Murdo Ortiz

Murdo Ortiz en Espacio California donde expuso su trabajo Jekura Terminator

Murdo Ortiz, un artista analítico, presumiblemente espiritual, pero con los pies bien puestos sobre el asfalto y la cabeza alta, que se detiene ante los sinsabores de la sociedad. Un artista que actúa desde la pureza y la vivencia, que opina que la creación  artística no se debe transmitir desde la estrategia, la estrategia como factor que encauza el circuito del arte contemporáneo.

“Como decía el maestro Saura. El monstruo verdadero se crea desde la vivencia con el material,  con el formato, con el objeto, sin la necesidad de plasmar algo quimérico u horroroso, solo así se fragua un monstruo. A veces uso el formato roto y sobre él, derramo pintura que se ensalza a sí misma como pintura, sin cubrir el papel por completo. Quiero que la mancha actúe como masa, como masa elaborada dentro del formato, masa corpórea frente a masa etérea. El espacio y el vacío, según el credo taoísta, ya tiene su concepto, y es diferente, yo hablo de masa etérea y masa corpórea porque la mancha en mi trabajo no es un residuo sino una masa elaborada que provoca un impacto visual, una emoción. Se trata de una entidad corpórea. Pinto como terapia, para mantener mi alma en pie y de paso, exorcizar algunos de mis demonios. A la hora de crear me centro sobre todo en la materia y la forma, pero sobre todo en la sustancia”.

Cuando uno observa la obra de Murdo puede tratar de enmarcar su trabajo dentro de los movimientos informalistas o nuevas figuraciones, pero él define su obra como germinal, “es como un germen que se expande, no te planteas nada y vas jugando con la mancha, es el modo en que me siento cómodo y en el que de verdad me sale lo que tengo dentro, y casi siempre son monstruos, fantasmas interiores fruto de una vivencia frente el formato. El informalismo está ahí, de pequeño me topé con un libro sobre la pintura informalista, y conocí a estos pintores antes que a Velázquez”. En su obra también podemos encontrar técnicas del barroco velazquiano o de la pintura tenebrista, caso normal porque dice que lo copia todo porque bebe de todo, incluso del pop.

“El viejo de David Hockney sigue pintando, y va a morir pintando. A mí también me gustaría morir pintando”.

Murdo Ortiz

Cuando se le cuestiona sobre el mercado del arte en Sevilla, Murdo cambia de postura, se retuerce en su silla: «noto que hay un proteccionismo a la escuela sevillana y que esta misma tiene una zanahoria delante llamada institución”. Dice que nunca se enclavaría en ninguna generación: “no me gusta pertenecer a nada, pero sí hay algo y es sincero, con lo que me siento hermanado, que son amigos artistas con los que trabajo: Patricio Hidalgo, Ildefonso Cecilia, Emilio Cerezo, Iván Izquierdo, José Gracia o Pedro Caballero. Creo que los proyectos en colaboración nos permiten dar pasos de gigante”.

Si me preguntas qué haría para cambiar las estructuras del mercado, te diría que no está en mis manos, mi intención simplemente es mantenerme al margen. Me gustaría que existiera más valor para crear proyectos desde lo underground, pero no como una etiqueta más, sino que se notara directamente que estamos fuera de ese mercado dirigido y que no nos interesa. Obviamente presentando un trabajo de calidad, para mi, el arte de calidad son las entrañas vomitadas sobre cualquier soporte, y con la cabeza bien alta proclamar que lo que nos interesa es el arte, el mercado es totalmente ajeno al campo de la expresión artística.

Somos unos cuantos afortunados los que conocemos a fondo su trabajo, y algunos sabemos que también hace ilustración, algo que la mayoría desconoce. «Aparte de decir que lo que me interesa es la pintura como pintura y que la obra tenga entidad propia como tal, alejándose de lo narrativo, esta tiene rasgos de la ilustración, y los títulos dicen mucho, muchas veces son una historia, y el paralelismo que tiene el título con la obra es muy importante. Son irónicos, trabajar desde la ironía es ilustración también. En este momento estoy ilustrando la situación que estamos viviendo, el triunfo de la incompetencia dentro del vergonzoso sistema de este país.

Murdo Ortiz

En “Jekura Terminator” la intención es luchar desde los valores primitivos de la creación, con materiales de bajo coste y la acción del artista sin más, con en el uso de la máscara como objeto mediador y no como algo que tapa otra cosa, la máscara como talismán que une la fantasía con el mundo terrenal. Esos valores primitivos están luchando contra las nuevas tecnologías. No introduzco máquinas en las imágenes, pero creo que se entiende que desde los móviles de última generación a la quimioterapia, los avances tecnológico-industriales te condicionan día a día, el ritmo de vida se basa en la dependencia de una serie de artilugios que al final te hacen más pobre de espíritu. El Jekura Terminator es un paralelismo entre el Jekura, que es el atributo espiritual, y Terminator, que es el hombre máquina”.

En esta exposición es más que evidente el uso de la simbología (a veces simbología de manual, a veces simbología propia inventada) a través de imágenes repetitivas: La tijera como instrumento de tortura, tiene dientes y Murdo la asocia a lo orgánico. «Cuando ves una tijera junto a un estómago, la chirimoya como remedio curativo contra el cáncer, todo habla de una sociedad del malestar con ironía a lo que llamaron la sociedad del bienestar, un gran engaño. Es como una operación, la tijera es un instrumento que te intenta operar pero en realidad te está torturando».

Otro ejemplo es el cántaro «Tanto va el cántaro al río que no tiene sed», es un objeto mediador más, así como las casas que desarrollan un mecanismo de defensa contra los desahucios, pertenecientes a la serie “Abducciones Estratonautas”.

Murdo Ortiz

En su cuento ilustrado «Las últimas gotas de lluvia», cuento que nunca vio la luz, aparece el cántaro, la casa o personas boca abajo. «Se trata de un cuento surrealista, es dar rienda suelta al subconsciente y me gusta que cada uno tome sus propias conclusiones. La figura del animal juega con la desnudez del ser humano, el cordero es la fidelidad, la tranquilidad, es Jesucristo, pero yo lo llevo a un despiece contemporáneo del Mercadona, es un despiece industrial. Podríamos escalonar mis fieras en clases sociales, el cordero es el pueblo, los lobos los políticos. Existe rechazo o burla a la Iglesia, la burguesía, la política y la burocracia, y el triunfo de la incompetencia y la corrupción de estos estamentos».

El color en su obra es algo muy llamativo, pero lo que le interesa es más la materia y la forma. «Un problema que me planteo cuando me acuesto es por qué coño utilizo colores pastel, y creo que lo hago por enamorar la vista, porque yo lo que tengo dentro es un mundo negro donde flotan vísceras, pero no hay nada blando y todo está oscuro, creo que los colores son para eso, para enamorar la vista».

La música es uno de los elementos que más le interesa, primero porque para poder escucharla no tiene que parar de pintar, y por la relación sinestésica que se crea, de ahí que pinte en directo compartiendo escenario con grupos de música. «Me gustaría ilustrar esa música que fue catalogada como peor de la historia, le pasó a Muddy Waters, a quien se le tachó como participe en la creación del peor disco de blues de la historia por la distorsión en los instrumentos, algo por lo que apostaba el sello Chess Records. Ahora, cincuenta años después, resulta que es el mejor disco de blues de la historia, como le pasó al Quijote. También me gustaría ilustrar las Leyendas de Becquer”.

Murdo Ortiz

Murdo tiene muy claro que para cambiar el panorama cultural se deben aunar esfuerzos en la juventud, que hubiese políticos jóvenes que son los que están mamando la realidad mundana y que conocen de lleno las necesidades inmediatas que tiene el ciudadano, y no un político de sesenta años que sobre todo se procura un sueldo vitalicio. «A España lo que le hace falta es un poquito de felicidad, y el arte forma parte importante de esto. Vivimos en la desgana, pones la tele y sales a la calle amargado. Somos hijos de nuestro tiempo, y nos parecemos más a nuestro tiempo que a nuestros padres”.

Un consejo: «Al Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla. Si hay cuatrocientos artistas que se presentan a su Certamen Nacional de Artes Plásticas, que no decidan el premio desierto, porque deja en evidencia que no haya uno digno de 1.500 €, que no estamos hablando de un gran premio. Es una vergüenza porque tira por tierra el trabajo de todos los artistas presentados y además se llevan una gran humillación, porque no veo ninguna razón por la cual se haya declarado el premio desierto a no ser que se hayan quedado sin pasta. A mí me indigna muchísimo y creo que hablo por todos los presentados. A veces entran ganas de tortear a más de uno. Hay que agradecer a los creadores de la página Premio Desierto por su iniciativa y espero que con el tiempo se desvele esta marranería”.

Podemos encontrar un recorrido de su obra en la página www.murdomurdo.blogspot.com.es

Por Jesús Barrera // Fotos e ilustraciones: Murdo Ortiz

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