Guim Tió, “Pinto para mí, por placer”

Texto: María Hesse / Alfonso Barragán // Fotos: Miguel Jiménez

Guim Tió, (Barcelona, 1987) pintor barcelonés. Fuimos a cenar con él, al Perro Viejo. Todavía tenía las manos manchadas del taller de pintura que estaba impartiendo en La Galería Roja de Sevilla. Risueño, simpático, buen conversador y abierto. Cuando baja a desayunar al bar en el barrio de La Mina, donde tiene su estudio, nadie […]

Guim Tió

Guim Tió, (Barcelona, 1987) pintor barcelonés. Fuimos a cenar con él, al Perro Viejo. Todavía tenía las manos manchadas del taller de pintura que estaba impartiendo en La Galería Roja de Sevilla. Risueño, simpático, buen conversador y abierto. Cuando baja a desayunar al bar en el barrio de La Mina, donde tiene su estudio, nadie diría que es casi una estrella del rock en Taiwan, y cada vez que expone allí, lo vende todo. Ha pintado de superhéroes a los niños de Ciudad Juárez y llevó a otro nivel las fotos de las modelos de las revistas, convirtiéndolas en seres inquietantes y casi sin alma en un proyecto que le llevó tres años, a golpe de ceras y aguarrás. Desde Barcelona viaja por el mundo gracias a su obra, fue profesor y no tiene miedo en volver a serlo, la pintura es algo que siempre hará y no le asusta dejar de vivir de ella. Simplemente quiere ser feliz y no vivir entre terremotos y huracanes.

Un día cualquiera en la vida de Guim Tió es…

Levantarse un poco tarde, me levanto 9:30-10:00, voy al estudio por la mañana, no suelo pintar por la mañana sino que hago cosas más administrativas, aunque poco últimamente. Como pronto y empiezo a trabajar tipo las 3-4 de la tarde hasta la noche. Esto es un día de trabajo, en Barcelona. Últimamente estoy viajando mucho y este horario no lo sigo mucho, sino que cuando estoy en Barcelona, pinto mucho, por la mañana, por la tarde, aprovechando el tiempo.

Digamos que las musas te visitan por la tarde.

No tiene nada que ver con la inspiración, ni con las musas. Necesito algo de tiempo después de levantarme para empezar a currar. Me da palo ponerme, preparar todo, las pinturas, etc. Me cuesta arrancar, pero una vez que lo hago se me pasan las horas volando.

Vienes de una familia de artistas, pero tardas en decidirte por la pintura.

Mi abuelo y abuela por parte de madre eran pintores. Me gustaba mucho lo que hacía mi abuelo. Por otro lado, mi madre es escritora así que he chupao un poco esa familia cultureta. Hice el bachillerato humanístico, quería hacer magisterio. He sido profesor mucho tiempo de plástica. Luego, convencido por un profesor, hice la prueba de acceso a Bellas Artes.

En Bellas Artes conocí a Conrad (Roset), el primer día vino a pedirme un lápiz, y le dije “no tengo, pero vamos al bar” [risas]. El primer año de Bellas Artes casi lo dejo porque yo no había hecho antes nada, la gente venía con un buen nivel y yo no, solo tenía mis libretas donde dibujaba para pasar el rato. Aquel primer año lo pasé mal y estuve a punto de dejarlo.

Guim Tió

¿Pero lo dejaste o no?

No lo terminé. Me presenté a un concurso nacional en la sala Parés de Barcelona, me cogieron y empezaron a salirme trabajos para galerías. Me pegaba todo el día currando en el estudio y no iba a clase, así que decidí dejarlo. Pero el año pasado, como regalo a mis padres que han invertido mucho en mi educación, la terminé. Me quedaba muy poco y para mis padres era muy importante. Ya sabéis, para ellos es muy importante eso del título. Ahora ya soy “Licenciado en Bellas Artes”, ya tengo mi título firmado por el rey, bueno el título aún no, tengo mi resguardo, pero bien pagado.

En una entrevista decías que sentías que no sabías pintar bien.

Bueno, en aquella entrevista estaba aún con el proyecto de las revistas y lo que yo notaba es que dependía mucho de ese proyecto, ¿sabes el típico grupo al que se le conoce por una canción pero ni siquiera sabes el nombre del disco ni del grupo? Pues así me sentía. El proyecto me gustaba pero me sentía un poco una máquina de hacer churros y notaba que había llegado un punto en el que no aprendía nada. Así que decidí que si dependía de ese proyecto y no sabía pintar, lo dejaba. Me cansé de aquel proyecto cuando vi que era muy fácil para mí y no aprendía nada. Las galerías se enfadaron un poco y ahora estoy volviendo un poco a aprender a pintar, llevo más o menos un año pintando de nuevo al óleo, veo que sale lo que quiero, así que esa pregunta te la cambio, veo que sí, que empiezo a saber pintar [risas].

Pero sí que tienes y has conseguido un lenguaje propio, un estilo. Algo que no es nada fácil y que todos buscan.

Sí, es muy importante encontrar tu estilo. Ves un Ricardo Cavolo y sabes que es un Ricardo Cavolo, un Conrad Roset, hablo de estos porque sé que los habéis entrevistado. ¿Y cómo se hace eso? Probando mucho y trabajando mucho. La pintura no tiene secretos, es una extensión de ti mismo, si vas trabajando y trabajando coges unos tics que al final definen tu estilo, y sí, mi estilo es muy marcado, creo que cuando se ve una obra mía, se reconoce.

Guim Tió

¿Cómo ha sido ese camino?

Vas llegando. Viendo dibujos de hace mucho tiempo, me di cuenta que hay tics que empezaban a aparecer. Dibujar la nariz por ejemplo. En una conferencia que di para Behance, expliqué los referentes de los que me he ido “copiando”. Hay un retrato de Matisse, por ejemplo, el retrato de La línea verde. Es un retrato con una línea verde en la nariz, es una obra que me encanta y lo de la nariz es una cosa de composición, una cara es demasiado grande del mismo color y así, con la nariz de otro color, rompo la composición para darle más vida. Quizá se lo deba a él (Matisse). Hay una conferencia muy buena, que está por internet, del ilustrador Puño que dice “copia mucho, pero copia bien”.

Ahora se te reconoce, has conseguido tu lenguaje, tu estilo. ¿Sigues investigando?

La verdad es que yo pinto por placer, no por vivir de esto, y es una suerte que pueda vivir de ello. Que dure. Pero insisto que yo pinto porque me gusta y en el momento en el que ya no disfruto, pruebo otra cosa. Por eso creo que me renuevo, por eso he vuelto al óleo. Por ejemplo, hace unos meses tuve una exposición en Taiwan y quería pintar algo más realista. No sabía si iba a funcionar porque, primero de todo, pinto para mí. Al final tuve la suerte de que funcionó.

Sí que es cierto que, sobre todo hoy día, en el que estás tan expuesto con las redes y tal, te vienen crisis de “¿va a gustar o no va gustar?, vives de esto, tienes que pagar alquileres…”. Me pasó una vez que me dio un poco de ansiedad porque había terminado el proyecto de las revistas y no sabía bien por donde tirar. Un amigo me dijo que no pasaba nada, que si no salía bien pues que volviera a ser profesor, que siéndolo era feliz y siempre podría pintar de todos modos. Así que esa presión me la he quitado, si no puedo vivir de esto no pasa nada, porque no voy a dejar de pintar, ahora mismo es un chollo, a ver cuánto dura.

Viendo tu obra, son reconocibles tus personajes porque parecen rostros sin alma, vacíos.

Eso era algo muy buscado en el proyecto de las revistas. En las revistas de moda normalmente la modelo es muy inexpresiva y casi no tiene importancia, por una cuestión de que están vendiendo un producto, no la modelo, que está buena pero es secundario. Esos ojos sí que fueron durante mucho tiempo mi sello, esos ojos son Guim Tió, pero en realidad, se usan en el arte africano desde hace un montón de años. Me gustó mucho, lo repetí y creé un estilo, los ojos, la nariz y el cuello alto. El ojo redondo lo he dejado de hacer porque sentía que era muy esclavo de ello, pero la mirada sí que es lo importante, para mí y para cualquiera que hace retratos.

Yo soy un poquito oscuro, en mi pintura claro (risas), y sí es cierto que mis ojos son bastante inexpresivos, sobre todo en el proyecto de las revistas que era algo muy premeditado, y hacer eso durante tanto tiempo supongo que me ha calado, aunque me haya pasado al óleo. Las miradas siguen siendo tristes, pensativas, me gusta que el espectador se sienta observado, aquello del observador observado. Me gusta que pueda ser inquietante o incluso agresivo, que incomode al espectador.

Guim Tió

Tu paleta de colores también es bastante reconocible.

Siempre he dicho que el color es lo importante de mi trabajo pero el otro día escuchando a Aryz, decía que a qué pintor no le interesa el color [risas]. Es obvio. El trabajo de composición, de psicología del color sí que lo hago. Al pasar de las revistas al óleo, la paleta me ayuda mucho a que se siga viendo que soy yo. El tener una paleta cerrada me ayuda mucho, yo tengo en el estudio una especie de chuletas, unos papelitos por ahí pegados donde tengo apuntado: tal color funciona bien con este otro. Hay un interés en eso porque es mi materia prima. Ahora me he comprado unos colores muy caros y he descubierto que hasta ahora estaba pintando con mierdas (risas). Cada bote cuesta 40€ y yo decía, “cómo puede ser”, pero es que hay una diferencia brutal.

Con las revistas intervenías fotografías pero también has “intervenido” a algunos amigos pintándoles las caras. ¿Se trataba de un proyecto o una especie de juego?

Era un proyecto que tenía con Tanit Plana, una fotógrafa catalana. Buscaba pasar de la pintura a la realidad, me apetecía probar una cosa así. Tenía a una persona profesional que hacía maquillaje y ella se convertía en mi mano. Yo la iba dirigiendo y ella iba “pintando”. Teníamos este proyecto que quedó interrumpido por el embarazo de Tanit pero que no hemos conseguido recuperar todavía por unos motivos u otros.

Tu obra se expone en una infinidad de países, cuéntanos esa experiencia. Tienes permiso para darnos envidia.

Guim ha expuesto su obra por todo el mundo, Australia, Korea, Hong-Kong, Jordania, Marruecos, diferentes países de Europa, México, Canadá, EE.UU…

Yo voy siempre a mis exposiciones. Si la galería quiere hacer una expo individual mía, voy. Ya he tomado esa decisión porque necesito ver el espacio, saber cómo voy a montar los cuadros, etc. Al principio me daba palo pedir que me pagaran la estancia y el viaje, aquí en España parece algo raro pero fuera es de lo más normal. Cuando fui a Taiwan pedí que me pagaran viaje y estancia y se extrañaban casi de que lo preguntara, porque ellos ya lo daban por hecho. Así que desde entonces viajo y si no, pues no hago la expo.

En Italia, en Parma, fui a una expo y acabé pintando una casa okupa. De ahí me salió la oportunidad de ir a México a pintar un mural. Esto demuestra que siempre es bueno salir de la zona de confort para que la gente te conozca.

Guim Tió

Aquel primer día en Bellas Artes, cuando conociste a Conrad Roset, ¿te imaginabas, en el mejor de tus sueños, que ibas a recorrer el mundo gracias a tu pintura?

Para nada, nunca había pensado que podía existir esta posibilidad de vida. De hecho en Bellas Artes tampoco te la cuentan, al menos en Barcelona no. Allí te cuentan cómo vender un producto, para ellos es todo arte abstracto, arte conceptual, video-arte… y cuando sales, te das cuenta que no, que se pueden hacer logos, que puedes hacer portadas de libros, incluso tatuajes, que puedes hacer mil cosas y que, con mucho trabajo, puedes vivir de ello.

Cuéntanos la experiencia de hacer el cartel para la película Blancanieves, de Pablo Berger. ¿Cómo fue trabajar en grupo?

Guim Tió junto con Conrad Roset y Jordi Rins realizaron el cartel de la película Blancanieves de Pablo Berger, película ganadora de 10 premios Goya.

Jordi había realizado el cartel fotográfico y surgió la oportunidad de realizar el cartel artístico. Fue una experiencia muy bonita.

En cuanto a trabajar conjuntamente, con Conrad lo hemos intentado muchas veces. Esa fue la primera vez y ahora en Marzo haremos una exposición conjunta en Italia donde estamos pintando los mismos cuadros juntos. Estamos trabajando en mi estudio haciendo esto. Pienso que con Conrad me compenetro muy bien, siempre digo que él es lo bello y yo lo siniestro. Nos copiamos mucho el uno al otro. Es divertidísimo, a cuatro manos, cada uno va haciendo sus cosas, yo le tapo lo que ha hecho antes, le sorprendo, para bien y para mal [risas]. Y no es que él haga la línea y yo luego lo pinte, es un proceso diferente. Además no tenemos los egos muy subidos y hay mucha guasa:
“¿Qué mierdas has hecho? Has tapado eso, estaba guapo”.
—“Era muy oscuro”.
—“Es que tú eres un moñas”.
Así todo el día [risas].

Somos muy críticos el uno con el otro, pero de manera constructiva. Hay mucha gente que siempre dice que está de puta madre lo que hago. Yo a esa gente no le echo cuenta porque no me vale de nada. A veces nos hacemos caso, otras no.

Guim Tió

Ahora ya no compartes estudio. Te has ido a uno tú solo.

El estudio donde estaba era muy bonito, muy limpio, muy “sueco”. Y yo no podía ensuciar, guarrear, era todo de madera, parquet… Tenía una mesa muy grande para ensuciar pero era como la bestia negra del estudio: —“Mira cómo lo tienes, lo ensucias todo”. —“Es que yo soy pintor” [risas]. Así que pillé otro espacio gracias a un estudio de arte contemporáneo, donde me lo ofrecieron y lo pago a cambio de obra. Allí estoy solo, es muy grande, estoy feliz guarreando todo lo que quiera.

El nuevo estudio de Guim se encuentra en el barrio de La Mina, se trata de un barrio muy humilde, creado a finales de los años 60 fruto del realojamiento de diferentes grupos de población, es la cara B de Barcelona, no lo encontrarás en las guías de viaje.

El estudio está en el barrio de La Mina. Allí soy feliz, me gusta bajar al bar, hacerme amigo de la gente del barrio. Allí la gente es muy abierta, y eso no te pasa en otros sitios como Sarriá, por ejemplo. Siempre comento que cuando estoy en el bar, allí en La Mina, todo el mundo que entra te dice “que aproveche” y ese gesto a mí me gusta. Esto en Barcelona no es tan normal.

¿Has hecho algún tipo de colaboración en el barrio? ¿Te apetece algo así?

Me apetece, aunque aún no he hecho nada en el barrio. En cambio, he hecho esto en Ciudad Juárez. Allí hay mucho que hacer, está considerada la ciudad más peligrosa del mundo y estoy con un proyecto de fotografía y pintura. He ido dos veces, vuelvo en Mayo un mes entero y ya soy como de allá. Es mi proyecto más social, no gano nada de dinero. La primera vez me llamaron por si quería hacer un taller con los niños en el barrio de Napra, que es el barrio donde vivían los narcotraficantes.

Preparé un proyecto que se llamaba “Los héroes de Ciudad Juárez” que son los niños pero con poderes de verdad, del tipo qué puedes hacer para ayudar a tu comunidad. Allí los niños quieren ser narcotraficantes y las niñas quieren ser la mujer del narco. Hice este proyecto que iba de dibujar a cada niño como un superhéroe. El proyecto también consistía en que un fotógrafo mexicano estuviera durante el proceso y luego viniese a Barcelona, que hubiera un trasvase, que fuese de ida y vuelta. La experiencia fue buenísima, si has sido profesor como yo, es muy fácil ganarte a los gamberros, mi truco estaba en usar la palabra “coger” que para ellos es “follar”. Los ibas picando con eso y te los ganabas.

Eso sí, al volver y ver las fotos de todo, me di cuenta que no había contado realmente lo que pasa allí. Que al final eran fotos de niños pintados como superhéroes pero que no contaba nada. Era como que había ido, había hecho mi mierda, pero de cara a la galería, sin profundizar, sin casi aportar nada. Así que ahora vuelvo pero he cambiado el proyecto, iré con una fotógrafa: Berta Vicente. Me gusta colaborar y trabajar con gente, yo soy pintor y fotos no sé hacer, puedo hacer fotos pero conseguiría un 6 y yo quiero un 10.

Guim Tió

¿Hacia donde te gustaría dirigir tu carrera?

Este año ya lo tengo todo programado. Voy a la Feria de Arte de Madrid, luego a Parma, en Abril hago un mural en Sarajevo, ya que Barcelona y Sarajevo son ciudades hermanadas desde la guerra de los Balcanes. He ido varias veces a Sarajevo a trabajar ayudando en los campos de refugiados. En Mayo voy a Ciudad Juárez y en Agosto me voy a Australia, donde tengo una expo individual.

Y sobre hacia donde quiero dirigir mi carrera. Te voy a decir lo que creo que va a ocurrir y lo que sueño. Siempre que pienso en futuro me agobio porque considero que me va bien, que soy un superviviente económicamente. Pensar en montar una familia no me cuadra, no pienso en el futuro directamente, sobre todo con la que está cayendo. Soñando, pienso en que esto se alargue, que dure y a medida que tenga más gastos que los pueda cubrir.

Barcelona.

A mí me encanta Barcelona. Yo ahora tengo la suerte de poder viajar, Barcelona se ha convertido en el lugar en el que vuelvo a casa. Es sinónimo de descanso, el lugar donde pinto y con eso me puedo ir fuera.

Y ahora que te mueves tanto por el mundo, si volvemos a soñar, dinos tu ciudad ideal.

Me la voy a inventar. Me quedo con la educación y el respeto de Taiwan, allí las bicis no se atan, el casco de la moto no se ata y no te lo quitan. Me quedo con el sentido del humor del sur, ya sea España o México, y me quedaría con el horario inglés, esta gente lo tiene muy bien pensado, se van de fiesta a las 6 de la tarde y aunque te pilles una cogorza puedes levantarte temprano y currar. Aquí somos idiotas, nos vamos de farra a la una de la mañana, luego a ver quien es el listo que se levanta temprano y aprovecha el día (risas). Y eso sí, esa ciudad inventada tiene que estar situada en España por una cuestión de que no hay terremotos ni huracanes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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