Félix Domínguez, “La gente con talento muere de sobredosis”

Entrevista: Alfonso Barragán // Fotos: Julia Córdoba

felix dominguez - maasaimagazine

Detrás de unas gafas de pasta negras está Félix Domínguez. Delgado, risueño, tímido y casi siempre con una mochila verde agua a la espalda. Una de las cosas que me llamó la atención cuando lo conocí fue lo fuerte que me estrechó la mano. “Este chico tímido no es trigo limpio, esconde algo” pensé. Y lo que esconde es un cerebro prodigioso, si pudiéramos entrar en su cabeza veríamos una de esas máquinas del rollo steampunk con ruedas dentadas movidas por máquinas de vapor. Una maquina de ideas, un fino sentido del humor, un tío inteligente. En definitiva, lo que se le suele pedir a un creativo. Si los creativos además son buenas personas, Félix es uno de ellos. Estuvimos charlando con él en Blurfair, la primera feria de arte emergente de Sevilla organizada por La Galería Roja y LAB Sevilla. Pasen y lean.

Para quien no te conozca, ¿qué le dirías? ¿Cómo te presentarías?

Hola me llamo Félix y si te gusta trabajar duro, me caes bien.

Hace poco entrevistamos a la diseñadora industrial Granada Barrero que es de Huelva y siempre habla maravillas de ella. Tú también eres de Huelva pero cada vez que hablamos de ella, me sacas el tema del Polo Químico.

La provincia es muy bonita pero la capital es fea de cojones, es que es así. Podría ser una ciudad muy bonita, no llegaría a ser Venecia pero tendría su encanto (risas). Tu ves fotos de Huelva de los años 50 y era un pueblecito pobre pero muy apañao. Es verdad que lo suyo sería que yo hablara bien de donde he nacido pero es lo que hay. Pero insisto, la provincia es muy bonita, y hay que comer jamón de la sierra de Huelva y no de Salamanca (risas).

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Y de tu Huelva querida te vas y estudias Publicidad en Sevilla, ¿siempre fue la publicidad tu primera opción?

Que va. Yo he querido ser muchas cosas. Precisamente acabo de presentar un fanzine donde hago un repaso por todo lo que quería ser de mayor y no he acabado siendo. Al final estudié Publicidad, primero porque había que salir de Huelva y eso era lo que yo quería (risas) y segundo, porque yo no sabía de qué iba y ese hecho era lo que más me interesaba. No me interesaba nada más.

¿No tenías ni idea de qué iba Publicidad?

Bueno tenía la imagen que tiene todo el mundo que es: un tío tocado por el hada madrina, que es creativo, se sienta en una mesa, hace pelotas de papel, las va tirando en una papelera y, de repente, encesta una y se le ocurre un anuncio. Yo pensaba que el trabajo era así. Y en la carrera nadie me dijo que el trabajo no fuera así (risas). Durante la carrera no hice nada de lo que en realidad te encuentras al salir al mundo real. Estudié mucha sociología, mucha historia, mucha semiótica… que es lo peor del mundo, los semióticos dicen: “si no podemos ser profundos seamos confusos”. En mi carrera lo llevaban a rajatabla.

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Acabas la carrera, te vas a Madrid y haces un master en Creatividad Publicitaria. Vas camino de ser creativo, ahí es nada.

Así es, en Atomic Garden que es una escuela que montó un antiguo publicitario. Aquello es como una mili creativa. Por horarios, por disciplina y por exigencia, pero está bien porque acabas haciendo cosas de las que no sabías que eras capaz. O te mueres, una de dos (risas). Ellos tienen muchas frases, pero hay una que es muy definitoria “el mejor talento son un par de pelotas”. Yo hago la versión blanca: “el mejor talento son las ganas” para que las feministas no me crujan.

Pienso que el talento es un lastre, la gente con talento muere de sobredosis. Pienso esto porque soy muy inseguro, así que la única definición de talento que encuentro lógica es una persona que se lo curra muchísimo, porque si lo deja todo para el final y confía en aquello de “a ver que me sale”, le va a salir una mierda. Es cuestión de trabajar mucho y muy duro.

Sí que es verdad que hay gente que tiene una facilidad para arrancarse y le sale, tienen algo innato. Tienen como una vena folklórica como digo yo. Yo no soy así, ya me gustaría.

Ahora que vives en Madrid, además de hacer una mili creativa, ¿qué tal te va?

Todavía no he tenido mucho tiempo de vivirla, solo he trabajado (risas). Voy a seguir una temporada allí porque es donde pasan las cosas en publicidad, aunque también hay mucho etnocentrismo madrileño. Se piensa que si no está en la capital no es lo suficientemente bueno, serio o importante y eso no es así porque desde que está Internet hay una infinidad de autopistas para cada persona y yo creo que lo verdaderamente interesante se está haciendo fuera de la capital. Tú ahora te metes en el tumblr de un tío de Murcia y puede estar haciendo arte de vanguardia. Que lo sepa la gente o no es otra cosa, hay mucho talento fresco fuera y gente con muchísima cultura visual (gracias a internet por ejemplo) y que está haciendo cosas muy interesantes.

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El día que te conocí descubrí una libreta que llevabas siempre contigo y me quedé maravillado.

Es una historia es muy bonita. En el momento en el que compré mi libreta Moleskine negra (que es la que lleva todo el mundo) llevaba sin dibujar desde primero de la ESO. Por aquel entonces me ponía a dibujar en clase y me echaban la bronca. Dejé de dibujar y también porque creía que ya no tenía que hacerlo, porque cuando crecemos y dejamos de ser niños, nos achantamos cuando la gente nos juzga, etc. Y eso es la mayor tragedia, un adulto que no dibuja. Dibujar es la única forma de entenderte a ti y a los que te rodean sin tener que ir al psiquiatra.

Yo no tenía intenciones de volver a dibujar, tenía la espinita clavada pero poco más. Un buen día, ya en la carrera, para un trabajo de clase tuve que ir a una conocida papelería sevillana cuyo nombre no voy a decir (está en la calle Rioja) porque me trataron fatal. Necesitaba una caja de papel cara y elegante para presentar mi trabajo. Me clavaron 20€ y luego una compañera de grupo vio la misma caja en un chino por 2,50€. Me pillé el cabreo de mi vida y fui a la papelería a descambiar la caja. No querían y me dieron un vale (que eso es súper ilegal) de veinte y pico euros con los que me compré una Moleskine. Me la compré básicamente por lo que ponía detrás: “esta es la misma libreta que tenían Picasso o Dalí” y pensé: “a ver si se me pega algo”. Y empecé a dibujar ahí ese mismo verano.

¿Qué dibujabas?

Al principio no tenía ni idea de lo que quería dibujar. Sentía el miedo más absoluto al espacio en blanco. Así que comencé por dibujar cosas que había visto ese día y que me habían llamado la atención. Se me quedaba un alga en el bañador, la dibujaba. Veía un papel de Sugus en la calle, lo dibujaba. Era como un diario pero sin escribir. Luego acabó siendo un diario con texto y dibujos, pero siempre sobre lo mismo: mucho mundo interior y mundo exterior (risas).

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Pero todo muy relacionado con la publicidad, más bien con los típicos anuncios. Recuerdo que dibujaste un folleto publicitario sobre barbacoas en actitud sexy orientado a pirómanos.

Sí, me gustan las vallas publicitarias, los folletos que te dejan en el buzón, los carteles. Me gusta mucho la publicidad clásica y juego con ello.

¿Cuantas libretas tienes?

Solo esa, me compré otra pero ahí está, en blanco, porque ahora dibujo fuera de ella.

Esa libreta no solo te devolvió las ganas de dibujar sino que un día la descubren Crótalo&Triángulo y te proponen hacer una expo individual sacando esos dibujos de ella.

Ellos querían separar las páginas y enmarcarlas o si no, poner la libreta en el centro de la sala atada con un cordelito como un bolígrafo de un banco y que la gente la viera de la misma manera que la descubrieron ellos. Pero eso, por diversas complicaciones, no se pudo hacer y lo de cortarla la verdad es que me daba pena. Así que me metí en la faena de hacer unas cuarenta ilustraciones al estilo de los que había en la libreta, que para colmo me coincidieron con los exámenes de final de carrera.

¿Y qué tal la experiencia? Porque era la primera vez que exponías, y además de manera individual.

Muchísimos nervios. Fue muy raro. Yo no pensaba que mi mundo interior le fuera a interesar a alguien, pero esto es una cosa muy tramposa porque digo yo que ¿para qué coño lo dibujé? Fue raro pero fue guay.

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Al no ser una exposición que tenías pensada, siendo dibujos que estaban en una libreta y que no tenían ese fin de ser expuestos, ¿cómo abordaste ese trabajo de exponer?

Me gustaría tener una definición mística del proceso creativo pero no es así. Para dibujar en la libreta yo hacia una foto de lo que me encontraba y luego lo dibujaba. No sé dibujar de memoria. El trabajo consistió en que de las ochocientas mil fotos que tenía en el móvil, que era un Samsung Galaxy y no sé cómo podían caber, hice una selección. Me quedé con unas cuarenta y las fui dibujando. Intentaba ir a una ilustración por día aunque a veces no podía.

Además estaba con los exámenes finales de la carrera. Como no tenía tiempo, lo hice casi sin pensar (risas). Es una lección de vida que he aprendido, hay que ir a por ello. Luego la expo funcionó muy bien, lo vendimos casi todo. Quedamos muy contentos.

Y ya le cogiste gusto y participaste unos meses después en una exposición colectiva llamada “Héroes & Villanos. Otro rollo” pero esta ya en Madrid.

Así es. Mis dibujos decoraban el escaparate del local. Hice retratos de personajes conocidos. Me gustó mucho la respuesta de la gente, sobre todo la de la gente mayor porque no les dejó indiferente. Me decían: “pues Pablo Iglesias es un cabrón” o “qué guapa te ha salido Esperanza Aguirre” (risas). Siempre despertaba una reacción. Además era la primera vez que dibujaba personas y es algo que no me gusta. Siempre lo digo, primero porque no se están quietos y segundo porque no se parecen. Yo los dibujo, me pego el curro pero no se parecen, son una versión como cuando David Lynch filma al malo de su peli que le pone un filtro raro, le marca todas las arrugas… así me quedan, caricaturas diabólicas.

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“Para que el arte sea siempre un placer y nunca un tormento, ponga su dinero donde está el talento”. Esta frase no es tuya, es de Sonsoles Brilhantes, pero es el título de otra exposición individual, nuevamente de la mano de Crótalo&Triángulo, con la que participiaste en Blurfair, la 1ª Feria de Arte Emergente de Sevilla. ¿Esta exposición cómo surge?

Esto surge tras ver una entrevista a Jeff Koons. Yo no sabía quién era pero vi una obra suya que era una tía abrazando a una pantera rosa. Investigué sobre él y vi que hacia cosas con anuncios como yo.

En la entrevista, Koons decía que usaba el arte para empoderar a las personas, que es una palabra que se lleva mucho ahora, porque cuando él iba a un museo se sentía abrumado, no se veía capaz de hacer algo similar y siempre salía de ellos pensando en dedicarse a otra cosa. Y es verdad, los museos aunque te digan que tienen una política museística de divulgación, abruman. Llegas allí y dices “joder me encanta, pero nunca voy a hacer algo así”. Y eso no debe ser. No hay que tener miedo. Una obra es arte cuando está expuesta en un contexto artístico, nada más. Basta con que expongan algo que has hecho en el sitio adecuado, no hay que tener miedo a ser artista. Lo que he hecho con esta expo es recrear esos cuadernillos de cuando éramos pequeños donde tienes que unir puntos en un determinado orden y así completar un dibujo. Mi idea era que el espectador pudiera completar la obra y así se convertiría en co-autor de una obra de arte expuesta.

Quien no te conozca puede pensar que eres una persona tímida, de hecho a mí me pareciste muy tímido, pero luego has sido capaz de subirte a un escenario y hacer un monólogo. ¿Esa timidez es un escudo?

(Risas) Eso fue por un compañero de clase que tenía o trabajaba para un local en Sevilla que hacía aquello de micro abierto. Me dijo “tú deberías probar a hacerlo” y yo, como no tenía nada mejor que hacer, pues lo hice. Al final fueron dos, al tercero no me atreví. Estuvo guay pero lo pasé muy mal porque soy muy tímido. Pero gracias a eso me abrí más y me di cuenta de que podía hablar en público y epatar con el público. Las dos veces se me olvidó el final del monólogo y me lo tuve que inventar sobre la marcha pero estuvo muy bien. Una experiencia más. La timidez es una defensa, simplemente.

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Podemos decir que el humor es una de tus señas de identidad.

A mi me gustaría ser serio y profundo pero no me sale (risas). Creo que los artistas nos tomamos demasiado en serio, ¿ves? A mi me da palo decir que soy artista. Yo digo que soy obrero del arte, porque trabajo mucho para que me salgan cosas y dibujos. Me cuesta mucho dibujar, de hecho pensaba que con el tiempo me iba a costar menos, pero no es así. Así que dibujo cosas que me hagan gracia.

Antes me hablabas de un fanzine y además en su presentación también hiciste una pequeña expo. Se llamaba Color Carne, ¿por qué?

Me di cuenta de que los sueños frustrados son de color carne, porque no tener la cera de color carne (o que te la manguen en clase) es una de las primeras malas experiencias que vivimos de niños. Pero dentro de las malas, es de las mejores, porque te saca de tu zona de confort. Y ahí es donde empiezan a pasar cosas interesantes.

Cada vez más padres y educadores se apuntan a la moda de decir que es racista. Incluso Crayola, la marca más legendaria de ceras, lo rebautizó hace poco como “melocotón”, lo que me parece una chorrada como un piano. Puede que no sea representativo, porque los únicos que tienen la piel de color carne en el mundo real son los pelirrojos. Pero el racismo nos afecta de formas más complejas y profundas que un lápiz para colorear. Digo yo.

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¿Dónde te ves o dónde quieres verte dentro de unos años?

Con 15 años me mandaron una redacción que se titulaba “¿Cómo me veo dentro de 15 años?”. La leí hace poco y lo peor es que había acertado. Me veía trabajando en algo relacionado con la publicidad o el arte. Al final he acabado haciéndolo. ¿Cómo me veo dentro de otros 15 años? Pues me encantaría que fuera como artista consolidado habiendo expuesto en una galería de arte, porque de momento he expuesto en otro tipo de espacios que no son galerías de arte en sí mismas. Eso sí, unos sitios buenísimos, esto que se llama ahora espacios mixtos. Aunque creo que no va a pasar porque para llegar ahí, hay que tomárselo muy en serio. Y también me gustaría verme trabajando como creativo publicitario en una agencia. Porque a pesar de ser un trabajo súper exigente donde no tienes vida porque no tienes tiempo, lo disfruto mucho.

¿Quieres decir algo más?

Sí. Hola mamá, espero que estés leyendo esto en tu tablet.

Félix Domínguez

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