Raúl Pérez, De oeste a este

Entrevista: Ana Carretero // Fotos: Miguel Jiménez

 

La Mina - Maasai Magazine

Con Raúl Pérez compruebas que para grabar un disco hay que tener muchas más aptitudes que las meramente técnicas. Descubres que puede haber relación entre el movimiento de muñecas de un batería y sus dotes culinarias. La profesión unas veces obliga a ser un poco psicólogo y otras a convertirse en un maestro alquímico inmerso en un auténtico viaje hacia el origen de los ancestros.

Su estudio, La Mina, se ha convertido con los años en el centro de operaciones desde el que se cocinan algunos de los mejores discos del año (reconocidos por público y crítica). Por citar ediciones recientes, ‘Voces del Extremo’ de Niño de Elche o ‘Rugen las Flores’ de McEnroe son buenos ejemplos de su trabajo. Aunque la lista de artistas que han pasado por La Mina es nutrida y diversa: desde Los Pony Bravo a Maika Makovski o desde los Orthodox a I am Dive.

Entrevistamos a Raúl justo antes de que se mudara de su mítica Mina, en Valencina de la Concepción (Sevilla), a la que él mismo llama La Mina 3.0, en Torrequinto (Alcalá de Guadaíra). Un cambio de ubicación del oeste al este sevillano, que a bien seguro marcará un nuevo rumbo para este estudio ya emblemático. Habrá que estar atentos a los designios de su carta astral.

¿Cuál fue el primer disco que grabaste?, ¿cómo recuerdas la experiencia?

El primer disco que grabé y se editó fue el de Pony Bravo, el de ‘Si bajo de espaldas, no me da miedo’, en 2006.

Bueno, maquetas sí había grabado antes, un montón. Sobre todo de mi grupo de Córdoba, pero como disco disco, el primero fue ese. Fue una grabación muy particular porque fue en El Palmar de Troya y lo recuerdo con cariño especial. Yo acaba de conocer a esta gente y me encantaba el grupo. Ellos también tenían un montón de ganas de grabar. Lo propio también de la emoción del primer disco. Querían que fuera incluso doble. Llegamos allí como con cuarenta canciones casi. Eran sesiones muy largas en las que perfectamente llegábamos a hacer cincuenta tomas de un tema.

Por ejemplo, en el disco hay una que se llama ‘Lolita’ y la versión que finalmente se quedó fue la toma cincuenta y cuatro. Está mezclada directamente en el momento de la grabación, después ni siquiera la tocamos. Una burrada, vaya. Con cualquier grupo que grabo lo normal son cuatro o cinco, pero fuimos allí con un montón de energía y fue un mes muy intenso.

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¿Siempre pensaste que ibas a tener tu estudio propio o se te pasaron otras cosas por la cabeza cuando estudiabas?

Siempre he tocado en grupos, en Córdoba y en Sevilla, y en 2003 o así tenía un bar en Córdoba: El Bola, muy mítico, en el que programábamos conciertos y, básicamente, todo lo que ganaba en esa época en el bar lo dedicaba a comprar equipo para grabar a los grupos que tenía en ese momento.

El propósito final era pincharlo en el bar. Como mucho se subía a Myspace, que era en donde se ponía en esa época. Allí la mayoría de los grupos eran muy amateurs porque les pagábamos 200 o 300 pavos y se quedaban en Casa. Y uno de los grupos que trajimos fue Renochild.

Fue ahí cuando conocí a gente de los que después serían Los Pony y The Baltic Sea. Después, cuando vine a Sevilla a estudiar, retomé el contacto con ellos y empecé a tocar. Lo de montar el estudio fue el proceso natural que empezó en Córdoba. Cada vez grabas más y te acabas profesionalizando.

¿Y cuándo surge La Mina?

Antes del local del Polígono Majaravique ni siquiera tenía una ubicación física. En la época del primer disco de los Pony grababa por los locales. Tenía una especie de equipo portátil. Yo siempre había querido huir un poco de ese tipo de estudios más clínicos y me apetecía el plan de buscar una casa, un lugar más cómodo, informal, en el que las grabaciones fuera una especie de convivencia o algo así. Encontré la casa en Palomares y ya he ido ampliando equipo, que es la razón por la que he ido cambiándome a lugares más grandes.

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¿Tenías alguna referencia en la cabeza?

Mis referentes son los estudios americanos. El sonido inglés se relaciona con algo más pulido. Claro, es producto de las instalaciones, herederas de los grandes estudios anglosajones, de Abbey Road, que es otro enfoque y yo me decanto más por el modelo de EEUU.

Además de toda la gente de K Records, que tiene el rollo de los estudios americanos basados en montártelo en cualquier sitio y en donde la parte técnica pasa a un segundo plano, la experiencia de grabar en 2006 el disco de The Baltic Sea con Paco Loco en su estudio de El Puerto de Santa María, de poder convivir, alojarte allí, me gustó mucho.

Cuéntanos cómo es la nueva Mina, la Mina 3.0, como la llamas tú, ¿es una renovación en toda regla?

Hace dos o tres meses me dieron la noticia de que habían vendido la casa en la que estamos. Yo ya había estado mirando opciones porque este espacio se nos estaba quedando un poco pequeño. Cuando me comentaron la venta, me planteé incluso si mudarme de ciudad, aprovechando la coyuntura. Barajé Granada, Madrid o fuera de España.

La casa de la nueva Mina apareció y realmente era lo que estaba buscando. Es un sitio parecido, pero es una especie de casa nórdica, incrustada ahí en mitad de Torrequinto. Me paso del oeste al este de Sevilla (Risas).

El sitio tiene buenísima pinta. Es mucho más grande, tiene 600 metros cuadrados. La anterior tiene 250 metros cuadros. Es un espacio enorme con techos a doble altura, algo que da muchísimas posibilidades. Tiene más espacio para alojamiento.

Aprovechando que tiene otra distribución, con la gente de Telegrama Cultural, nos gustaría de hacer cursos, talleres o residencia de artistas. Es un lugar apropiado para este tipo de cosas.

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¿Sueles renovar equipo muy a menudo?, ¿es necesario renovar para ser más competitivo respecto a otros estudios o eres un poco adicto a los cacharros?

Sí que es verdad que me gusta mucho buscar juguetes que te permiten ampliar las posibilidades del sonido de una canción o darle matices. Es muy fácil ser adicto a esto. Nunca terminas de completar equipo, no hay fin. Hace poco me compré mi cuarta batería. Aunque sea una batería, no es lo mismo lo que le puedas sacar a una u otra. Por ejemplo, está grabando una banda y te dice: “esto mola, pero si tuviera un bombo de 24” igual conseguíamos otro rollo”. Claro, quieres tener todas las posibilidades a mano y facilitarlas. Y las posibilidades son infinitas, así que no terminas nunca.

Yo he tenido rachas y he intentado quitarme. A veces ves algo y necesitas comprarlo. Piensas en ese momento que vas a cambiar todo el sonido de lo que hagas, luego no es así en realidad.

Ansia viva…

Sí, eso, ansia viva (Risas). La verdad es que ayuda a que tu trabajo no sea siempre igual. Cualquier productor, cualquier estudio y por lo menos, los que a mí me molan, escuchas discos diferentes y el sonido va cambiando. Tú escuchas discos de Steve Albini de hace quince años y de ahora y notas miles de cosas.

¿Cuáles son tus joyas de la corona del estudio?

Sin duda a lo que más cariño le tengo es a los micros.

Tengo un micro, un Neumann U-47, que es mítico, el típico de las portadas de Sinatra. Es un micro del año 53. Son cosas que no son fáciles de encontrar, son caros e imprimen un carácter muy peculiar a los voces. No hay dos micros que suenen igual, eso es así. Es fácil encariñarse con ellos.

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Siguiendo con el tema, ¿cuál es el cacharro al que tienes echado el ojo y no te deja dormir por las noches?

Hace tiempo que quiero pillar unas ecualizadores que se llaman Tube-Tech, que son de válvulas así un rollo muy clásico y que hacen que todo suene bien.

En un estudio, ¿qué parte de responsabilidad es del equipo y qué parte de la persona?

Yo siempre he intentado tener mejor equipo, que en esa cuestión no hay ningún secreto. En Internet hay un foro de productores y todo el mundo escribe ahí, hasta los más míticos. Dentro de ese foro, hay un apartado que viene a llamarse en inglés: “más equipo, menos tiempo”. Más allá de que querer sonar mejor, que es importante, tener un determinado equipo te hace ahorrar tiempo y eso es fundamental.

Sabes que si cuentas con tal previo o tal micrófono, a la hora de mezclar, en vez de tardar una hora en que la aguja esté donde tiene que estar, se tardan cinco minutos. En el sonido influye, pero sobre todo en el tiempo a la hora de trabajar. Para mí eso es imprescindible, ya que con grupos independientes o más del underground nunca hay mucho tiempo.

¿Cuáles son los productores que más te gustan?

A parte de Tony Visconti que lo conoce mucha gente por los grandes clásicos y discos míticos, así más contemporáneo, el tío que más me mola se llama Nick Launay, que es inglés y es el que ha grabado los discos de Nick Cave, PIL, Gang of Four, Arcade Fire, etc. Ha grabado cosas muy diferentes, pero sí son reconocibles en la forma de trabajo.

Hace poco me enteré que el tipo vivió hasta los 18 años en un pueblo de Málaga, en Frigiliana, porque sus padres eran unos hippies que querían vivir cerca de Marruecos, así que habla español. Siempre he tenido la cosa de escribirle y proponerle algo. Este tío para mí es de lo mejor, bueno luego también Calvin Johnson.

De aquí, Paco Loco es una referencia, claro.

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¿Crees que los grupos que graban en La Mina tienen un toque, una especie de sello de calidad de la casa?

Yo no busco un sello de identidad reconocible. Sí es verdad que poco a poco la gente me va diciendo: “tío, pues escuché el disco de Maika Makovski y reconocí el sonido del salón, la sonoridad de La Mina”. O no sé, “en el disco de McEnroe la caja se nota que la has grabado tú por esto y esto otro”. Muchas veces son los propios músicos, que a lo mejor ya conocen el equipo o han grabado aquí.

Es cierto que gente como Paco Loco, por ejemplo, pues tiene unas características, ese sonido saturado y más comprimido, que lo hace reconocible, pero lo interesante es ver cómo ha ido cambiando el sonido en los distintos discos que ha grabado en diez o quince años. Ahí se ve el trabajo.

Por ejemplo, Nick Launay, no es nada reconocible. Tú escuchas el disco de Arcade Fire y el de Nick Cave y no va a haber nada en común, y sin embargo todo está en su sitio, es perfecto.

¿Qué grabación te ha supuesto un mayor reto?

Gente que ha grabado antes con productores que me gustan y a los que admiro. No sé, Maika Makovski había grabado con John Parish el disco de antes y te pone un punto de partida muy alto. Te motiva en ese sentido.

También grabo a grupos muy raros como Pylar. Realmente el reto está en que no sabes muy bien lo que te vas a encontrar. Son grabaciones muy rápidas y te toca manejar el monstruo un poco a ciegas (Risas)

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¿Y la más rara?

Claramente Pylar, en donde ni siquiera soy el técnico de sonido, soy un maestro alquímico. Era un viaje astral o cósmico y te tienes que dejar guiar. A mí me tocó una carta del tarot y ya está, tu viajabas. Fue divertido.

En el último disco hay un único tema de 45 minutos. La verdad es que trabajar con algo así es muy guay. Te pones a mezclar y es casi como verte una peli.

¿De qué disco te sientes más orgulloso? Ya no sólo a tema de sonidos, sino incluso de la experiencia. No sé si te pondré en un aprieto.

En relación al sonido, el de Marina Gallardo, el ‘This is the sound’. También el segundo de los Pony Bravo, ‘Un gramo de fe’. Son dos cosas diferentes entre sí y ambas creo que tienen un sonido muy propio y tuve tiempo para trabajar. Me quedé contento.

Ahora mismo, el tiempo es un problema. Hace cuatro años, los discos se grababan en un mes y ahora la media son cuatro días. Tus expectativas siguen siendo las mismas, quieren que suenen muy bien. Hace quince años eran tres meses, en fin.

Por la experiencia, cualquier disco de McEnroe.

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¿Qué consejos les darías a una banda antes de venir a grabar?, ¿te llega la gente muy desorientada?

En mi Tumblr precisamente hice una entrada en clave de humor sobre consejos prácticos de qué hacer antes de venir o cómo enfrentarte a una grabación. La verdad es que quedó divertido, recomiendo la lectura.

A mí lo que me gusta es que las canciones estén trabajadas, que es lo que te permite en el estudio aprovechar el tema y sacarle brillo.

¿Y cómo te documentas? Viendo los artistas que han pasado por La Mina hay cosas muy diversas.

Hay una fase de pre-producción en la que les pido que me pasen si se han grabado algo en el local, qué les gusta, etc. En esa fase ya tengo decidido más o menos qué sonido podemos imprimirle al disco. Cuando llegan, ya tengo claro los amplis, la batería, los micros. Eso no quiere decir que en la propia grabación la cosa derive en otra historia. Sí que parto de un sonido que tengo en la cabeza, tengo un esbozo o un enfoque desde el que trabajar.

Aquí con los grupos escuchamos mucha música. Viene bien para desconectar cuando no estás grabando, viene bien comparar canciones  de otros grupos. Escuchar lo que de verdad haces y lo que te gustaría hacer. Ahí realmente se hacen labores de productor.

Muchas veces los grupos quedan para ensayar, pero no quedan para escuchar música. Resulta que cuando llegan aquí y hablamos, uno quiere que suene a heavy de los 80 y el otro a sonidos más modernos. Y aquí opinan y entran en disputa. Normalmente hay acuerdo.

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Te conviertes en una especie de mediador…

Sí, la labor de mediador yo diría que es básica. Depende del productor, claro. Ser un dictador es más rápido. (Risas)

¿Y te da tiempo a escuchar música por gusto?

 Mis vacaciones las dedico a escuchar música, sí (Risas).

¿Compra discos el productor?

La verdad es que no, salvo cosas muy especiales. Me suelen regalar los que graban. Tengo poco apego a cosas materiales. No amontono ni discos ni libros. Los libros los suelo regalar. Voy mucho a conciertos, muchísimo e invierto en instrumentos, acumulo eso. Reconozco que desde que puedo escuchar toda la música a través de Internet, compro poco.

Mi padre siempre ha tenido muchos discos en casa porque si quería recurrir a una canción, era la única forma. Sabiendo que en cualquier momento accedes a lo que te apetece o necesitas escuchar…

Así las cosas, ¿qué opinión tienes respecto al futuro del formato físico?

Siempre va a haber gente que quiera formato físico y se editaran pequeñas ediciones o ediciones limitadas, que están funcionando muy bien. Está surgiendo una especie de mercado de compra-venta que podría asemejarse más al rollo del arte contemporáneo. Al final las ediciones serán para unos pocos y se revalorizarán. La industria se va a desarrollar por Internet, ya lo estamos viendo.

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¿Y qué sellos te gustan más?

La forma de currar de Discos Humeantes, en España, me gusta mucho. En Sevilla, Knockturne Records. Fuera, K Records.

¿Miedo al productor de dormitorio? Cada vez más gente graba en casa.

Si quieres algo que suene a nivel profesional, finalmente vas a un estudio. Hombre, el Lo-fi ha existido siempre y las cosas que hacen gente en casa con grabadores multipistas tienen su gracia. Si quieres un concepto de disco mejor, siempre va a hacer falta alguien que sepa hacerlo.

Cada vez hay más propuestas musicales y parece que se graban muchos discos. Proporción inversa a la venta. Yo me imagino a la gente con cajas llenas de discos debajo de la cama.

Claramente se graban más discos que público que pueda asumirlo, la verdad. Yo creo que cada vez hay más bandas. No todo el mundo quiere profesionalizarse y hacer carrera. Hay bandas que quieren grabar sus canciones, dejarlo registrado por puro placer.

Sí que hay mucho que te sacan seis o siete ediciones en un año y no venden más de cuarenta copias, pero no sé. La finalidad no es vender. Es desarrollarte a nivel artístico, sentirte mejor. También ahora es más barato grabar que antes, tiene menos costes. Todo eso invita a sacar más material.

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Pregunta obligada, y un poco ‘machacona’, ¿cómo ves el panorama musical en Andalucía?

Yo creo que Andalucía se ha vuelto más extrema en lo que ha música undeground se refiere. Lo que era el indie hace años casi es mainstream y al margen hay una serie de propuestas mucho más desconocidas, raro y sin lugar a dudas extremo. Los grupos de Knockturne Records son un ejemplo de eso. No sé, los Chin Yi en Granada también.

La última pregunta va a ser de tipo gastronómico. Sé que montas un concurso anual del mejor plato cocinado en La Mina y el premio es nada más y nada menos que un jamón de tu tierra, ¿qué banda o músico es el mejor cocinillas que ha pasado por La Mina?, ¿hay Topchef o Masterchef del underground patrio?

Está bastante disputado, eh, pero te diré que suelen ser los baterías los más cocinillas. Tendrá que ver con el juego de muñecas (Risas).

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