de Camps (risas), pero me dijeron: “dale una vuelta Jaime, está cachondo pero dale una vuelta más” (risas).

¿Cuál es el sello Pandelet, que hacen reconocibles tus caricaturas?

Es difícil responder a esto pero a mí hay mucha gente que me dice que parecen retratos. Y eso es una ofensa para el caricaturizado porque o es muy feo o es peor que el Echenique (risas). Hay caricaturas que son muy crípticas con tres rayitas o muy morfográficas y yo creo que estoy más en esa línea. A mí me gusta más que se sienta carne, es una caricatura de una persona y tiene que haber carne, tiene que ser palpable y eso creo que es lo que me define.

Después de tantos personajes que han pasado por tus lápices, ¿tienes algún favorito o alguno que detestes dibujar?

Teniendo en cuenta los principios de la caricatura, mis favoritos son los personajes con los que yo estoy en contra por su forma de ser, por lo que representa… Yo disfruto más haciendo una caricatura de Arenas, de Aznar o de Rajoy que a cualquiera de la gente que está más cerca de mí. Además es que son muy jugosos porque las gilipolleces que hacen o dicen son muy gordas (risas).

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¿Y alguno que se te haya cruzado? Me refiero a ejecución, alguien que te cueste mucho dibujar.

Por ejemplo con Juan Espadas (actual alcalde de Sevilla), en las elecciones anteriores. Es un cabrón porque estaba haciendo la caricatura: un tipo gordito, con las gafitas, la raya al lado… y de repente desaparece del decorado. Se pega tres meses que no aparece, que solo sale en radio o entrevistas en papel. Y de repente vuelve un tío con nueve kilos menos, sin gafas, con lentillas y con la cara bastante más angulada. Me jodió entero, ya tenía en la cabeza a un nota y va y cambia por completo, el tío era otro (risas).

Pero no creo que haya una caricatura que cueste más o menos, hay una metodología que te facilita mucho el ver al personaje.

Háblanos de esa metodología. ¿Siempre es la misma o varía en función del personaje?

Hay técnicas, muchas veces son ya mentales, uno cada vez es un poquito más vago. Hay pasos intermedios que ya vas eliminando. Empiezo siempre por los ojos y la boca. El ojo derecho concretamente y la boca. Si veo que ese ojo que he hecho me ve, ya tiro para adelante, ya todo es casi mecánico. Pero la caricatura me tiene que mirar o tiene que mirar, no siempre tiene que estar de frente. Si veo los ojos del personaje, ya tiro hacia delante.

¿Has conocido a mucha gente que después de haberlos dibujado te haya dicho “qué cabrón”?

Sí a muchos pero para bien (risas). Trinidad Jiménez, por ejemplo, llamaba a Interviú por adelantado para saber qué caricatura le íbamos a hacer porque las coleccionaba. A mí en persona solo me lo ha dicho Manuel del Valle, el ex–alcalde de Sevilla y enterarme de uno que no le gustara fue Alejandro Rojas Marcos. En general, a todos les hace gracia pero Rojas Marcos después de un programa de esos de los desayunos dijo más o menos que se estaban gastando un dinero que ya se podían ahorrar porque esas cosas a él no le hacía ni puta gracia (risas). Por otro lado me hizo un gran favor porque toda la semana se estuvo hablando de lo que había dicho sobre mi caricatura.

Jaime Pandelet - Maasai Magazine

Con otros ilustradores que hemos hablado nos han comentado que trabajan con agencias que los representan, ¿en este mundo de la caricatura se trabaja con agente?

A mí me lo están recomendando y estoy mirando la posibilidad. Ten en cuenta una cosa, esto es un trabajo jodida, jodidamente artesano y que depende siempre de un tercero. Nosotros dependemos de la llamada, del encargo y de la realidad política. Es mucho más jodido. Con todo y con eso, han visto mi trabajo en Inglaterra y parece que están interesados pero no lo veo muy claro porque un encargo para un periódico, de un día para otro y a través de un agente…

Y por otro lado nunca, por suerte, he tenido necesidad de buscarme nada más allá que España. Conocía al de El Mundo, al de Marca, al de ABC, Interviú y la verdad es que vivía bastante tranquilito. Tenía cinco, seis cierres semanales. Aunque ahora estando la cosa como está, lo mismo un agente, una cola de conejo, que sé yo (risas). Está el tema muy peliagudo.

Vamos a hablar de fútbol que sabemos que eres muy futbolero. Tras tu paso por Marca y todo lo que has podido ver desde dentro, ¿qué te parece esta reconversión del periodismo deportivo en prensa rosa?

En Marca estuve trabajando con Tomás Guasch, que por cierto, Marca le tiene que dar besos en el culo a Tomás Guasch porque es tan histriónico y tan… que la gente iba a buscar lo que decía el tío este. Ya sabes, si la máquina registradora funciona…

El periodismo deportivo es tan igual, todos tienen los teléfonos de todos los importantes, todos tienen acceso a los que dan la cuota de más alta, que lo único diferencial es la portada. El titular que vende, aunque sea mentira. La portada puede ser las tetas de la mujer de Iker Casillas en lugar de si este se iba del Madrid o no, que es lo que realmente al consumidor de prensa deportiva con su coñac a primera hora de la mañana es lo que le gusta ver. Eso, según dicen ellos, es el mercado.

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Por otro lado, ante tanta mierda, están apareciendo publicaciones deportivas de calidad como Líbero o Panenka.

Yo creo que eso va a ser un porcentaje muy pequeño del consumidor de prensa deportiva. Es una manera de entender el fútbol desde un salón o desde una biblioteca. Aún así, los editores lo tienen muy claro y saben que son lectores que se fidelizan con ese tipo de producto.

De todas formas, el periodismo deportivo cañero, sobre todo el fútbol, con algo de fórmula uno con Alonso, tenis con Nadal, en su momento con el ciclismo, tiene que ser víscera. El deporte con su hijo de puta y sin su hijo de puta de por medio, creo que tiene que ser una terapia de rehabilitación para poner a los hombres en paz con sus congéneres (risas). Y eso pasa los lunes, no matas a nadie pero necesitas ver esa mala leche en esas sesenta y cuatro páginas. Lo que no podemos es ser siempre Luis VX en los salones de palacio.

Y también has hecho alguna incursión en el mundo de la ilustración infantil.

Fue por empecinamiento personal, me lo pasé muy bien, fue una vuelta a los pinceles. Con Anaya hice dos, bueno fue uno pero que se hizo en dos tomos y con otra editorial de Madrid hice un Pulgarcito. Me lo pasé bomba, es precioso, es muy bonito. El universo de los niños es apasionante porque es el contrapunto de todas estas cafradas que hago diariamente.

¿Cómo fue aquella exposición que hiciste para el 110 aniversario de la fundación del periódico Decano de la Prensa Sevillana?

Cojonuda pero también una locura. Me comprometí, lo intenté pero me fue imposible tener 138 caricaturas en tres meses. Pensé que sí podía, pero es como las baterías de los móviles, tu compras hoy el móvil, lo recargas y la batería se carga al 100%, a los seis meses se carga el 80%, luego el 60% hasta que se te va al carajo el teléfono. Pues yo casi me voy al carajo del todo, empecé por dos caricaturas diarias pero cuando llevaba ya unos días, esas dos caricaturas me costaban como si fueran cuarenta y cada vez iba más lento. No estuvo para Junio, pero sí para Agosto y se montó en Septiembre. Fue muy bonito porque muchos de los caricaturizados fueron a ver la exposición.

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Este mundo de la caricatura, en cuanto a autores, me es muy desconocido, ¿dime algunos referentes que tengas?

Sin salirme del universo del caricaturista, he ido descubriendo profesionales una vez empecé a trabajar de esto. He ido conociendo gente conforme me he ido implicando más y más en este universo del caricaturismo. Hay un alemán, que creo que vive en EE.UU, Sebastian Kruger que trabaja con formatos de 1,50 x 1,50. Una caricatura del tamaño de una cara con lo cual el nivel de detalle y de lápiz es acojonante. Es muy bueno. Hay muchos, me refiero en cuanto a caricaturismo morfográfico.

Picasso me vuelve loco, Giacometti el escultor, este chico que os ha hecho la portada, Cavolo, no sé… hay muchos y os aburro.

Pero yo he ido mucho a mi bola, no sé si es algo ácrata o lo que sea. Lo que hago es porque me siento cómodo y sí que soy muy cabezón, haga lo que haga sé que puedo mejorarlo para la siguiente. Siempre te faltan dos horas (risas).

Jaime Pandelet sueña con…

Me apasionaría caricaturizar y hacerlo al óleo además, a los autores que hay expuestos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, a Julio Romero de Torres, Zurbarán…

¿Una ciudad?

Si me dejáis, diría que Neverland. Sin lugar a dudas, que le den por culo. Una ciudad que Disney se preocupó, aparentemente, en hacerla maravillosa, sin responsabilidades. Ahí quiero estar.

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