Viaje al planeta Saturno Records

Texto: Joaquín DHoldan // Fotos: Rosa Ponce

Cuando en 1610 Galileo Galilei observó por primera vez a Saturno, pensó que estaba rodeado de grandes lunas. Huygens, 50 años después y con más medios, descubrió con claridad, que se trataba de anillos. Muchas veces sucede esto, de lejos creemos ver algo, pero de cerca es aún mejor. Nacho Valero y Darío García serán […]
Saturno Records

Darío García y Nacho Valero

Cuando en 1610 Galileo Galilei observó por primera vez a Saturno, pensó que estaba rodeado de grandes lunas. Huygens, 50 años después y con más medios, descubrió con claridad, que se trataba de anillos. Muchas veces sucede esto, de lejos creemos ver algo, pero de cerca es aún mejor.

Nacho Valero y Darío García serán los pilotos de la nave con la que viajaremos a Saturno Records, un sello discográfico de Sevilla que edita vinilos, por ejemplo, a grupos de adolescentes australianos que hacen rock de los 60.

Presentar a un sello de estas características parece una historia de ciencia ficción y fantasía, y en efecto, escuchar uno de sus discos es un viaje a otra dimensión.

Y realmente el germen de Saturno Records está muy ligado a la ciencia ficción, porque nosotros teníamos un video club –El gabinete del Doctor Letamendi– en la calle Letamendi (Correduría), dónde éramos especialistas en ciencia ficción, de la vieja.

Que serían las películas de hoy, en presente.

(Risas) Cierto. Pero además lo teníamos todo. La última de Tauromaki, comedia romántica, películas de pandilleo, Los Goonies. Desde el cine más de culto, al más popular y extraño. Y la cosa era tan dura en verano que inventamos “Las noches del gabinete”, un festival donde venía la gente a tocar, pasábamos cortos, documentales. Realmente ese fue el germen del sello, en el video club vendíamos sellos emergentes y de ahí surgió la idea. A raíz de llevar a The Del Shapiros y Pony Bravo, creamos el sello que al principio se llamaba Monterrey (en ese entonces también con David Pareja que ahora con su empresa Meridiana es responsable de la contratación de Pony Bravo, The New Raemon, Sr. Chinarro).

Estuvimos uno o dos años como Monterrey. Al tiempo, un tío de Valencia que tenía una tienda de discos y una discográfica registró el nombre y nos prohibió usarlo. No le hicimos mucho caso pero un día nos llegó un burofax, el tío se lió la manta a la cabeza y dijo “basta”, pero había sido tan torpe que registró la marca a nombre de su entonces novia, que ese año (el 2007) se había transformado en “Ex novia cabreadísima”, que nos conocía por otro lado y le gustaba nuestra propuesta. La tipa quería liarla pero no quisimos meternos (risas).

Nos costaba renunciar porque ya teníamos el camino hecho. Habíamos editado a The Del Shapiros. Hicimos el primer disco de Pony Bravo, un disco buenísimo (“Si bajo de espaldas no me da miedo”), antes les editamos un EP rarísimo con canciones que luego irían en el disco. Gracias a ellos tuvimos un buen comienzo. Lo de “Shapiros” fue bien pero más lento.

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¿Y así llegaron a Saturno?

Así de rápido. Queríamos buscar otro rollo, queríamos meter grupos lejanos. Hacer la apuesta analógica, todo analógico. No solo rollo andaluz o indie, queríamos grabar garage, punk, sonidos de los 60, y todo en vinilo. Renunciamos al otro camino para buscar grupos jóvenes internacionales.

¿Y cómo buscaban los grupos que iban de ese rollo?

Era la época del Myspace que era muy guay, fue poco a poco, la primera red social donde cada uno, hiciera música o no, se hacía un perfil y funcionaba. Era, más que una forma de escuchar música, de relacionarse. Allí hicimos grandes descubrimientos. Gracias a eso fue que conectamos con Australia, o que, con el tiempo, Darío se fuera a vivir un año a San Francisco.

¿Qué piensa una banda australiana cuando la llama Saturno Records?

Les parecía súper extraño. Era el comienzo de las redes sociales, y más extraño era que un sello europeo quisiera editar en vinilo. Ahora hay muchos sellos, pero en ese momento era raro. Al principio nos decían “podemos hacerlo mejor” y nosotros “no, no, nos gusta así, grabado directo del garage de casa”.

Era muy fácil plantear las condiciones. Una vez tardé tres horas en responder un correo sobre un reparto muy justo de los porcentajes y ya me habían enviado otro diciendo “quizás nos hemos colado, nosotros queremos editar ese disco en Europa sin importar cómo”. Para nosotros era un tesoro, el perfil que queríamos, bandas jóvenes americanas o australianas, aunque perdiéramos un poco el contacto con las bandas locales.

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¿Y a esas bandas en su lugar de origen cómo les va?

Nuestros campeones son The frowning clouds una banda muy joven australiana. Cuando empezamos con ellos tenían 14 años, los encontró por Myspace un colega gallego que nos dijo “esto es lo que os mola”, y eran, en efecto, adolescentes haciendo música para adolescentes, chavales de verdad haciendo música auténtica, pero eran tan adolescentes que no sabían ni enviarnos la versión del disco. Al final sacamos un EP con tres temas y un sello gordo de Australia, con un productor gordísimo los descubrió y nosotros, que éramos muy modestos, nos tuvimos que poner a pujar. Y aparecieron más pero yo (Nacho) me puse cabezón y dije “si hay que pagar se paga” porque de verdad creía que iba a funcionar. Y funcionó.

Si de algo estamos contentos es de ellos, nosotros no nos podíamos permitir el trato que arreglamos, fue un apuesta por su música, era el master con un plazo de 4 años para editarlo, ni siquiera de por vida, pero al final lo rentabilizamos, los hemos traídos dos veces de gira y nos hicimos amigos, durante años fueron nuestro estandarte. Y su éxito nos ha permitido editar a más bandas.

Es cierto que eso sucede, una banda de éxito permite que un sello independiente tire de otras bandas, pasó en Uruguay con “El cuarteto de nos”.

¿No son argentinos? Me ha dolido preguntarlo (Risas). A nosotros nos pasó y nos ayudó a enfocar en el estilo que queríamos, por eso no hemos editado casi nada en español y fíjate que llevamos 23 discos, algún EP, una recopilación.

Eso te quería comentar, de la recopilación: la portada es buenísima.

Y eso que soy malísimo con el Photoshop, esa la hice yo pero me pasé horas creando capas y dándole al Control+Z, quedó bien pero sudé sangre. Es un disco que a mi también me gusta porque es un viaje al planeta Saturno. 19 temas, uno de cada disco. Y ahora es uno de los más rentables porque tiene muchas descargas digitales y es todo ganancia.

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Fui directo a un grupo llamado “Tropicalia Negra” pensando que era cumbia en español, pero que va…

¡Es un grupo que hace Punk duro! Y sí, cantan español pero no se les entiende. Les pasa como a nosotros cuando cantamos en inglés. Son un grupo de gente de otras bandas conocidas. Está por ejemplo la cantante de Klaus and Kinski tocando el bajo, son gente de Madrid que formó una banda “punkarra”. Nosotros lo editamos en cinta de casette.

¿Y que tal la venta en cintas?

Regular, no se vende mucho aquí. Las compran mucho los americanos, aquí creo que vendimos tres o cuatro. Y eso que no es caro. Ni el vinilo tampoco, ahora se hacen tantos que el proceso se ha abaratado, hay sellos con 4 o 6 meses de retraso porque las fábricas están a tope, sobre todo una en República Checa que nutre a toda Europa.

Y es cierto que el vinilo da trabajo a más gente, una portada más grande, una ilustración bonita…

Claro y editar en vinilo ahora se ha puesto de moda, hasta las grandes multinacionales lo hacen, y si lo hacen es porque hay demanda. Cada vez más gente descubre que es mucho más guay el vinilo y se compra tocadiscos. El ritual de coger la aguja, esas cosas románticas… Mira si ahora mismo te ofrecen una pastilla de la NASA con el gusto exacto de una lubina con salsa o te ponen un plato con la lubina, seguro que eliges la lubina. El mundo es analógico.

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Nuestra vida es analógica.

Exacto, lo analógico se parece más a nosotros. Además los CD soportan muy mal el paso del tiempo, se hacen polvo, cualquier disco de vinilo de los 50 tiene calidad y ese murmullo en los silencios que le da color y calidez.

¿Además de la edición de su vinilo, cómo siguió la historia de esa primera banda autraliana?

Lo mejor fue la primer gira, que era una locura. Imagínate organizar una gira por Europa de un grupo de adolescentes australianos: siete u ocho países, 40 días, 30 conciertos. Fue el momento cumbre del sello, una historia súper bonita. Estuvimos meses montando la gira, Darío estaba en EE.UU, y yo de día trabajaba de guionista en “Se llama copla” de Canal Sur. De noche organizábamos la gira, por teléfono, chapurreando “inglés australiano” que es muy difícil. Además, al ser tan jóvenes (en ese entonces 18 años recién cumplidos) teníamos que hablar con sus padres, era mucha responsabilidad, pero salió perfecto. Empezamos por Londres, se vinieron sin los instrumentos, que los llevé yo desde Sevilla, con guitarras y un bolso con “merchandaising”. Darío llegó desde EE.UU y se formó un encuentro muy especial, después de años de proyectos, compartir música, hablar desde lejos, mails, Myspace… nos fuimos esa misma noche de fiesta, fue épica.

Además llegamos apadrinados por el gurú de la escena Mod, que estaba alucinado con The frowning clouds, eran como los “Rolling” cuando empezaron, chavales de esa edad escribiendo canciones de amor con la visión de un chaval de esa edad, espontánea, sin contaminar, y tocando así, no como algo estudiado, sino tocando la guitarra de forma ruda porque no sale de otra forma, sin contaminación, eso no tiene precio. En ese circuito Mod, había un festival muy gordo y también apostaron, ese fue el pistoletazo porque pagaron los billetes del grupo. Ahora que ya pasó y son amigos, podemos confesar que en Sevilla (donde supuestamente no podíamos tocar porque había una cláusula que decía que no podíamos tocar en España) hicimos una tocata clandestina un lunes de noche en La Trompeta Verde, hubo gente que viajó de Madrid a escucharlos.

Los “Frowning” ahora tocan en grandes eventos, llegaron muy pronto, el bajista tiene 4 grupos más. Nosotros hicimos el trabajo sucio y ahora están consagradillos, aparecieron sellos americanos que se están llevando los laureles. Pero para nosotros el placer es ese, descubrir un grupo así y gozar de su música.

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Es un poco la sensación: que para ustedes fue un viaje por y para la música.

Es lo que da color a la vida. Siempre nos gustó la música. En la facultad montamos un grupo y como no somos buenos montamos un sello (Risas). Bueno, ahora montamos Los Picoletones. El sello tiene un punto pero tener un grupo así, pero a los 19 años, eso sería la hostia. Al principio íbamos con los grupos (con The Del Shapiros, por ejemplo) los metíamos a todos en dos coches y a la ruta.

¿Proyectan el futuro?

Estamos más “calmaitos”, también más liados pero la idea es seguir sacando discos. Nosotros nacimos en el 2007 en plena crisis y si cuando empezamos hubiéramos tenido el recorrido de ahora disfrutaríamos de cierta solvencia. El sello ahora se autofinancia y esa es la idea, ir vendiendo para ir sacando, aunque no vemos un duro. Nosotros no vendemos más, pero se ha diversificado más.

¿Cómo se consiguen los discos?

Hemos llegado a un punto que sólo vendemos lo que nos pagan, las tiendas que quieren discos, se los damos si nos los pagan. Y también intercambiamos muchos con otras discográficas, con sellos italianos, griegos, americanos, 30 LP por 30 LP, así colocamos títulos y a la vez engrosamos el catálogo. Vendemos muchas descargas digitales en EE.UU, Australia también es potente. Tenemos una distribuidora en Holanda.

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¿Hay alguna discográfica a la que le tengan especial consideración?

Hay uno muy especial Good Bye Boozy Records, un sello italiano que es valioso por el ojo increíble que tiene. Desde el 90 y algo editan undergound, a veces singles, a veces por una sola cara, editan 60 o 100 vinilos en un folio de un color o dos, apenas con un plastiquito y escrito a mano “1 de 60”, son de colección pero han sacado a gente que luego fueron mainstream.

Otros como Burger Records con una actividad impresionante, continua, conciertos, festivales, hacen cintas de casette y ahora venden a niveles increíbles.

En estos años habrán tenido alguna decepción.

Sí… (silencio). No hablemos de ellas. Supongo que pasará en las editoriales con algún escritor que no quiera presentar su libro, nosotros necesitamos gente real, no basta grabar una maravilla.

¿Qué han grabado en español además de los “Pony”?

Los Wallas. Hicimos un acuerdo en un festival (“el Euroyeye”), había una batalla de bandas y el ganador tenía como premio sacar un disco con nosotros y- por suerte y menos mal- ganaron ellos, luego hicimos buenas migas. Pero nos gusta, por ejemplo “Dávila 666” de Latinoamérica, grupos de Argentina, Chile, Perú.

A veces pasa que grupos españoles por cantar en inglés no se entiende. Un colega decía eso de un grupo nuestro, y cuánto más melódico más rompe los oídos. Aunque el del grupo creía que cantaba con el inglés de Mick Jagger. Este colega leía los títulos y se quedaba pensando el significado y nosotros decíamos “tío no lo entiende porque no significa nada, en inglés no tiene ningún sentido”.

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Tendiendo un sello de rock tendrán anécdotas de rock.

Quizás la mayor anécdota es que en cada edición hemos tenido un marrón. No hay ni una perfecta. Somos medio disléxicos, una vez hasta alteramos el orden de las canciones en el primer disco de The Living Eyes, el master, la tapa y la galleta interior tenían un orden distinto en las canciones, si querías seguir el orden era imposible, tuvimos que volver a imprimir todo, cada copia, abrir cada disco… en fin, que tenemos tapas de discos para hacer carpetas.

Otra vez le mandamos todo a un alemán que nos engañó (a nosotros y a otros colegas de sellos del estilo), se quedó con dos discos, y ya estaba anunciado. Los acabamos haciendo por otro lado y luego de editados llegaron los discos, tenemos discos de Living Eyes para cubrir una pared. Pero no falta una errata, hay una canción a más velocidad.

Otra vez trajimos un grupo de psicodelia brasileña…

¿Psicodelia brasileña?

Imagínate, iban vestidos con ropa de los sesenta, pero el caso es que llegaron pasadísmos, ciegos, no podían ni coger la guitarra, tocaban en el Fun Club, los tuvimos que meter a empujones dentro del escenario, no podían mantenerse en pie, dieron un espectáculo, en el mal sentido de la palabra. Queríamos devolver el dinero de las entradas pero la gente no quería, decían “Esto fue increíble”. Pero lo más fuerte vino después, el bajista del grupo, un tal Cayo Sergio, se perdió por Sevilla (Risas). Estuvo una semana desaparecido, y el grupo tenía que seguir la gira, hasta crearon un grupo por redes sociales “buscando a Cayo Sergio”. No se sabía nada, hasta que un tío que había estado en el concierto lo encontró durmiendo casi desnudo arriba de un árbol en el río, dándole de comer a las palomas. Luego supimos que Cayo Sergio estaba en plena época de la esquizofrenia post drogas, este muchacho terminó llevándolo a su casa, lo vistió y le dio de comer, pero Cayo Sergio quería acostarse con su novia. Nos contó que se acostaban a dormir y Cayo Sergio se escurría en el dormitorio y se les metía en la cama (risas). Pero se lo tomaban con humor, lo habían salvado y el tipo sólo decía “mulheres, eu quero mulheres”, una locura. Un sello de Lisboa nos contactó y lo metimos en un bus para esa ciudad, (dónde por lo visto tenía unos familiares) y lo mandamos para allí. Aún hoy en Ebay hay a la venta unas bolsas de plástico que eran “los zapatos de Cayo Sergio”.

Tienen historias para hacer un libro.

O una película.

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Hablando de películas, Darío estabas nominado al Goya a la mejor edición por “Paco De Lucía: La búsqueda” que ganó mejor película documental.

Fue una sorpresa y una alegría. Es algo increíble, sobre todo por la cantidad impresionante de trabajo que tiene atrás.

El hijo de Paco de Lucía te nombró al recoger el premio, hizo referencia a eso: horas de trabajo en el verano de Sevilla.

Es muy cierto, Moyano, (mi socio) y yo nos metimos un curro impresionante. Por suerte él se llevó el Goya a la mejor edición por La isla mínima.

Es muy interesante comprobar que un sello, más que un negocio, es una forma de gestión cultural.

Nosotros empezamos con la idea de editar vinilos con la música que nos gusta con ese motivo. Antes del boom de los vinilos, que ya te digo, no es que vendamos más, pero es cierto que lo teníamos claro. La música y los formatos giran pero tu gusto puede estar en los 60. Nadie se plantea regalar un pen con descargas, entonces lo que al principio era una marcianada, terminó siendo una buena idea, que incluso se puso de moda. Hasta Melendi edita en vinilo.

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¿Que pasará si se escucha un disco de Melendi al revés?

Quizás salga música buena (risas) o se abre un vórtice que nos lleva a otra galaxia. Pero en serio, el otro día en una gran superficie veía: Melendi edita un vinilo, Los Gemeliers editan un libro… ¡¿pero que mierda de mundo es este?!

Dice el escritor cubano José Martí: “Este mundo es horrible, créese otro mundo”.

Por suerte podemos viajar a Saturno sólo con un click:

www.saturnorecords.com

Por Joaquín DHoldan // Fotos: Rosa Ponce

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