El viaje subterráneo de Pinocho Detective

Entrevista: joaquín DHoldan // Fotos: Miguel Jiménez

En el año 1990 Alain Gay publicó el ensayo “Cómo convertirse en alguien” sobre “Pinocho” la famosa historia del autor Carlo Collodi. Al parecer no fue el único que vio profundidad en ella. Por ejemplo, el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española decía que “el camino correcto se alcanzaba a través del conocimiento y la sabiduría. Lo que había sido un tronco de madera y luego una marioneta, se convirtió finalmente en una persona real, tras superar las adversidades que se le presentaron”. Carlo Collodi era masón, y pudo pretender, a través del cuento de Pinocho, una alegoría sobre la formación de las personas basada en el honor, la verdad y la virtud. Es curioso que el personaje trascendiera como el mentiroso más famoso y fácil de descubrir. O que luego su obsesión por ser “un niño de verdad” pasara por encima de milagro de estar vivo. Esta sensación de ambigüedad y sorpresa es la que nos espera cuando escuchamos a “Pinocho Detective”, por debajo de sus hermosas melodías hay una profundidad extraña y atractiva. Para conocerlos en profundidad viajamos con ellos en metro.

Siempre me dio curiosidad el nombre de la banda, ¿por qué Pinocho Detective?

Es de un libro de primaria, para aprender a leer, había distintos cuentos, textos cortos y uno de ellos era Pinocho Detective. 25 años después se me vino a la cabeza.

Pero está claro que tiene relación con la “filosofía” del grupo.

Desde luego no es un nombre para una banda de rock duro (risas), sí tiene ese puntito de juego de ideas, un detective que miente, alguien que debe encontrar la verdad.

Conocí a la banda en un disco de hace unos años en Plataforma Sevilla Sound.

Si, el 2008 por ahí, ¿no?

Naturaleza y sociedad era uno de mis temas favoritos del disco. ¿Les han dicho que parecía una referencia clara a The Smiths?

Y era la menos Smiths de todas (risas). Pero son varias cosas que pueden hacer sonar a una banda que escuchas por primera vez y compararla a otra que tengas más presente. La forma de cantar, las guitarras, son muy Johnny Marr, muy arpegiadas, no son nada típicas, en eso son muy The Smiths. Pero tampoco es un grupo que hayamos escuchado hasta la saciedad, ni mucho menos.

A veces un timbre te da una referencia inevitable, pero has visto que yo canto casi como hablo, no es una voz impostada.

Es una voz blanca.

También me han comparado con Paul Heaton, el de los Housemartins. Supongo que hay algo más inglés que americano.

¿Cómo fue la génesis de la banda?

Nos conocíamos desde hace muchos años, estábamos en distintas bandas (Blusa, Monoplaza), compartíamos sello y nos conocimos así, en conciertos, ensayos, grabaciones. Colaboramos alguna vez.

Fran: Ahí me fui a Francia a trabajar, tuve mucho tiempo para escribir canciones y al volver, yo estaba en solitario porque el grupo anterior se había disgregado, tiré de ellos. Les mostré una maqueta que hice en el ordenador portátil de mi compañera de piso que no tenía ni micrófono, de hecho se escuchaba el motor de ordenador, con el programa Garageband. Venía curado en salud de grupos con muchos miembros, tenía claro lo que prefería, por eso hicimos un trío y ahí empezamos a funcionar. Poner a más gente de acuerdo era complicado.

¿Ustedes que vieron en las canciones?

Conocíamos a Fran como músico y ya nos gustaba de antes. Blusa era otra propuesta diferente. Veníamos del post rock y esto iba por otro lado. Su forma de componer ya nos gustaba con Monoplaza. Era un salto.

¿Y luego?

Hubo un cambio de batería, entró Antonio y finalmente hace un año Israel.

La vida privada de Pinocho Detective es el primer trabajo largo pero había muchas canciones desde antes. ¿A qué se debió la espera?

Nosotros queríamos hacer canciones que sonaran muy bien. Queríamos trabajar en las mejores condiciones. Con Jordi Gil. Con todo muy pensado. Por suerte o por desgracia, todo lo costeamos nosotros…

Un grupo indie que de verdad es indie.

(Risas) Eso mismo. No tenemos ningún tipo de presión pero claro, empezamos por hacer EPs: Primero uno de tres canciones, no con Jordi, con otro productor, luego uno de cuatro, Esto no es música para un sábado en el 2010 y Memorias de un pez (con cinco temas) en 2013. Pero había muchas ganas de hacer el largo porque uno le pone todas las ganas a un EP pero luego, a la hora de la promoción parece que estamos mostrando una maqueta y en nuestro caso tenía el mismo curro, ensayos, arreglos, horas de estudio, no grabamos nada porque sí. Todavía tenemos en la mente el concepto de álbum, eso todavía no se ha ido.

¿Cuáles son sus referencias nacionales e internacionales? Porque hay una interesante dificultad a la hora de etiquetarlos, llegué a leer por ahí que hacen Post-pop. ¿Qué genero los identifica más? ¿Qué música escuchan?

Fuera de la península, clásicos: pop-rock francés y por supuesto británico y, algo menos, rock y pop americano (bendito Brian Wilson). El espíritu nacional viene alimentado sobre todo por las letras: Nacho Camino, Antonio Luque o Chencho Fernández…

Escuchamos de todo. Música pop sobre todo, clásica bastante, supongo que eso se verá en nuestra música, sobre todo en nuestra predilección por hacer arreglos con cierta complejidad. En cuanto a las letras, hay muchas canciones pop con letras muy profundas. Pienso en Nacho Camino, Sr. Chinarro. Lo que buscamos es que lo complicado suene sencillo, tanto en letra como en música, en el sentido es que te llega a la primera o segunda escucha, es pop, pero no es fácil, tiene una armonía trabajada y una letra con matices. En ese aspecto Pinocho Detective tiene poco que ver con grupos más clásicos. Hay modulaciones, acordes raros, cuanto más escuchas te va llegando más información. No se trata de que a la primera no llegue nada porque perdería sentido, pero tampoco que se quede allí. Con más escuchas se van sacando cosas.

¿Qué evolución marcarían del primer EP al disco actual? Cuando escuchan el largo. ¿Es el grupo que soñaron?

Una primera maqueta, con canciones a las que tenemos verdadero cariño y que todavía seguimos llevando en el repertorio, y un recién publicado primer largo -del que estamos extremadamente orgullosos- marcan el alfa y la omega de un alfabeto discográfico que no queremos dejar de ampliar. Me atrevería a decir que, después de estos años, la esencia permanece íntegra aunque las calidades sonoras, el tiempo invertido y la pericia adquirida han conseguido poner más en relieve la realidad que sólo unos pocos veían allá por el principio de los tiempos y que ahora muchos no quieren dejar pasar de largo.

Definitivamente cada disco que grabamos nos hace sentir mejor. Una vez más hemos entregado cuerpo y alma.

Se nota mucho el cine y su influencia ¿Qué directores les gustan y películas y libros?

En el disco hay unas cuantas alusiones: Milana Bonita, La Parada de los Monstruos y alguna más que ahora mismo se me escapa. Muchas personas musicalmente viven en los antípodas de otras y, mutuamente, se desconocen perfectamente. Pero el séptimo arte tiende puentes universalmente infinitos. Me gusta pensar que gente muy alejada de nuestra música pueda disfrutar al igual que yo de un mismo momento cinematográfico, aunque sea por pura casualidad y a destiempo. Por eso estas canciones están dedicadas a aquellos que jamás las escucharán.

Una de las películas que más me turbó fue Ordet (La palabra) de Dreyer. Tal como terminé de verla, absolutamente sobrecogido, la puse de nuevo, y eso nunca más me ha vuelto a ocurrir. En cuanto a libros, soy muy de Stefan Zweig. Como francófilo recomiendo su biografía sobre Fouché, un taimado personaje de la revolución francesa y época posterior que bien podría ser antepasado del mismísimo Zelig. Todo un camaleón.

Si tuvieran que definir una característica de cada integrante: Fran Pedrosa, Daniel Baraja, Antonio Ortiz e Israel Diezma y su rol en la banda.

Israel Diezma fue el último en incorporarse al grupo para grabar La vida privada de Pinocho Detective. Su misión era la de dar empaque a la formación y hacer más comprensibles unas canciones ciertamente complejas. Tiene mucho criterio, horas de vuelo y sabiduría a los pedales. A veces pienso que el amigo profesional es él y no yo (Fran).

Daniel Baraja ha llevado sobre los hombros, y hasta hace poco en soledad, el peso de unas armonías a veces infernales, todo aderezado con una relación de amor-odio con su preciosa guitarra Fender Jaguar del año catapún con la que configura el personal sonido de Pinocho Detective. Como breve pincelada final de su personalidad diré que tiene más gracia todavía cuando no se lo propone.

Antonio Ortiz, además de excelente baterista, es la cara amabilísima del grupo. Ha trabajado considerablemente por hacer que la banda fuera escuchada más allá de las cuatro paredes de su lugar de ensayo. Imposible no quererlo.

Fran- Y de mí no voy a hablar porque mentiría.

 ¿Qué tal ser teloneros de Nacho Vegas?

Un regalo de La Suite que no digo yo que no mereciéramos. Estas actuaciones dan vida, el público te escucha con otra disposición, diría incluso que con mejores oídos. Entonces es cuando encuentras por unos fugaces instantes tu lugar en el mundo.

¿Cuál es la situación de la cultura según vuestra visión? ¿Y la escena under? ¿Se ven como parte de ella?

Sobrados andamos de propuestas e ideas. Si en concreto hablamos de música, en la actualidad hay verdadera y abundante calidad. En ese sentido atravesamos un momento inversamente proporcional al que vive el negocio musical. Es difícil siquiera subsistir del trabajo honesto y hecho con amor. En cuanto al concepto underground, no lo controlamos más allá de esta entrevista que nos hacéis en el metro. Si se trata de dinero, todo el que financie su propio trabajo es un underground, un indie o un como-quieras-llamarlo.

De toda vuestra obra, ¿hay algún tema que los representa? ¿Si tuvieran que elegir?

A ver, ¡si todo es muy Pinocho! Quizá L.A. y San Francisco, un tema que bien podría aparecer en cualquiera de nuestros discos.

Volviendo a La vida privada… hay una atmósfera especial en el disco. Los temas te pasean por diferentes sensaciones. ¿Cuáles les despiertan a ustedes?

Supongo que la atmósfera se termina de perfilar cuando hay suficientes canciones; un “larga duración” permite modelar la sensación de la que hablas. Salvo excepciones, uno es optimista dentro de esa cierta tristeza intrínseca a la naturaleza de nuestras canciones. Para mí tiene mucho valor – en todos los sentidos- ser amable en situaciones difíciles. El humor está omnipresente en el discurso aunque también alguien pueda dudar: ¿no se tratará de una broma? En absoluto.

¿Cómo fue el proceso de componerlo? ¿Dejaron temas fuera?

El camino ha estado, como de costumbre, repleto de dudas y de idas y venidas sobre nuestros propios pasos. La opinión de alguien ajeno se torna importantísima porque una vez perdida la perspectiva, ya no se sabe muy bien qué es valioso y qué no. La selección del repertorio la hicimos con Jordi Gil, nuestro maravilloso productor, y cuando finalizamos la grabación en su totalidad, hubo un corte que se quedó fuera del disco porque no lo encajábamos con naturalidad. Por otra parte, el tema tenía suficiente enjundia y autonomía para ser lanzado en solitario en cuanto lo creyéramos oportuno, algo que está por cumplir. Todavía dudamos si acertamos. Su título es Luna de Valencia; igual estábamos justo allí cuando decidimos no incluirlo.

 ¿El videoclip y el single tienen algo de paródico, de definición del grupo?

El magnífico y dinámico clip de Sólo sé que no sé nadar cortesía de Caro Cebrino, fue por zanjar la cuenta pendiente que tenía con todos los amantes de mis bailes. Una forma de bailar que resulta ser uno de los elementos más definitorios de mi personalidad y que va muy acorde con la idiosincrasia de Pinocho Detective. De nuevo una broma totalmente en serio o viceversa. La expresión corporal y la letra del tema son dos lenguajes transmitiendo las mismas emociones a un tiempo. Una versión bilingüe, vaya.

Uno de los temas que más me gusta es La parada de los monstruos son canciones muy urbanas. ¿Recordáis cuando nace ese tema? y del proceso creativo en general ¿cuál es el disparador más común? ¿Primero la letra y luego la música?

Interminables años sufriendo el bus urbano daban para escribir, sin lugar a dudas, todo un libro de reclamaciones. Finalmente opté por redactar una sola hoja en forma de tonada. Me supe con derecho, sabía de lo que hablaba. Mi admiración por Serge Gainsbourg y su Poinçonneur des Lilas terminó de convencerme.

Siempre me he considerado músico antes que letrista por lo que primero empiezo a esbozar una canción a partir de una melodía a la guitarra. La extraña armonía y el lamento de la letanía final me parecían perfectos para ser adornados por una absurda existencia urbanita.

No obstante las letras, a base de voluntad y trabajo, son uno de los aspectos que más me satisfacen cuando termino una composición. Es agradable comprobar que no caen en saco roto y que se convierten para el auditorio en un aspecto llamativo de Pinocho Detective.

 Como uruguayo empecé por atrás, me fui de cabeza al tema Maracaná ¿saben lo del “maracanazo”?

Claro, de hecho, a raíz del mundial que os llevasteis en Río de Janeiro contra Brasil, se llama “maracanazo” a cualquier gran final de fútbol que pierda el equipo de casa. Muchos años después lo repetisteis y contra vuestra “queridísima” Argentina. Casi nada. En la canción hay que imaginarse en una final en el estadio con 80.000 personas y no sé cuántos millones más pendientes del televisor. El terror de un misántropo.

Otro tema llamativo que ya nombraron es Milana Bonita.

El arreglo es un regalo para cuarteto de cuerda y voces de Rafael Cañete. La historia de la canción lo merecía.

Como si fuera un diario con dedicatoria, refleja el desconsuelo vivido ante la grave enfermedad de alguien que fue, sigue y seguirá siendo muy importante para mí. Se revelaron a modo de premonición unos versos de Pedro Salinas repletos de optimismo que usé justo para el final. Y fue el final que siempre soñamos.

¿Qué otro tema tiene una historia curiosa?

Entre dos luces está dedicada a mi madre, Blanca de apellido, apellido que de modo recurrente suena en la canción, canción casi tan desnuda como yo cuando ella me trajo al mundo. Le gustó, como no podía ser de otra manera, y con esos arreglos de Nacho Camino la terminé de conquistar.

¿Han reflexionado sobre la tan nombrada “crisis” en el panorama musical?

No creo que nosotros lo tengamos tan claro. Aunque está en crisis la industria, no está en crisis la música. No es lo mismo. Ahora la gente joven tiene acceso a casi todo, nosotros de chicos teníamos que ahorrar de la paga para comprar un disco. Un chaval de 14 años hoy puede escuchar la discografía entera de un grupo sin salir de su dormitorio. Pero eso, la creatividad y la música no están en crisis, al contrario. Quizás hay más caos en las vías de comunicación.

A los grupos que ustedes conocen que les ha ido bien, ¿por qué les ha ido bien?

Es un misterio, es como los futbolistas. Pero por ejemplo, podemos hablar de “Maga” que el otro día tocó para 700 personas, ellos han pasado lo más grande, su secreto puede ser, primero que son buenísimos y se lo merecen todo, y que han aguantado 15 años. El caso es que cuando decimos que a alguien le va bien, cuidado, porque ¿a qué nos referimos exactamente? Es ¡que puedas seguir tocando! Que puedas grabar un siguiente disco. Lo que es un triunfo para un indie llega un rapero y se mea de risa.

No sé yo…

Sí es cierto, ha bajado un poco también. Pero el caso es que, para uno meter 500 personas es poco y para otro puede ser la gloria. Y en términos económicos el indie es de risa. Algunos la petan y no pueden dejar sus trabajos. Ser fiel a lo que uno cree es duro, de ahí su valor.

Cuándo miran hacia adelante ¿qué les gustaría que pasara?

Mínimo, estar en algunos eventos. Después de años, pegarse un buen festival estaría muy bien. Tocar con buenos equipos y en buenas condiciones. Supongo que cuando has pasado por ahí, vas a un nuevo disco con otro aire. Te lo crees más, estás más seguro, otro energía.

¿Qué parte vivieron de la vida de una estrella de rock? ¿Cuál les gustaría vivir?

Ninguna. Queremos viajar y dar conciertos en sitios bonitos llenos de gente amable a la que toquemos en lo más hondo. ¿Estrellas? Ya no se viaja mirando las estrellas.

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