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Hace tres años peregriné por primera vez al Monkey Week. Cogí un tren desde Sevilla y me planté en El Puerto de Santa María. Muchos me habían recomendado este festival y no se equivocaron. Disfruté como nunca y pude vivir la famosa “experiencia Monkey”. Hace tres años me convertí en un mono más (mi cara simiesca apuntaba maneras). Ahora es el Monkey Week el que viene a Sevilla y, obviamente, no voy a faltar. Nos hemos reunido con uno de sus organizadores, Tali Carreto, quien nos ha contado cómo es la vida de los monetes. 

Algo que no sabe mucha gente es que el germen de este festival surge de una revista.

Yes. Bueno, es un germen muy, muy seminal. Porque el Monkey siempre digo que es un cúmulo de casualidades y de circunstancias. Por un lado estaba la revista Freek que dio lugar al FreekFest, que aún a día de hoy pervive y que es un festival mucho más pequeño, orientado al rockanroleo y al patilleo. Luego a eso habría que unir que teníamos mucho contacto con el productor y músico Paco Loco y con Enrique Bunbury. A ellos les rondaba en la cabeza la idea de montar una especie de ATP, All Tomorrow Parties (un festival que había en Inglaterra o en Escocia que se hacía en un hotel y que comisionaban artistas) en el Puerto de Santa María. Nos hablaron de crear una primera edición comisionada por ellos y que luego cada edición la comisionaran otros artistas. Pero era una idea un poco ambiciosa. Por otra parte, conocíamos una feria de teatro que se hacía en El Puerto y que vimos que funcionaba muy bien. Traía gente de la industria del teatro que durante esos días paseaban, comían y dormían en la ciudad.

La idea al final fue unir un poco todo. Por un lado Paco y Enrique habían contactado con nosotros porque habían estado en el FreekFest y fliparon, por otro lado conocíamos esa feria y por último teníamos el vínculo con el mundo de la música gracias a nuestro festival. Dijimos “vamos a unirlo todo” y hablamos con Paco y Bunbury para crear el Monkey Week como una especie de encuentro alrededor de la música.

Hay que agradecer muchísimo a los dos (Paco sigue el pie del cañón, sigue haciendo los spots promocionales) y es como un embajador del Monkey. Enrique nos echó un cable brutal al principio llamando a puertas que, evidentemente se abrieron ante un artista como Bunbury, y echando también un cable en la promoción.

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¿De qué año estamos hablando? ¿Cuál fue la primera edición?

Hablamos de 2009. De hecho, ha sido el año que tuvimos más ayudas, el año que nos pegamos el mayor batacazo económico y el año en el que aprendimos que había cosas imposibles de realizar. Nos puso un poco los pies en el suelo. Aprendimos a tomarle la medida al festival y a lo mejor no ser tan ambiciosos e ir poco a poco y con pasitos de bebé.

Entonces, lo que caracteriza al Monkey Week que es que no es un festival sino un festival/feria profesional, ha sido así desde sus inicios.

Sí. Y de hecho, teníamos muy claro que teníamos que crear ese punto de encuentro adelantándonos a otras ferias profesionales de música en España. Estamos muy contentos de que haya sido así y haber abierto la puertecita para que existan este tipo de eventos. Había un momento en el que había festivales con ciertas actividades paralelas conectadas con profesionales. Nosotros, no es que seamos un festival con actividades paralelas sino que es un festival para profesionales pero con esa puerta abierta para el público.

¿En España se hace ahora algo parecido a lo que vosotros hacéis?

Pues tras hacerlo nosotros, justo después nació el Primavera Pro, y luego nació el BIME y todos estamos en sintonía. Fíjate que el BIME y el Monkey son partners y nos ayudamos mutuamente en comunicación, tenemos contactos… me parece que es indispensable esa sintonía, y no voy a utilizar la palabra sinergia porque mueren gatitos en Bangladesh cada vez que alguien la usa (risas).

La sintonía entre ferias profesionales es importante. Que todo el mundo tire del carro, deberíamos seguir creando esos foros de encuentro y hablar unos con otros. Debe haber una competencia sincera y leal, del cara a cara. Creo que si te interesa de verdad ayudar a la industria musical, no creo que haya lugar a la palabra competencia.

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¿No hay en los últimos años una especie de burbuja festivalera? De repente estamos asistiendo al nacimiento de una infinidad de festivales por toda la geografía española.

Sí, se puede hablar de que hay cierta burbuja. Sí que es verdad que en Andalucía, sobre todo en la zona de Cádiz, encontramos un boom, sobre todo este verano ya que han surgido propuestas muy similares.

Y además son propuestas que van dirigidas a un público potencial que por desgracia está en una situación económica digamos que complicada.

Sí pero curiosamente el público responde y es lo que llama la atención. Mientras haya público que responda y, sobre todo, una industria con los pies en el suelo, mientras que no nos vayamos a hacer castillos en el aire, yo creo que pueden funcionar, convivir y salir adelante estas propuestas.

Sí que es cierto que es buenísimo diversificar la oferta y crear propuestas cuanto más diferentes mejor. Volver a la típica fotocopia de festival, con el mismo cartel de grupos, con la misma experiencia, es un error. Esperemos que no se llegue a ese caso. Creo que vivimos un momento en el que la industria musical en vivo goza de buena salud. Y a pesar de que se hable de una industria en crisis, miras los datos y cada vez hay más conciertos, hay más bandas, el público parece que responde más. Esperemos no aburrir al público y para eso estamos los promotores intentando ser cada vez más originales y arriesgando para lanzar propuestas diferentes.

El Monkey Week sale de El Puerto de Santa María y atraca en Sevilla, como hemos podido ver en el spot publicitario realizado por Paco Campano.

Era necesario. Por una parte ha pesado mucho la logística. En El Puerto, en las dos últimas ediciones, no quedaban habitaciones de hotel ya que la propia organización pillaba muchísimas plazas para profesionales, prensa, etc. y El Puerto tiene una capacidad hotelera exigua. Por otra parte las comunicaciones: es mucho más fácil atraer profesionales a Sevilla, con una estación como Santa Justa, un aeropuerto y no estar con transfers para arriba y para abajo…

Y también es verdad que hemos tenido la suerte de encontrarnos aquí con un equipo de Gobierno que entiende el proyecto y que nos está apoyando en todo momento y están tirando del carro. En El Puerto echábamos un poco de menos esa apuesta. Ha sido un cúmulo de todo, un tema de crecimiento y luego encontrarte con los brazos abiertos y las ganas de apoyar lo que hacemos.

Este año va a ser la prueba de fuego. Entendemos que a no todo el mundo le cayó bien la noticia. Entendemos que para la hostelería en El Puerto ha sido un trago duro pero también para nosotros no fue nada fácil tomar la decisión. De hecho hay una propuesta de hacer un Monkey en El Puerto, mucho más orientado a la diversión y al ocio y no tanto a la parte profesional, en junio seguramente. Y estamos esperando que las instituciones locales de El Puerto de Santa María den un paso al frente. Esperemos que sí, la verdad es que hay interés.

Venir a Sevilla es mantener la esencia, nosotros decimos la frase “cambia el frasco pero no la esencia” y la idea es replicar la experiencia Monkey en un entorno como el de la Alameda de Hércules. Un entorno que sigue teniendo bares, gastronomía y espacios escénicos poco habituales. Si allí teníamos el Muelle del Vapor, aquí vamos a tener la Torre de Radiópolis o el espacio Santa Clara en lugar de las bodegas.

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Hay que luchar contra esa frase que llevamos meses oyendo desde vuestro anuncio del cambio de ciudad de “el Monkey va a perder el encanto”.

Más que luchar por mantener el encanto, la gran mayoría de público del Monkey ha conocido El Puerto a raíz del festival y no a la inversa. Ese tipo de público, cuando llegue aquí, también se va a quedar bastante sorprendido con la propuesta. El Monkey sigue siendo un festival urbano, un festival de calle, un festival para vivir la música en sala, bares y vivirla a pie de calle. Vale, ahora no vamos a tener las pavías del bar X pero vamos a tener los montaditos del bar Y. Nuestra intención es esa y creo que a más de uno se le van cambiar las reticencias. De hecho, durante los últimos meses, hemos notado que mucha gente reticente ha empezado a cambiar. Va cambiando la predisposición y lo estamos notando tanto en la venta de entradas anticipadas como en profesionales.

Y hablando de cifras, ¿cuantos artistas vienen?

Este año vienen 157 bandas contando con toda la programación oficial pero luego hay actividades paralelas que suman más. Por ejemplo, tenemos el escenario Leaozinho que es en el barrio de las 3000, un escenario fuera del circuito del Monkey, en un barrio marginal en colaboración con la ONG Leaozinho. Una ONG que nació como proyecto de escuelas musicales en favelas de Rio de Janeiro y que ahora se está instalando en las 3000, en el centro cívico El Esqueleto. Total, que entre unas cosas y otras tendremos a algo más de 160 artistas y superaremos las 200 actuaciones.

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¿Y eso cómo se come? Cuales son los canales por donde os llegan tantísimos artistas? Porque 160 son los que tocan, fuera se habrán quedado muchos más y, hablando de bandas y artistas “emergentes”, es imposible que los conozcáis a todos.

Hay una convocatoria oficial de Monkey Week que se abre para el circuito de showcases. Este año hemos recibido más de 400 propuestas y de ahí han sido seleccionados todos aquellos que participan en el circuito de showcases bajo una bolsa de condiciones que es: una bolsa de viaje de 250€, acreditaciones profesionales para todos los músicos, uno o dos showcases, backline…

Luego hay una serie de instituciones que presentan misiones comerciales con artistas: Baleares con el Institut d’Estudis Baleàrics (IEB) o Murcia a través de Región de Murcia. Córdoba a través de la Diputación presenta a tres bandas a través de un circuito que se llama Música Preventiva o el Gobierno Vasco a través ha creado una propuesta que se llama Basque Music y presenta tres bandas vascas.

Luego están los artistas que el Monkey contrata que son esos caramelitos que sirven para llamar la atención de medios y de profesionales y también está una serie de propuestas que se diseñan en colaboración con salas o sellos discográficos.

¿Cuál es la tendencia musical que habéis observado este año?

Llama mucho la atención el cambio de un año a otro en cuanto a géneros. Los últimos dos años ha habido mucho garajeo, se había puesto de moda y muchas de las propuestas eran de ese estilo. Este año, en cambio, ha entrado mogollón de electrónica, muchísimas propuestas. Tantas que hay una programación casi en exclusiva de electrónica en la sala Kafka. Y se han quedado fuera muchos más. La gente ha abandonado las guitarras por los cacharritos.

Con esas cifras y todo lo que hay que organizar, programar… ¿Cuánta gente trabaja en el Monkey Week?

Increíblemente el núcleo duro somos tres: Cesar Guisado, Jesús Guisado y yo. Según se va acercando la fecha va entrando más gente. A tres meses vista entra Emilio Cascajosa y Olatz de Solaeche que se encargan de la parte profesional. A dos meses vista entran Miguel Astorga y David Fernández que se encargan de producción y de producción técnica. Empieza a crecer más y ya entra Juanma Ríos que se encarga de producción en salas. Y crece y crece hasta que llegamos a ser durante el festival más de 100 personas. Somos una gran familia.

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Para la mayoría de los mortales, ver un concierto o asistir a un festival es un disfrute pero para los que lo vivís desde dentro, los que programáis, los que os lleváis todo el año preparando un evento como este ¿cuáles son los momentos que disfrutáis? Porque intuyo que conciertos veréis muy pocos durante el Monkey Week.

Yo tengo partes que disfruto. Una de ellas es en la que recibes propuestas y te entran esos nervios de “hostia ha entrado este grupo al que le tenía echado el ojo” o “madre mía cómo suena este grupo que no tenía ni idea de que existían”.

Hay algo que es indescriptible y es cuando vas comiendo mierda a cucharazos (que es una frase muy nuestra en el Monkey), cuando vas con todo tipo de problemas, momentos de crisis tremendas, hasta el punto de plantearnos suspender, ir camino a una reunión interna con ese runrún en la cabeza y encontrarte con gente por el camino que te da un abrazo y te dice “cómo me lo estoy pasando”. Ahí es cuando se te pasa lo de suspender y piensas “igual estoy magnificando esto y la gente en realidad se lo está pasando bien” (risas). Esos momentos también los disfrutas. A pesar de que creo que no he visto un puto concierto entero en el Monkey… jamás.

Y aunque no veo ningún concierto entero y te comes muchos marrones y quejas, que es normal con tantos conciertos y tantas jornadas, el nivel general de satisfacción que se palpa es lo que nos da la vida. Esa sensación de calor, de todo el mundo feliz… El año que vino Hola a todo el mundo, teníamos una coña en el Monkey que era Hola a todo el mundo todo el rato (risas). Esa sensación de hola a todo el mundo todo el rato quieras o no, te da un montón de satisfacción y fuerzas para tirar hacia delante y aguantar hasta el domingo.

También hay un momento que me gusta que es el post Monkey, el domingo, el momento en el que nos reunimos todos los trabajadores. Donde todos nos vamos contando anécdotas y, sobre todo, nos vamos contando unos a otros los marrones y los fuegos que cada uno ha tenido que ir apagando y que el resto lo mismo no se ha enterado porque estaba con lo suyo.

La verdad es que la onda general del Monkey es de muy buen rollo. De hecho tenemos muy pocos haters en redes sociales, con la de mierda que se tragan otros festivales. Esperemos que siga la cosa así.

¿Cuántas baterías de móvil gastas durante el Monkey?

Mi cargador de móviles tiene tres cargas y lo tengo que cargar unas cuatro veces al día. A parte de cargar el móvil, claro.

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¿La pista de coches locos y el sótano para los conciertos garajeros serán los caramelitos de este año?

En cuanto a espacios los highlights van a ser tres, la pista de coches de choques de la Sala X y Happy Place que estará en medio de la Alameda de Hércules, el garaje del espacio Jaggermusic y el Espacio Santa Clara. La gente de la parte profesional se va a quedar muy loca cuando vea el escenario debajo de la Torre Don Fadrique, el desayuno en el refectorio de las monjas…

Pero también tenemos espacios que van a llamar mucho la atención como la Torre de Radiópolis, o cuánta gente va a entrar por primera vez en el Ítaca o en la Holiday. Va a pasar como ocurrió en El Puerto, la gente no conocía la terracita del bar Santa María hasta que no hubo conciertos allí y subieron esa escalerilla. La gente no conocía el bar La Gaviota. La gente en Sevilla va a conocer espacios similares. La gente no conoce El Jueves, tú mete a los guiris de las jornadas profesionales en El Jueves y luego que se tomen una cerveza en el Vizcaíno, van a flotar (risas).

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