Arturo Martin

Arturo Martín

Estuve con Arturo Martín (Madrid, 1979, ilustrador, diseñador gráfico y estrella de la radio digital) en un bar del barrio de La Salle, al final de la Avenida de Miraflores. Salimos de la pomposidad del centro de la ciudad y nos reunimos donde se nota la crisis, donde se cierran los negocios y donde campan a sus anchas los carteles de Se Vende o Se Traspasa. Quedamos en el típico bar de barrio, feo, desangelado, ni siquiera recuerdo el nombre. Pedimos un par de cafés y mientras nos organizamos, un señor pulsa la tecla “Avance” en la máquina tragaperras. No se oyen caer monedas, no ha habido suerte, casi nunca la hay. La televisión está encendida, no tiene volumen pero vomita las imágenes de un programa matutino, de esos que viven de vender morbo y hablan de sucesos escabrosos. Sonreímos, al menos que no nos falte el humor.

Y es que el humor es el vehículo al que se subió Arturo desde niño para pasearse por la vida., y a día de hoy, no se ha bajado. Sus ilustraciones son un fiel reflejo de ello. Comenzó como todos los niños en los ochenta, devorando comics y tebeos de Mortadelo y Filemón, Súper López, aquellos recopilatorios de Súper Humor, incluso algo de Asterix y Obelix o Tintín, aunque a Arturo le pierde lo castizo, el humor español, “esos dibujos europeos tenían el trazo demasiado “fino” para mi, no me llenaban”.

Pero sorprende que su primer recuerdo relacionado con el dibujo no sea él dibujando a cualquiera de estos personajes, me cuenta que recuerda levantarse de madrugada y ver a su padre pintando, pintaba al oleo, acuarela… También un tío suyo pinta, parece que hay genes artísticos en la familia. Le insisto en si recuerda algo en especial que dibujase de pequeño, “creo que el primer recuerdo que tengo fue una historieta que hice con dibujos de Mazinger Z en un cuaderno de cuadros”.

Arturo Martín

 Me puedo imaginar a Arturo como cualquier niño de los ochenta en Sevilla, los de la Generación Naranjito, la tele encendida (la oferta televisiva se limitaba a dos canales), bocadillo de nocilla para merendar y dibujando tirado en el suelo. Van pasando los años, llegan los noventa y los cuadernos de los niños de su edad comienzan a vaciarse de garabatos, superhéroes y viñetas. Los de Arturo no, al contrario, sigue devorando cuadernos, libretas, folios, servilletas e incluso las mesas del instituto, “las mesas del instituto se convirtieron en un buen soporte para plasmar mi creatividad, las limpiadoras aún deben estar maldiciéndome (risas)”. Es en ese momento, cuando se entra en el instituto, cuando el común de los mortales abandona el dibujo. Esa es la gran pregunta para el ilustrador Puño, en qué momento dejamos de hacer algo tan instintivo y natural desde que somos pequeños, en qué momento dejamos de dibujar. En cambio, Arturo no lo deja, a él le ayuda la irrupción del Manga en nuestro país. Dibujar Mortadelos es de niños pequeños pero llegan a España Akira, Bola de Dragón, Sailor Moon… y comienza a fijarse en ese nuevo mundo, “descubrir el manga me hace cambiar el estilo, voy cogiendo más habilidad, pruebo otros registros…” Poco a poco y sin darse cuenta va aprendiendo, va cogiendo oficio a la hora de ilustrar, adquiriendo nuevos estilos, evoluciona mientras va definiendo poco a poco  y casi sin querer, el suyo propio. Y el suyo va de la mano del humor.

ilustraciones arturo martin

Arturo es así, de conversación fácil, burlona, es un encantador de serpientes, una especie de showman. “Yo nunca he tenido una formación clásica o académica en cuanto a ilustración, yo siempre he dibujado lo que me ha dado la gana y siempre sin ninguna pretensión más allá de la de pasármelo bien. Dibujo para divertirme, si dibujo un superhéroe acabo poniéndole su pedazo de paquete, no lo puedo evitar…”

El dibujo refleja su forma de ser “hay gente que dice que es como las estaciones del año, que tienen momento primavera o invierno según su estado de ánimo, yo soy verano todo el rato (risas), soy jovial, alegre… y eso pues se ve en mis ilustraciones.”

Sus ilustraciones están llenas de superhéroes y de situaciones surrealistas, su fuente de inspiración son las horas delante de la televisión que ha pasado a lo largo de su vida. Bebe de las películas de Disney, el cine de acción y aventuras de los ochenta, Spielberg, Star Wars, videojuegos y un largo etcétera. Pero lleva todo eso a su terreno que es la parodia, lo políticamente incorrecto, el sarcasmo y la provocación. Cuando estamos ante una ilustración de Arturo nos podemos encontrar con Dumbo reventado en el suelo porque sus orejas no le sirvieron para volar, a Papa Noel llegando tarde a entregar los regalos porque ha estado de putas o a Michael Knight pillando en la cama al Coche Fantástico con un Transformer.

Nunca tuvo una formación académica pero tampoco se lo planteó, “por aquella época, finales de los noventa apenas existían en Sevilla estudios relacionados o si existían era de manera muy minoritaria, estaba Bellas Artes pero no le veía yo salida profesional”, así que decide seguir el camino establecido y no salirse de la vía, lo “fácil” era acabar el instituto, la Selectividad y hacer una carrera universitaria al uso. Y lo hace, estudia Humanidades. La ilustración sigue siendo un hobby, un disfrute, una evasión. Pero la cabra tira al monte, van pasando los años y sigue dibujando, y la tecnología avanza, y Arturo comienza a probar con la ilustración digital. Poco a poco y de manera autodidacta, aprende a manejar nuevas herramientas, un proceso que culmina en 2009, donde finalmente se plantea la ilustración de una manera profesional y decide estudiar un master en Diseño e Ilustración en la escuela TAI de Madrid. Además de ilustrador, se convierte en diseñador gráfico.

Papa Noel

Y es en 2009 cuando junto a un amigo de toda la vida, Pablo Castellanos, se les ocurre hacer un programa de radio por internet, un podcast. “A Pablo y a mi se nos ocurrió la idea de contar por la radio la mierda que se nos pasaba por la cabeza. Además, después de vivir una temporada juntos, acumulamos una serie de vivencias y anécdotas que no tenían desperdicio. Me considero un poco personaje y aquella temporada compartiendo piso con Pablo fue un despropósito, nos pasó de todo y había que registrarlo de alguna manera, esa era la única pretensión del podcast, pasarlo bien, así nació Gravina82”. Y con esa humildad y sin pretensiones de ningún tipo más allá de las de pasar un buen rato y echar unas risas, salió al aire Gravina82 que hoy cuenta con una legión de seguidores en toda España que conocen las aventuras y desventuras de estos dos descerebrados.

Y Gravina82 se convierte en la plataforma en la que Arturo sigue desarrollando su faceta como ilustrador. Llevan más de cien capítulos, entre programas ordinarios, números especiales y colaboraciones con otros podcast, y para cada capítulo, Arturo elabora una portada que aparece de manera digital para disfrute de todos los seguidores.

También dentro del marco de Gravina82, han creado tres miniseries de animación, The Mortimer Show, Vaya Wapo y La Patata Testículo. Además, en 2012, Pablo y Arturo montan el estudio de diseño OchoyDos Estudio, lo que le permite pagar algunas facturas trabajando no solo como ilustrador sino como diseñador.

Patata Testículo

La Patata Testículo, protagonista de una de las series de animación creada por Arturo Martín para Gravina82

Cuando le pregunto qué quiere ser de mayor lo tiene claro, “quiero hacer una serie de animación. Me encantan las series que se están haciendo desde hace unos años hasta ahora, creo que hay un nivel altísimo, sobre todo dentro del ámbito humorístico. Series como Los Simpsons, Futurama, South Park, que ya son unos clásicos y ahora, Hora de Aventuras, Bob Esponja, Padre de Familia… Son brutales y todo un referente para mi, lo paso en grande. Eso es lo que quiero hacer de mayor, una serie de animación inteligente, subversiva, gamberra, transgresora…”

Abandonamos el bar, el típico bar de barrio, feo, desangelado. Yo se que estoy ante alguien que tiene un talento desbordante y se que, con mucho trabajo, los medios oportunos delante y una pizca de suerte, podría hacer esa serie de animación con la que fantasea. Sólo falta que él mismo se lo crea.

Por Alfonso Barragán // Ilustraciones: Arturo Martín

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