Monkey Week, «La gran familia del mono»

Texto: Alfonso Barragán // Fotos: Javier Rosa

Lo confieso, nunca había ido al Monkey Week. Espero que sirva en mi defensa que he vivido en el exilio un buen puñado de años. Pero vayámonos a unos meses atrás, allá por el mes de agosto, un amigo me preguntó -¿Vas este año al Monkey? – Pues creo que no. -¿No? Pues no sabes […]

Lo confieso, nunca había ido al Monkey Week. Espero que sirva en mi defensa que he vivido en el exilio un buen puñado de años. Pero vayámonos a unos meses atrás, allá por el mes de agosto, un amigo me preguntó -¿Vas este año al Monkey? – Pues creo que no. -¿No? Pues no sabes lo que te pierdes, aquello es la romería del Rocío de los “modernos”. Yo que tú no me lo perdería. Con una definición como esa, la verdad es que empecé a tener curiosidad.

Es cierto que a lo largo de todos estos años (en el exilio) siempre había escuchado hablar de este festival que se realiza en El Puerto de Santa María. También he de reconocer que, a pesar de que muchos amigos, muchos de ellos músicos, hablaban maravillas de él, no le daba mayor importancia. Un festival de música más de entre todos los que se hacen a lo largo de la geografía de este país, a saber: pulserita, tres días, vaya cartelazo este año, carreras para ver al grupo tal, yo a estos los vi cuando no eran nadie, horas de insomnio, diversión, muchos decibelios, algo de física, bastante de química, resaca y un largo etcétera. Pero, poco a poco, las referencias que iba teniendo sobre este evento no se ajustaban exactamente a lo que todos pensamos, “No es un festival al uso”, “Aquello es una enorme reunión de amigos”, “Casi todas las bandas son emergentes, el cartel es lo de menos”, “Al Monkey se va a hacer business”… Empezaba a tener la mosca detrás de la oreja, ¿qué pasa en el Monkey Week? Además, conforme se acercaba la fecha, fuera a donde fuera, o bien un amigo o un conocido pronunciaba la misma pregunta: ¿Nos vemos en el Monkey este año no? No quedaba otra, había que ir sí o sí.

Vayamos por partes y empecemos por el principio. ¿Qué es el Monkey Week? Se trata de un festival de música que se realiza en El Puerto de Santa María que, como todos sabéis aunque hayáis estudiado la ESO, está en Cádiz. Festival que dura tres días y que no se realiza en un gran recinto sino que se extiende por toda la ciudad. El festival tiene repartidas las actuaciones por salas y bares transformando durante estos días, como dicen sus organizadores, El Puerto de Santa María en “una auténtica ciudad de la música”.

Monkey week

Estuve con Emilio Cascajosa, líder indiscutible de la banda Miraflores, banda culpable de mis últimas pérdidas auditivas con su sobredosis de rabia y decibelios. Nos contó los inicios: Cesar y Jesús Guisado junto con Tali Carreto tenían una revista, la Freek Magazine y a través de ella tenían muchos contactos con discográficas, con productoras, digamos que a nivel cultural tenían muchos enlaces. Decidieron hacer un festival de garaje pequeñito que fue el Freek Fest. Duró 3 años.

Luego derivó en lo que hoy conocemos como el Monkey. La idea era relacionar el concepto de festival con el tema profesional, cosa que no se había hecho nunca, había algo en España pero eran ferias demasiado profesionales. Aquí la intención era hacer algo más distendido y relajado. En el primer Monkey me encargué yo del tema profesional y la respuesta fue brutal, sobre todo eso, a nivel profesional, aquí vino todo Dios.

El entorno de El Puerto que es de puta madre, la playa… la gente lo flipó y el festival se posicionó. De hecho la peña se puso alerta y al año o año medio después del primer festival aquí, el Primavera Sound sacó el Primavera Pro, con lo que ello implica y el potencial económico que tienen. Pero es un aburrimiento total, lo que se vende aquí es la experiencia de El Puerto, la gran familia, la calidez. Fue progresando y ahora mismo a nivel profesional ha crecido bastante, aunque se ha perdido frescura (creo yo). A nivel de público tiene mucho empaque y cada vez va a más.

Cogí el tren, temprano para llegar allí sin agobios, para instalarme, sacar mi acreditación, desayunar y comenzar sin estrés la “Experiencia Monkey”. La verdad es que mis expectativas eran muy altas, iba emocionado, muchos me habían hablado de que se trata del mejor festival de música que se hace en España. Ya en el tren iba haciendo quinielas sobre el destino de muchos de los pasajeros, este va al Monkey y volví a recordar las palabras de aquel amigo, aquello de que era como una romería. Y la verdad es que no le faltaba razón, llámalo romería o peregrinación, tiene todo el sentido, gente de diferentes puntos que se reúne en un lugar en concreto durante unos días, y no solo por diversión, sino que al igual que ha pasado a lo largo de la historia con celebraciones masivas, peregrinaciones y ferias de todo tipo, entre copa y copa, entre baile y baile, entre concierto y concierto, se producen negocios, se firman contratos e incluso muchos encontraran el amor (también habrá separaciones pero seamos positivos y moñas por un rato, love is in the air).

Monkey week

Y es que el Monkey Week no solo es un festival de música donde ver grupos y escuchar música en el Circuito de Showcases, que para quien no lo sepa, los showcases consisten en conciertos cortos donde apenas hay prueba de sonido, con un backline mínimo, batería, guitarra, bajo, ampli… casi a pelo prácticamente. Se trata de conciertos de muestra, tú vas a tocar para que te vea gente. Como decía, esta es una cita donde además se programan jornadas y actividades específicamente diseñadas para los profesionales y músicos, están el Mercado Profesional Monkey Market y las Jornadas Profesionales Monkey Brain compuestas por mesas redondas y talleres.

Una vez instalado, acreditado, desayunado y empapado por una generosa tormenta que cayó a media mañana, fui a uno de los lugares donde se movía parte del cotarro. Me dirigí, gracias al Manual de Supervivencia que dan con la pulsera, hacia las Bodegas Osborne, donde tenían lugar las Jornadas del Monkey Brain y donde se encontraban los diferentes stands de marcas relacionadas con la industria musical. Es la conocida Zona Profesional. Sellos discográficos, tiendas de música, productoras, promotores, otros festivales, empresas culturales… Además se fueron sucediendo conciertos gracias al Escenario Seagram’s y a Los Acústicos de Anís del Mono. Allí estuve con María Gil de LaSUITE que me contaba que: es todo un acierto el realizarlo en El Puerto de Santa María, no todo es Madrid y Barcelona. También es muy gratificante la apuesta que hacen por las bandas que no son conocidas. Personalmente me encanta, es un festival muy gamberro. De hecho el lema del Festival es “Descubre hoy las bandas del mañana”. También pude hablar con David Pareja de Meridiana que nos contó su “experiencia Monkey”: La experiencia siempre es buenísima, por la parte profesional cada vez es mejor, cada vez vienen más profesionales, más festivales, más salas, más marcas, digamos que todo el mercado de la música independiente se cita aquí. Cada año va a más, y eso es importante. Además de los encuentros que se hacen con gente de fuera.

Y es que gracias a la colaboración de Extenda, Agencia Andaluza de Promoción Exterior, se celebró un Focus México que contó con la presencia de diez destacados profesionales de la industria de aquel país y que ha servido para estrechar lazos y vías de negocio. Por otro lado, en colaboración con PICE – Acción Cultural España, se llevó a cabo una misión comercial inversa con la participación de otros diez destacados profesionales internacionales procedentes de territorios como Bélgica, Hungría, Alemania, Inglaterra, Australia, Hong Kong y EE. UU.

Monkey week

Ya lo dice Paco Campano, integrante de la banda Sweathearts from America y autor de los videos promocionales del Festival: lo divertido es estar a las cinco de la mañana en un garito y encontrarte con alguien con quien puedas hacer negocio. Aquí la zona VIP es todo El Puerto.

Pero además de estos datos vayamos a los números, fríos y objetivos números de este festival que se hace en el sur, en una ciudad pequeña, un festival que muchos ni conocéis, un evento cultural. Ojo Cultura, esa cosa que, para algunos, parece que se come a los niños. Me cuentan que en esta última edición ha habido 202 actuaciones en directo, 140 bandas y más de 600 músicos participantes. Luego están las cifras de medios acreditados, número de periodistas, empresas participantes, etcétera que podéis ver aquí si os interesa. Y sobre todo, la nada desdeñable cifra de 4.000 personas por jornada. Ahí es nada. Cuatro mil personitas por jornada, 3 días, no me han pasado cifras contrastadas de lo que puede revertir económicamente en la ciudad pero si hacemos un cálculo de unos 60€ aproximadamente por persona y día, incluyendo alojamiento, comida y vicio legal, haced cuentas, sacad la calculadora de vuestro smartphone preferido y os saldrá una cifra que es una pasada.

Dejemos los números y volvamos a la calle. Tras hablar con gente, amigos, ver algún concierto en las bodegas y después de la generosidad de Magno con sus carajillos y sus cockteles. Tocó el turno de uno de los atractivos de este año. No era otro que la casa que alquilaron Happy Place y Gibson donde hubo conciertos en un entorno maravilloso y donde se creó un ambiente muy especial. Parte de la culpa la tuvieron esos guisos que durante los tres días iban recuperando y devolviendo a la vida a todos los que pasábamos por allí, gloría eterna a esos potajes de garbanzos con pringá y a esas papas a la riojana. Fue aquí, en esta casa donde empecé a comprender el concepto de que el Monkey es una gran familia, todo el mundo está mezclado, puedes acabar en el patio de una casa comiendo un plato de garbanzos con los músicos que acababas de ver tocar hace dos horas en la otra punta de la ciudad. Allí me presentaron a Pedro Perles, autor de la imagen del festival de este año y componente de Perlita, grupo que había visto tocar no-sé-dónde-antes, porque empezaba a perder la noción del tiempo. Le pregunté por su experiencia: como usuario y como artista cada año el Monkey está mejor. Mejor estructurado, mejor planificado, y estos chicos (Tali Carreto y los hermanos Guisado) que tienen coches baratos y les cuesta llegar a fin de mes, me parece que el trabajo que hacen es cada vez más digno. Conciertazos, ambientazo… de repente se para, sonríe, mirada cómplice en el pasillo de aquella casa y dice: … y Ginferno y Mopa, esas son mis palabras.

Monkey week

Ahora que cito a bandas o músicos, destacar a alguno me parece una tontería, evidentemente no pude ver los 202 conciertos, no esperéis una crítica sobre un concierto u otro, además no creo que a nadie le importe. Sobre esto pude hablar con Ángel Carmona, director del programa Hoy empieza todo de Radio3: Este es el único festival en el que nos encanta no conocer a nadie del cartel porque la gracia de esto es preguntarte quienes son estos, sorprenderte con aquellos otros… bueno y el “menudo” que igual no es rollo indie pero está de puta madre. El Monkey nace a partir de una premisa de “lo que pasa en el Monkey se queda en el Monkey”, pero evidentemente no la cumplimos porque luego nosotros vivimos el resto del año de bandas que hemos ido encontrando aquí. Este es el lugar perfecto para poder disfrutar de eso, tomar nota, encontrarte con unos, con otros. Es el único lugar donde todo es “backstage”. Está empezando a tener una entidad muy potente. Lo que sucedía nos encantaba, pero cada año estamos viendo cómo de repente se ha iniciado una competitividad muy atractiva que podemos ver en La Batalla de Bandas, cómo vienen grupos de aquí, de allá. Al final la única pena es que esto se llenará tanto que perderá la esencia de familia que tiene. Otra vez. La enésima vez. La familia. Ya lo dijo Vito Corleone en el Padrino “…un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre”.

Bien, todo es muy bonito, los conciertos, la ciudad, amigos, buena comida. Parece que todo es perfecto y no lo es. En mi charla con Emilio Cascajosa (Miraflores) me contaba algunas lagunas que también le ve al festival: Todos los festivales de este tipo se pasan de oferta, me parece una barbaridad y creo que debería condensarse más y así ofrecer más calidad en muchos aspectos. Lo digo ahora como músico, me parece un punto a revisar. También entiendo que el crecimiento te genera más oferta, más público, más barras, más dinero… entiendo que equilibrar eso es complicado.

Luego hay algo que noto en las bandas, se da mucho el caso de que los grupos no se mueven. Tocan y punto. Y es una pena porque ya que tienes aquí las jornadas, los encuentros… coño vente, busca a quien tengas que buscar, no solo que te vea en el concierto, muévete, o que se mueva tu manager. Ya sé que habrá de todo pero tengo esa sensación. Esto que se monta aquí también es para hacer negocios y a veces se olvidan de eso.

Más datos. En esta edición han participado bandas procedentes de Portugal, Francia, Chile, México, Inglaterra, Austria y Dinamarca. Ahí es nada. También ha habido una apuesta por incluir una programación destinada al flamenco, el Flamonkey, desarrollada en colaboración con el Instituto Andaluz del Flamenco y la Agencia Andaluza de Industrias Culturales y que, según nos contaron sus organizadores, ha provocado el interés programadores internacionales. Y también estaba el Escenario IAJ Desencaja y la final del Circuito Joven Pop Rock de Andalucía, cuyos ganadores fueron Furia y Coppermine. Estos últimos entrevistados por esta casa hace unos meses, nos llamaran visionarios y todo.

Monkey week

La romería siguió su curso durante los tres días, paseos de un lado a otro, conciertos, pocas horas de sueño, muchos amigos, buena comida, buenos vinos, buena música y de todo tipo: pop, rock, blues, electrónica… y agua, porque esta edición estuvo marcada por el mal tiempo, hubo suerte porque teniendo en cuenta la negrura que amenazaba a ratos desde el cielo, poco nos llovió y apenas hubo varios chaparrones que hicieron que se trasladaran y que no se suspendieran algunos conciertos. Eso sí, de lo que nadie me avisó fue de lo dura que es la vuelta, el post-Monkey, no es oro todo lo que reluce.

Para acabar con esta crónica un tanto sui generis de mi experiencia Monkey, no quiero olvidarme de hacer mención a mi gran amigo Fernando Cañas, músico de El Puerto y muy querido en la ciudad, que desgraciadamente falleció unos días antes de realizarse. Me quedé con las ganas de haber vivido esta experiencia con él y haber compartido sus particulares comentarios. Los organizadores del Festival le dedicaron el evento y yo le quiero dedicar este humilde artículo desde esta casa, que también era suya, y mandarle unas palabras allá donde esté: Mierda metal Fernando, qué pedazo de familia más guapa tenéis aquí en El Puerto!

Por Alfonso Barragán // Fotos: Javier Rosa

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