Gervasio Iglesias. Producir es un ejercicio de imaginación

Entrevista: Carmen Jiménez // Fotos: Miguel Jiménez

150427_8800_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

Gervasio nos recibe en la terraza de su nueva oficina, instalada en el Teatro Quintero. El edificio entero, con sus azulejos y sus columnas de mármol, se ha convertido en un centro de producción audiovisual y en él están las oficinas de la productora, varias salas de post-producción, el mismo teatro y un café, en esa convivencia que tanto gusta a Gervasio de lo nuevo y lo viejo en Sevilla.

Charlamos con Gervasio poco después de la avalancha de Goyas (La isla mínima recogió 10, entre ellos el de Mejor Película) y poco antes de que comenzara el rodaje de El hombre de las mil caras, dirigida también por Alberto Rodríguez. Después de un 2015 cargado de reconocimiento para su trabajo, Gervasio Iglesias acaba de recoger el Premio RTVA en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Parece que Alberto Rodríguez, Álex Catalán y tú hacéis un equipo irrompible. ¿De cuándo viene esta relación?

Yo de siempre quería hacer cine, pero me parecía que en la vida lo iba a conseguir y me saqué unas oposiciones en TVE de realizador. Allí conocí a Álex Catalán, que le pasaba lo mismo y había entrado en la tele como cámara. Estábamos todo el día hablando de cine y un día se nos acercó un señor que trabajaba allí de toda la vida y nos preguntó: “A vosotros os gusta mucho el cine ¿no?” “Sí, lo que pasa es que estamos aquí porque la tele es lo más parecido, pero vamos…” “A mi hijo también le gusta. Está acabando la carrera, a ver si lo conocéis”. Era el padre de Alberto Rodríguez, que era técnico en TVE.

He oído varias veces lo de la “Generación Cinexín”, ¿qué es exactamente?

Éramos un grupo de gente de varios sitios (de TVE, de la Facultad, etc… ) y La Sirena era nuestro punto de encuentro. Estábamos siempre haciendo cortos, sobre todo videocreaciones experimentales. Un día llegó Alberto (Rodríguez) con una cámara de cine de 16 mm, una Bolex. Era una cámara de TVE que había acabado en un almacén cuando pasaron de trabajar en cine a vídeo; el padre de Alberto se la compró a RTVE, la arregló y se la regaló a su hijo. A Alberto y a Dani Cuberta se les ocurrió que nos juntáramos todos los del grupillo e hiciéramos cada uno un corto en cine; hasta entonces lo habíamos hecho todo en vídeo. La propuesta era hacer cada uno un corto con una sola bobina de tres minutos porque al comprar y revelar en grupo nos salía más barato. Por entonces ya se había organizado la productora Letra M, con Álvaro Alonso y Ana Rosa Diego. Ellos fueron los que coordinaron realmente ese proyecto; el resto hicimos nuestro corto y ayudamos en algunos de los otros.

150427_8841_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

¿Y esos cortos tuvieron algún recorrido?

Todos pensábamos que habíamos hecho una mierda gordísima. Lo estrenamos en el Pabellón de Arquitectura y pensamos que no iba a venir nadie… De pronto vimos allí una cola tremenda. Era tal el bochorno que teníamos que nos quedamos fuera tomando cervezas. Pero la cosa es que tú veías aquello que eran cuarenta y tantos minutos y te descojonabas de risa. Eran muy malos, pero eran muy graciosos.

Después de eso, los de Letra M lo mandaron a Granada, porque entonces estaba empezando un concurso de jóvenes realizadores patrocinado por Canal Plus. Canal Plus, que estaba buscando realizadores nuevos en España, nos compró los derechos para emitirlo. Luego fuimos a Canal Sur, para ver si nos los compraban también y Canal Sur, en su línea, dijo que bueno, pero que no todos (risas).

Todo el dinero que ganamos en premios lo invertimos en un segundo “Cinexín”, al que llamamos “Súper Cinexín”. Ese lo hicimos con la idea de mover los cortos por separado, no pusimos el límite de película y casi todos fueron más largos que en la primera edición. El primer “Cinexín” era muy fresco y con muy poca vergüenza, el segundo fue para demostrar que sabíamos hacerlo técnicamente bien y, de hecho, los cortos por separado tuvieron bastante vida. Alberto (Rodríguez) y Santi (Amodeo) hicieron su primer corto juntos, Prólogo a una historia de carretera, y se incorporaron un montón de actores que no están en el primer “Cinexín”: Álex O’Dogherty, Julián Villagrán, Manolo Solo, Chiqui Carabante…

Al terminar nos dimos cuenta de que habíamos hecho 100 minutos de cine, por tanto pensábamos que podíamos hacer un largo. Alberto y Santi se embarcaron en El Factor Pilgrim y, mientras, Álex Catalán, Mercedes Cantero, mi primo Álvaro y yo montamos LZ. Estaban empezando las ediciones digitales, y vimos claramente que ahí estaba el futuro. Entonces era todavía súper caro y pedimos un préstamo para comprar todo el equipo de edición digital. Nos pasamos un año y pico trabajando a lo bestia: los que teníamos nuestro trabajo seguimos con él y después nos íbamos a la productora.

Antes comentabas que al principio la idea de hacer cine en Sevilla os parecía una quimera. ¿En algún momento os planteabais en esa época iros a Madrid o a Barcelona a tratar de hacerlo?

En ese momento pensábamos: “a ver si alguien consigue alguna vez tener suerte y poder trabajar en una película; y si eso ocurre tendrá que ser en Madrid o Barcelona, que es donde está el cine”. Y recuerdo, lo que conté en los Goya, que éramos todos muy malos pero que a Alberto sí lo veía consiguiendo trabajar en una película. Trabajar en una película tirando cables (risas), eso era lo máximo que podíamos imaginarnos que alguno iba a conseguir. Lo que pasa es que luego nos fuimos haciendo nosotros mismos el camino y empezamos a ver las cosas diferentes. Entonces yo le comenté a Alberto que estaba pensando meterme a productor, que era algo de lo que no sabía nada porque yo era realizador, pero veía que si eso salía bien íbamos a poder contar las historias que queríamos con toda la libertad que quisiéramos. Seguramente si nos hubiéramos ido a Madrid no hubiéramos hecho o todas estas películas, o no las hubiéramos hecho así… No hubiéramos tenido la capacidad de tener nuestros propios proyectos cogidos por las riendas, que era lo que queríamos. Porque sí que lo teníamos muy claro, que esas historias que queríamos contar podían interesar, que merecía la pena apostar.

150427_Dip-2_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

¿Contabais con algún apoyo de las instituciones en Andalucía?

Cuando hicimos el primer “Cinexín” delante llevaba un rótulo que decía: “Esto se ha hecho sin ningún tipo de ayuda de la Junta de Andalucía” porque esa era también nuestra forma de protestar porque había apoyo en otras comunidades y aquí nada. Pero claro, en ese momento ni nos conocía nadie, ni nos hicieron el más mínimo caso. Lo que pasa es que coincidió con que Benito Zambrano hace Solas con Maestranza. Se estrena en el ‘99 y gana el premio del público en la Sección de Panorama de Berlín. Todo ese año gana varios premios y acaba en los Goya del 2000, donde gana cinco premios: director novel, los tres actores, y el guión. Entonces Benito se pone muy beligerante y empieza a dar mucha caña. La administración reaccionó y entonces empezaron con las primeras ayudas. Eso ayudó a todo lo que estaba pasando. O sea, que primero se estaba montando la gente, el colectivo, el empuje y luego se reclamó que tuviéramos las mismas condiciones que en otras comunidades.

En el 98-99 salió una ley europea que obligaba a las televisiones a invertir en cine. Canal Sur no cumplía con esta ley y en el 2004, que ya estábamos muy cabreados porque nadie nos echaba cuenta, le escribimos una carta a Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía. Y para sorpresa nuestra, a los 10 días nos contestó: “Oye, tal día ¿quiénes vais a venir a esta reunión?”

Hasta ese momento lo que había en Andalucía era todo el rollo de las productoras “Pata negra”, todas las que estaban todas alrededor de Canal Sur. Y de pronto el Presidente nos reúne a todos los chavales, sin contar con nadie de Canal Sur… Benito (Zambrano) y yo explicamos la situación. Benito ya era famoso y nosotros no habíamos hecho ni siquiera 7 Vírgenes todavía. Expusimos muy bien las cosas: en Andalucía no hay suficientes ayudas al audiovisual, pero hay tejido para hacerlo y hay profesionales, hemos hecho todo esto, y Canal Sur no cumple con esta ley… Y el tío estaba allí, escuchándonos… Pero lo que le hizo moverse fue lo de siempre: “Mire usted, es que en Cataluña hay y aquí no, y por qué vamos a ser nosotros menos que los catalanes”. Eso siempre le duele a un político y dijo: “Me parece muy bien. Vamos a trabajar. Tú, tú y tú -tenía allí a dos o tres de Cultura- vais preparando algo y nos vemos dentro de un mes”. Y se cumplió. Se cumplió y salió la primera gran orden de ayudas que fue la del 2004.

150427_Dip-1_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

¿Cuál fue el cambio?

Lo más importante, aparte de que la partida económica se incrementó, es que se abrieron varias líneas de ayuda: de desarrollo, de producción, de comercialización… Las ayudas pasaron a tener una visión industrial.

Es verdad que desde la Consejería de Cultura siempre se nos ha escuchado y siempre nos hemos sentado a dialogar y a hacer que las cosas avancen. Incluso durante el peor momento de la crisis -que se cargaron prácticamente todas las ayudas para todos los sectores culturales- nosotros nos sentamos con el consejero y le pusimos los números por delante: “En los últimos cinco años, por cada euro que ha puesto la administración andaluza, nosotros hemos devuelto en impuestos en Andalucía 1,56 euros. Además, como trabajamos en co-producción, cada uno de esos euros se han multiplicado por 5 a través de inversiones de fuera de Andalucía que se han gastado aquí, creando más de 25.000 puestos de trabajo.” Estábamos defendiendo, más allá de la importancia de cuidar la cultura, que este sector es rentable para el ciudadano. Y aunque es verdad que se quitaron líneas de ayuda, se quedaron las esenciales: desarrollo y producción. Hubo menos dinero, pero que se administró de forma inteligente y los autores y las empresas que estaban haciendo cosas pudieron seguir y, lo que es fundamental, se pudo incorporar gente joven, gente nueva. En estos 10 años sí se han conseguido muchas cosas y la generación que empieza ahora, que es muy potente, se está encontrando un panorama mucho mejor que nos lo encontramos nosotros…

¿Y cuál es la situación con Canal Sur?

Con Canal Sur la situación se ha estabilizado, y sí que están apoyando cómo deben apoyar. Pero eso fue después de una gran batalla que tuvimos con ellos hace un par de años durante el Festival de Cine de Sevilla. Nos juntamos todos delante de San Telmo: nos pusimos unas camisetas verdes, sacamos un comunicado, recogimos unas 4.000 firmas entre el mundo de la cultura en Andalucía… La reivindicación era la misma desde el 2001: Canal Sur no destina a producción cultural el dinero que por ley tiene que destinar. Eso lo entendió todo el mundo. Y tocaron a rebato, cambiaron al director y se arregló el tema. Bueno, se arregló pero previamente tuvimos que pasar por el consejo audiovisual, pusimos una demanda y se nos acabó dando la razón. O sea que no fue fácil. Ha sido una lucha.

150427_8848_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

Con los resultados del año pasado tanto en taquilla como en premios del cine andaluz, ¿pasamos a una fase nueva?

Lo bueno de todos estos años es que se han ido dando pasos. Pasos muy sostenidos, con calma. Ha sido un trabajo de ir poco a poco consolidando lo que se estaba haciendo y ha habido varios momentos de salto, de en vez de subir un escalón subir cinco de una vez. El primero fue con Solas y yo creo que ahora pasa con La isla mínima. Pero sería una equivocación muy grande pensar que se ha conseguido todo, porque no, todos estamos en el camino y hay que seguir haciendo. Lo interesante es que a nivel de bancos, sistema financiero, la gente mira al cine andaluz y lo ve como algo interesante donde entrar.

¿Y por qué crees que interesan nuestras historias fuera de aquí?

El idioma universal del cine son los géneros. La gente cuando va a ver una película de género ya sabe a lo que va: lo que quiere es que la historia le sorprenda, pero que responda a la estructura de un género para que le sea reconocible. Si además te las traes a tu cultura específica, a tu comunidad, las estás dotando de un plus. Nosotros estamos contando las historias desde un punto de vista muy particular, un punto de vista que se basa en cómo somos y en la cultura que hemos recibido. Curiosamente, en vez de hacer más pequeñas las películas, las estás haciendo más grandes: les estás dando una personalidad específica y eso despierta aún más la curiosidad del espectador. Las tres últimas películas que hemos estrenado han respondido a ese esquema totalmente. Grupo 7, por ejemplo, cuando se ha vendido en los mercados internacionales, ¿qué era lo que decía el vendedor? “Oye, mírala porque es como The Wire pero en el sur de Europa”. Eso pica la curiosidad, ¿no? Igual de buena que The Wire pero puesta ahí, casi en África. Y lo que pasó es que la veían y la compraban. A día de hoy, las películas andaluzas se han estrenado en salas en más de 120 países. Creo que esa es una característica de esta generación andaluza, que no piensa sólo en Canal Sur o en conseguir resultados inmediatos, sino en hacer productos que se puedan vender en muchos sitios.

¿Y eso es algo que tenías claro desde el comienzo que sería así?

No, nos fuimos dando cuenta al ir trabajando. La primera producción que hicimos nosotros fue un largo documental porque era un presupuesto más restringido que en ese momento podíamos manejar. Y eso fue la historia del underground en Sevilla a finales de los 60 y principios de los 70 y que se llamó Underground, la ciudad del Arco Iris.

150427_8773_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

Esa fue una peli que tú dirigiste, ¿no?

Sí, junto con Santi Amodeo. Nos apetecía mucho contar esa historia y empezamos a moverla aquí en Andalucía para financiarla. No nos hicieron ni caso: “eso no va a ningún lado”, “eso es muy local”, “eso no le interesa a nadie”… Así que nos fuimos a un mercado internacional en Marsella, hicimos un pitching y ahí encontramos financiación. Curiosamente, los primeros que entraron fueron los de la televisión de Cataluña. Teniendo esa financiación de fuera, volvimos aquí y entonces sí encontramos interés. Y es muy curioso porque la peli tiene ya doce años y se sigue vendiendo, la siguen pidiendo de un montón de sitios… Nos dimos cuenta de que si sabes tocar bien los valores universales, pero lo haces aplicado a un sitio concreto que tenga su gancho… Es que se hace mucho más apetecible…

¿De dónde vino el impulso de dejar la realización y enfocarte en la producción?

Estaba viendo que alguien tenía que dar el paso para hacer ese tipo de películas que eran muy, muy arriesgadas y que no había ningún productor que se fiara mucho de lo que iba a pasar. Yo sí veía muy claro que había que hacerlas y veía muy claro con Alberto (Rodríguez) y con Santi (Amodeo) que había que pegar el paso, y lo pegué. Luego pasó otra cosa, cuando empezamos con los cortos a mí lo que se me daba bien eran las cosas así más experimentales, más raritas. Al principio que teníamos 20 años, todos empezamos con eso y ahí, más o menos, colaba. Pero cuando empezamos a hacer cine en serio yo veía a Alberto dirigir y escribir y me decía: “Yo soy muy malo” (muchas risas). Así que decidí tirar para el lado de la producción. Y fue una buena decisión. Como director hubiera podido hacer una peli cada cuatro años, pero como productor hago tres o cuatro proyectos distintos cada año.

Existe la creencia de que el productor no es creativo…

Un productor es muy creativo. Primero, eres el que decide qué proyecto se va a hacer. Segundo, cuando tú decides hacer un proyecto, con suerte hasta que no pasen tres años no lo vas a estrenar. Con lo cual tienes que hacer un gran ejercicio de imaginación de cómo crees que va a estar la sociedad dentro de tres años para que esa película vaya a funcionar. Por otro lado, desde el primer momento estás trabajando el guión con los autores y encargándote de empaquetar el proyecto para que sea coherente, para que no se desvíe del camino. Cada productor funciona de una forma: a mí no me gusta mucho que se note que estoy, pero también es muy fácil con mi equipo porque somos colegas y nos conocemos muy bien. Esa misma manera de hacer la hemos aplicado al día a día de la productora. Tenemos una organización muy horizontal que se basa en que la gente que trabaja aquí es muy responsable y cada uno va a su bola, pero siempre sabiendo a dónde vamos, lo que queremos hacer. Yo creo que de esa forma la gente creativa da cuatro veces más de sí que lo que darían en una estructura más cerrada, más piramidal.

150427_8839_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

¿Cómo empezó la relación con José Antonio Félez?

A raíz de El factor Pilgrim. Esa peli se hizo como el “Cinexín”: se rodó en cine, se volcó a vídeo y con el montaje en vídeo se empezó a buscar un productor para financiar la distribución. Yo me acuerdo que le decía a Alberto: “¿Y si yo me pido un préstamo?”. Y él: “Es que creo que esto no va así, que tienes que saber, conocer a los distribuidores…” (risas). Alberto y Santi se fueron a Madrid y se reunieron con varias productoras y al volver me acuerdo que Alberto dijo: “Vamos a hacerlo con ese hombre porque a ese hombre le gusta el cine”. A partir de ahí, José Antonio produjo El traje y nosotros nos fuimos conociendo más. Él hizo una cosa muy buena: confió en todo el equipo que había aquí. Lo vio claro. Él había hecho ya unas cuantas pelis, entre ellas El Bola, por la que había ganado el Goya. Para nosotros fue como dar de repente cinco pasos hacia delante. Y hasta hoy.

Este año la Gala de los Goya tuvo un marcado acento andaluz, ¿crees que habrá más?

Yo creo que volverá a pasar esto de los Goya y que por fortuna no nos volverá a pasar a nosotros sino a otra gente que vienen por detrás. Una cosa bonita que me pasó en los Goya fue encontrarme con gente que empezaron con el cine en Andalucía y que me contaban cómo cuando llegaron a Madrid hace 10 o 15 años les miraban como gente de segundas. “Un andaluz haciendo cine, esto no puede ser, es un matao, este no tiene ni puta idea”.  Y ahora está pasando lo contrario, que nos llaman porque son equipos artísticos y técnicos muy potentes, que hacen cosas que tienen éxito. Todo ese grupillo que empezamos haciendo cine juntos, ahora están enganchando una película con otra. Eso hace 10 o 15 años era impensable.

Leí que en twitter que decías un día: “La música es maravillosa, cuando la aprecias en todos sus detalles se hace insuperable. Es el mayor y más abstracto invento humano” y me hizo preguntarme que cómo fue que te dedicaste al cine en lugar de a la música.

La música es lo que más me gusta y en mi familia hay muchos músicos, pero yo tengo un oído nefasto (risas). Soy malísimo, así que como con la música no podía y me gustaba el cine desde pequeñito también… Aquí en la productora nos gusta mucho la música a todos. Hay un montón de músicos, y el que no es músico casi seguro que tiene buen oído. Yo, por ejemplo con los montadores siempre antes de contratar a uno intento coincidir en una fiesta a ver qué tal baila, a ver qué ritmillo tiene. Para la imagen hay que tener compás.

El gusanillo que se me quedó de no haberme podido dedicar a la música, seguro que lo estoy matando con los documentales musicales, que hemos producido muchos. Empezamos simplemente porque era un tema que nos interesaba, y al final nos hemos creado una identidad, un sello, y los colocamos bastante bien.

150427_Dip-3_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

¿Cuál sería la peli que tú sueñas hacer?

Tengo muchas ganas de hacer una película de ciencia ficción. Me gustan muchos géneros, pero ese es el que más me gusta y con el que más disfruto. Me lo veo todo: las buenas, las malas, las del canal Sci-Fi…

Yo me encargué de tener nuestra propia sala de efectos especiales para no tener que estar en Madrid con el taxímetro en una sala de postpro. Tengo mi equipo humano y técnico para tener todo el tiempo que necesitemos y más. Todas nuestras películas tienen muchos efectos especiales, que no se notan y que hemos hecho aquí. Tenemos toda la estructura para hacer, por ejemplo, una película como Looper. Ahora estoy leyendo muchas cosas, pero todavía no he encontrado el proyecto que haya visto claro.

¿Cómo ves el tema de la piratería?

Mira, por un lado cuanto más se vea la película, mejor; pero lo chungo es que las generaciones jóvenes se están acostumbrando a que la cultura sea gratis. Y la enseñanza de la cultura debe ser gratis, pero el consumo de productos debe ser sostenible. Y si no pones algo de tu parte, te vas a quedar sin productos porque no se van a poder hacer.

Hay un bar que me coge siempre de camino viniendo para la oficina, el camarero es un señor mayor y el lunes después de los Goya me dice: “Tío, enhorabuena por los Goyas para la peli. Yo soy de allí y estoy deseando verla”. Y le digo: “Ah, sí, pues todavía está en los cines, la puedes ver”. Y me dice: “No, si lo que pasa es que está tardando un montón en bajárseme en el emule, va muy lento”. Ahhhhhh…

A los dos días volví al bar y dice: “Ya la vi, está de puta madre”. Y yo: “Pues nada, estupendo”. Y cuando me fui, digo: “Oye, que hoy me invitas tú a desayunar, ¿no?” Y me mira así cómo “¿Y eso?”. Y digo: “Hombre, te has bajado la película pirata pues por lo menos invítame a desayunar ¿no?”. Y él: “Es verdad, es verdad, es verdad” (risas).

150427_Dip-4_GervasioIglesias_MaasaiMagazine

Si tuvieras que elegir una ciudad, ¿te quedarías con…?

Sevilla. Cuando era joven no me gustaba nada, pero yo ahora me encuentro muy a gusto aquí. Me gusta mucho esa mezcla que lleva 400 años de convivencia de lo más clásico con esa explosión underground creativa que siempre bulle y que sale muchas veces a lo largo de la historia.

Fuera de aquí, La Habana es lo más cercano al paraíso que he encontrado. Estuvimos allí haciendo una película y nos encontrábamos como en casa. Quitando una dictadura de mierda, me iría a vivir sin pensármelo.

Comentarios

comentarios

Tags: , , , , , , , , , , , , ,

No comments yet.

Leave a Reply

171030_200848_QuitinVargas_MaasaiMagazine_MiguelJimenez

El viaje de regreso de Quentin Gas y los Zíngaros

La palabra regresar significa volver al punto de partida, también significa restituir una cosa a su dueño. Hay quien afirma […]

170416_0762_AlejandroMasferrer_MaasaiMagazine_MiguelJimenez

Alejandro Masferrer, “Hace falta gente que entienda lo global”

Hombre orquesta, hombre del Renacimiento, culo inquieto, creativo, diseñador, fundador de la primera peña sevillista de Londres, organizador de fiestas […]

170403_8694_PabloMerchante_MaasaiMagazine_MiguelJimenez

Pablo Merchante, “Desprovisto de todo, empecé a pintar”

No fue la primera, pero sí pulsó mi alerta. Sé que no he vuelto a verla, y posiblemente la imagen […]

170213_4507_MariaPerezHeredia_MaasaiMagazine_MiguelJimenez

María Pérez Heredia: “Leer el Ulises y ver Las Kardashian no son excluyentes”

Tiene 22 años y dos novelas publicadas en las que, como ella misma advierte, no puede disimular su amor por […]

170331_8561_JoseOrtuno_bn_MaasaiMagazine

José Ortuño. Cineasta y polímata.

La polimatía (del griego πολυμαθία, el aprender mucho −de μανθάνω, aprender y πολύ mucho−) es la sabiduría que abarca conocimientos sobre campos diversos de la ciencia y/o las artes. José Ortuño en […]

170213_4613_FernandoAlda_MaasaiMagazine_MiguelJimenez

Fernando Alda. Diferente se nace

A una hora tan torera como las 5 de la tarde, llegamos al estudio de Fernando Alda, situado en una […]