Blusa, «Silvio sigue vivo, para bien y para mal»

Texto: Jaime Neira // Fotos: Miguel Jiménez

Como una “rara avis” migratoria, Blusa vuelve a casa con fuerzas renovadas dejando tras de sí una estela de rock instrumental como hacía tiempo que no se divisaba en nuestros cielos, estuve escondido en un árbol observando el vuelo de Blusa, tanto a grandes alturas como cayendo en picado tras una presa despistada, por fin […]

Como una “rara avis” migratoria, Blusa vuelve a casa con fuerzas renovadas dejando tras de sí una estela de rock instrumental como hacía tiempo que no se divisaba en nuestros cielos, estuve escondido en un árbol observando el vuelo de Blusa, tanto a grandes alturas como cayendo en picado tras una presa despistada, por fin pude observarla de cerca,… este es el testimonio.

Veo que ha pasado un tiempo considerable entre vuestro primer “Rotary” y “¡Toca breakbeat, perro!”, es por la máxima “despacito y buena letra”, se debe a cuestiones externas, planteamiento de la banda? Disipadme las dudas por favor…

Sí, hubo un parón por diferentes circunstancias personales. Hemos tenido unos meses en los que nos costaba mucho coincidir y además, la electrónica, que había sido un apoyo hasta entonces, empezó a convertirse en un lastre y nos frenaba mucho a la hora de componer y ensayar. De hecho después de decidir por fin prescindir de ella, las cosas han fluido con mucha más rapidez y naturalidad. Y sí, también pensamos que correr es de cobardes, que ya tenemos una edad.

¿Menos es más?

No siempre. A veces detrás de esta frase (que se escucha mucho últimamente) se esconde cierta pereza. Con tanta simplificación se puede caer en la simpleza. En nuestro caso hemos eliminado la electrónica del E.P. anterior pero más buscando aumentar la libertad a la hora de la composición y el directo, como ya hemos dicho, que el suprimir elementos porque sí. No eran esas palabras las que teníamos en la cabeza aunque sean ciertas en algunos casos. «Rotary» no nos parece ni más ni menos que «¡Toca Breakbeat, perro!», simplemente dos obras diferentes en momentos diferentes.

¿Os habéis sentido bien acogidos en vuestra vuelta, tanto de aceptación popular pero sobre todo por las bandas locales?

Bueno, hasta ahora sólo podemos medir eso por los «me gusta» de Facebook y por las cerca de 70 personas que vinieron al concierto de presentación del disco que dimos junto con Kaufer. Un par de páginas nos han mencionado y algunos amigos de diferentes grupos nos han animado con respecto a la calidad del disco, pero aún es pronto para hablar de la acogida que estamos teniendo. Esperemos que vaya cogiendo fuerza.

¿Cómo os sentís trabajando con Sello Salvaje? ¿Qué dificultades observáis tanto para el sello como para vosotros?

Hasta ahora podemos hablar poco de nuestra relación con el sello. Nosotros hemos hecho el trabajo y la inversión que nos correspondía y ahora que acaba de salir el disco les toca a ellos. En unos meses os contaremos.

Sí es verdad que el hecho de que el sello se interesase por nosotros fue un empujón de ánimo en un momento en el que estábamos algo aletargados. Tomamos algunas decisiones que estaban en el cajón desde hace tiempo y salimos del local a ver qué pasaba ahí fuera. Eso, en principio, sí hay que agradecérselo. Eso y el nombre del single.

Blusa

Observando los títulos de ambos discos, veo que muchas canciones hacen referencia a lugares lejanos, ¿intentáis evocar esos lugares a través de las canciones, o es una simple cuestión estilística?

Queremos dejar abiertas las interpretaciones. Esas palabras no dejan de ser sonidos que nos gustan y pueden evocar ciertos viajes, pero más mentales que físicos, quizás. También tenemos algunas inventadas u otras que nos llegan y encajan con ciertos temas. Es algo que hacemos desde siempre. Al no tener letras ni nadie que las cante, la idea es que sus títulos potencien los lugares a los que queremos llegar con las melodías que tocamos, pero sin concretar demasiado. La verdad es que de algunos de esos sitios no sabemos más que dónde están y no muy exactamente.

Relacionada con la anterior, entiendo vuestras canciones como un viaje en el cual cada paisaje responde a una serie de impresiones y emociones, ¿es más o menos así, o quizás no me tuve que tomar esa segunda taza de café?

Sigue con el café, te hace bien, es exactamente eso.

¿Creéis que en este país para llegar a algo en la música hay que tener una flor en el culo?

Además de flores en el culo hay que tener amigos en la agenda. Hay mucha calidad pudriéndose en los locales de ensayo y que al no pertenecer al circulo social adecuado o no saber qué teclas tocar nunca saldrán a la luz. Este país es igual para todo. Se prima el amiguismo y el favor. Y las horas que se dedican a estrechar lazos e invitar a cervezas son más importantes para el «éxito» que las de trabajo. Es un sistema muy injusto. Por supuesto si nace algo excepcional, terminará despuntando de una manera o de otra, pero cuántos grupos escuchamos y vemos en los carteles que están ahí por lo que todos sabemos que están y cuántos otros muy buenos proyectos desaparecen sin dejar rastro.

Por otro lado, habría que definir qué es «llegar a algo», ¿tocar en un festival?, ¿vivir de la música?. Llevamos juntos divirtiéndonos con esto muchos años. En ese sentido hace tiempo que ya hemos llegado.

Se aprecia en vuestros nuevos temas una mayor rabia, más distorsión, más contundencia, ¿es un giro definitivo?

Es el giro de este disco y ha surgido de una forma natural, al igual que «Rotary» supuso un cambio considerable con respecto a los anteriores trabajos. Tiene mucho que ver el abandono de la electrónica, que nos tenía un poco atados y, después de tanta claqueta, han surgido canciones más rápidas y parecidas a la primera época. De hecho, el disco se cierra con un tema que tiene más de diez años, que nunca se grabó y que, curiosamente, encaja en este conjunto nuevo una vez que lo hemos retomado. No sabemos qué pasará en el futuro, puede incluso que volvamos a recuperar la electrónica, que es algo que no descartamos.

Vuelve el rock y con él los pitillos, lo recibís con los brazos abiertos o quizás os empieza a provocar una cierta sensación de hastío.

Vemos en Sevilla una vuelta al rock más clásico y un boom de bandas y público que reivindican esos orígenes, pero también que se mueven de una forma quizás un poco temerosa en esos esquemas. Nos parece fantástico que estos grupos hagan lo que les gusta y lo hacen realmente bien, pero a nuestro parecer puede pecarse al final de conformismo y falta de una búsqueda y un intento de hacer algo nuevo, y eso creemos que es fundamental. No estamos diciendo que Blusa vaya a inventar nada, pero al menos ese es uno de los objetivos que deben estar siempre presentes a la hora de crear, aunque no se llegue a él. Al final esta ciudad es muy clásica, nos guste o no, y esto termina contaminándolo todo. Incluso en lo referente al rock. A veces, viendo la oferta musical en Sevilla, parece que no existiese otra cosa. Silvio sigue vivo, para bien y para mal.

Sois un grupo pionero y consolidado y habéis entrado en el panorama por una merecida puerta grande, ¿cómo asumís este papel y las expectativas que se están creando?

La verdad es que somos muy realistas con respecto a nuestras expectativas. Después de tantos años, conocemos perfectamente cuáles son nuestras limitaciones y el público tan minoritario al que vamos a llegar. El hecho de no tener voces produce mucho rechazo incluso dentro del mundo de la música y el rock menos comercial. Y la etiqueta de «post rock» también cierra muchas puertas. De repente parece que todo el mundo se puso de acuerdo en que era un estilo muerto justo después de nacer. Es una unanimidad muy extraña y artificial. Parece que cualquier música merece cierto respeto e incluso que Raphael esté en un festival de verano indie es comprensible, pero el post rock no, el post rock es el mal. Se escuchan muchas buenas cosas de grupos que podrían englobarse en este estilo y que huyen de esa etiqueta como del hombre del saco.

De todas formas sí que pensamos que hemos hecho un disco muy bonito e inmediato y que puede gustar a mucha gente. Veremos qué pasa. El tiempo lo dirá.

El video de Facenda da mal rollito, una especie de terror primigenio o apocalíptico, ¿os inunda esa sensación? ¿creéis en los ovnis, o tengo que dejar definitivamente el café?

Nadie nos ha dicho lo del mal rollito… ¿de verdad parece algo terrorífico?. A mí (Curro), que he hecho el vídeo no me gusta particularmente hablar ni explicar las cosas que hago. Me parece que cada uno debe interpretar las cosas a su manera, y esa interpretación es tan válida como la que pueda tener yo. Creo que pasa igual con la música de Blusa. Puede evocar muchas cosas a quien la escuche y que se estropearían si se da todo demasiado mascado. Además me parece que incluso entre nosotros mismos habría diferencias a la hora de hablar sobre qué queremos decir.

De todas formas voy a probar a meterme un poco de cafeína y mirar otra vez el vídeo a ver eso del terror primigenio cómo va, que me ha gustado mucho.

¡Toca breakbeat, perro! Es un nombre genial a la par que original para un disco, supongo que detrás habrá alguna anécdota…

Parece que sí, que ha gustado a la mayoría, aunque alguna crítica nos han hecho. Este grito de guerra viene de hace muchos años, cuando tocábamos tranquilamente en un festival en un pueblo de Sevilla para tres o cuatro aldeanos. De repente vimos como una manada de jóvenes con chándales y peinados cuadriculados se acercaban después de haber dado buena cuenta de una botellona cercana y rodearon el escenario. Entonces teníamos un cantante y fue a él al que le increparon con esta y otras lindezas. También le dijeron «¡Abre los ojos, cocainómano!», pero esto ya nos pareció demasiado como nombre para el disco. Tuvimos que huir de allí. Aunque tenemos que agradecer a ese joven, que ahora será un responsable e integrado padre de familia, la fantástica frase.

Va por ti, señor cani.

Bueno como en la vida, todo tiene su final, no puedo más que recomendaros acudir a un directo de Blusa en cuanto tengáis ocasión, que vaticino será más pronto que tarde.

Blusa lo componen Jorge Marmesat (guitarra), Daniel Barja (guitarra), Curro Molina (bajo) y Antonio Ortiz (percusión).

http://www.sellosalvaje.es/bandas-salvajes/blusa/

Por Jaime Neria // Fotos: Miguel Jiménez

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